Recorrer los casi 180 que separan Burgos y León es adentrarse en el mismo corazón de la comunidad autónoma de Castilla y León, un territorio que tiene esas dos almas que aparecen en el topónimo: la castellana y la leonesa. Y ambas están perfectamente reflejadas en dos ciudades de visita imperdible para los amantes de la historia y también del buen (y contundente) comer.
Comienza el viaje: Burgos
La carta de presentación de la ciudad burgalesa es su icónica Catedral de Santa María. De alguna forma se puede decir que es el templo gótico por antonomasia en España. Su construcción arrancó allá por el siglo XIII y desde entonces sigue maravillando a todo aquel que admira este colosal conjunto de ojivas, bóvedas de crucería, arbotantes, rosetones, esculturas y pináculos. Solo por verlo por fuera merece la pena el viaje a Burgos. Pero desde luego también hay que cruzar el umbral de su puerta y disfrutar de su interior.

No obstante, no acaba aquí la nómina de monumentos de Burgos a visitar. Tampoco hay que perderse el Monasterio de las Huelgas al que se llega tras un agradable paseo junto al río Arlanzón. Al igual que hay que acercarse hasta la Cartuja de Miraflores, algo más alejada del centro. Por cierto, en el centro hay que pasar bajo el Arco de Santa María, así como darse un garbeo por la plaza Mayor y la de la Libertad.
Además nadie debería olvidarse de entrar al Museo de la Evolución Humana. Toda una lección sobre lo qué somos y de dónde venimos gracias a los hallazgos encontrados en el célebre yacimiento de Atapuerca ubicado a unos kilómetros de la ciduad. Y tras esa visita, hay que volver a cruzar el río Arlanzón para dos cosas. La primera acercarse hasta la escultura del Cid y después empaparse del atardecer en el Paseo del Espolón. Una estupenda despedida antes de proseguir viaje.
Los Campos de Castilla
Una buena guía de viaje para realizar este trayecto entre Burgos y León son los versos de don Antonio Machado. En especial de su obra Campos de Castilla. El trayecto entre las dos ciudades todavía hoy plasma muchas de las sensaciones y paisajes que contempló el poeta sevillano, sobre todo cuando se trata de descubrir la planicie de la Meseta y los inmensos campos de cereal que convirtieron a Castilla en un grandiosa despensa.

Tanto trigo se cultivaba aquí que no podían consumirlo los lugareños, así que lo tenían que exportar. Pero esa tarea no era fácil, igual que no era sencillo disponer de otro tipo de productos en estas tierras. Por eso se construyó el Canal de Castilla que pretendía llegar al mar. No lo logró, pero todavía se mantiene esta infraestructura hidráulica que es uno de los atractivos a conocer durante este viaje entre Burgos y León.
Un buen sitio para hacerlo es la localidad de Melgar de Fernamental. Ahí no solo se disfruta del paisaje y de monumentos tan rotundos como su antiguo Ayuntamiento renacentista o su iglesia de la Asunción de dimensiones catedralicias. Además hay que acercarse a caminar junto al Canal de Castilla. E incluso es posible navegar por él en un barco turístico.

Eso también se puede hacer en la población palentina de Frómista. Hay desviarse unos kilómetros del camino más recto entre Burgos y León. Pero merece la pena hacerlo para descubrir su iglesia de San Martín integrada en el Camino de Santiago y de paso admirar la cuádruple esclusa del Canal de Castilla que salva un gran desnivel en el terreno.
Mientras que otra parada muy recomendable en este itinerario es la población de Sahagún, ya en la provincia de León. Esta población también forma parte del Camino Jacobeo a su paso por la Meseta, pero a diferencia de otros lugares caracterizados pro la piedra y los artes románico y gótico, en Sahagún llaman la atención sus distintos templos construidos con el ladrilla como material principal y el estilo mudéjar como gran inspiración artística.
Fin de viaje: León
En total, con paradas y algún que otro desvío, el viaje a León desde Burgos se prologna durante poco más de 200 kilómetros. Una distancia que parece un suspiro gracias a los diversos atractivos vistos durante el camino. Y el remate al trayecto no puede ser más espectacular. Ni más ni menos que León, una ciudad con un patrimonio sencillamente abrumador.
Lo tiene de todas las épocas. Desde la arquitectura romana y medieval de sus murallas hasta el arte más actual del MUSAC, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y Léon, pasando por las formas renacentistas y barrocas de su armoniosa plaza Mayor o el arte modernista del deslumbrante Antoni Gaudí que aquí construyó la famosa Casa Botines.

No obstante, si hay un monumento en León que destaca sobre el resto es su Catedral de Santa María de la Regla. Junto a la de Burgos, los dos más grandes ejemplos de arte gótico de estilo francés en España. Y si en el caso del templo burgalés llama la atención por la belleza que alcanzan sus formas pétreas, en la leonesa lo que le confiere una personalidad única son sus vidrieras, capaces bañar de una luz mágica todo el templo.
Al igual que en el inicio del viaje, este templo merece por sí solo la experiencia. Y los miles de peregrinos que pasan por León no se lo pierden. Al igual que no lo hacen los simples turistas. Unos y otros se maravillan con esta joya de hace casi 800 años de historia. Y también unos y otros, peregrinos y turistas, se juntan con los locales para recorrer el Barrio Húmedo. Un fabuloso entramado de calles, repletas de bares y restaurantes para llevarse el mejor sabor de boca posible con este recorrido por el corazón de la comunidad de Castilla y León.











