Los atractivos naturales y monumentales de la comarca de El Maestrazgo son tan numerosos como a veces desconocidos para los propios aragoneses. Ahí se pueden visitar lugares tan ricos en patrimonio como Cantavieja o La Iglesuela del Cid, así como conjuntos tan pintorescos como Mirambel o Miravete de la Sierra. Por no mencionar la infinidad de senderos y rutas que se adentran por los bosques y ríos que proporcionan toda su riqueza natural a esta zona de Teruel.
De hecho en este aspecto es tan rico el patrimonio natural de la comarca que dentro de su superficie hay hasta cuatro espacios protegidos que cuentan con la categoría Monumento Natural, un grado de protección que otorga el Gobierno de Aragón. Esos cuatro espacios son los Órganos de Montoro, la Grutas de Cristal de Molinos, el Puente Natural de la Fonseca y el Nacimiento del río Pitarque. De este último enclave, vamos a hablar a continuación.

Lo primero que hay que decir es que el rio Pitarque no nace en esta localidad, sino en la vecina Fortanete. Pero ahí tan solo es un pequeño arroyo de agua que de pronto se filtra en el subsuelo y desaparece bajo este terreno kárstico. Y esas aguas no vuelven a surgir hasta lo que hoy se conoce como Monumento Natural.
Tras ese corto itinerario subterráneo, el caudal mana en varias surgencias naturales para crear, ahora sí, un cauce de entidad. Todo ocurre en un paraje rocoso donde están los conocidos como “Ojo de la Fuente”, “La Chimenea o el “Ojal de los Planos”. Son varias las oquedades en la roca por las que reaparece el agua en mayor o menor medida. Contemplar como de la tierra mana el líquido en cantidades más que reseñables es todo un show natural, sobre todo tras los deshielos o los periodos más lluviosos.
Si bien los calores del estío, no son los más propicios para apreciar en toda su intensidad este peculiar “renacimiento” del río Pitarque, lo cierto es que tanto el paraje como todo el camino que hay que recorrer para llegar hasta él, proporciona una sensación de frescor muy deseada en las fechas veraniegas.
Para hacer este sendero hay que llegar hasta el propio núcleo de Pitarque. Desde ahí la señalización indica perfectamente la ruta a seguir. En total van a ser 10 kilómetros entre ida y vuelta, y va a merecer la pena hasta el último centímetro de ese recorrido.

La primera parte se inicia desde casco urbano de Pitarque para emprender la subida hasta la ermita de la Virgen de la Peña. Pero no hay que asustarse, ya que se trata de un ascenso bastante llevadero y la recompensa es que tras llegar al templo, pronto el camino se va a adentrar en el cañón fluvial. De manera que la caminata casi siempre discurre protegidos por la sombra y con la frescura del agua a un lado. Casi sin darse uno cuenta, caminando entre bojes, avellanos o rebollos se alcanza el nacimiento en sí.
También durante el camino llama la atención en las alturas la cima de Peñarrubia. Al igual que es imposible no irse fijando en las caprichosas formas del roquedo que flanquea ella senda. Es interesante llevar un calzado apropiado para hacer este camino de montaña, además de agua y algo que picar para recuperar fuerzas.
Pero sobre todo es muy interesante llevar unos pequeños prismáticos para avistar un sinfín de aves que sobrevuelan el paraje. En especial las rapaces. Lo más habitual es ver los buitres leonados. Aunque tampoco hay que sorprenderse si de pronto se ven en los cielos de la zona el plumaje blanco de un alimoche o las siluetas del águila real y la aguililla calzada. Y la experiencia ya será completa si se logra ver al halcón peregrino cazando a velocidades vertiginosas.

No obstante no toda la fauna destacada se aprecia volando. Si se camina en silencio y con atención, es posible descubrir cabras montesas saltando de roca en roca. En especial en horas de la tarde o muy temprano cuando tal vez bajen a beber al río.
En definitiva, que la excursión hasta el Nacimiento del río Pitarque en Teruel es una actividad que todo aquel amante de la naturaleza debería realizar. Con la ventaja de que el aspecto de este paraje es diferente en cada época del año, por lo que si se conoce este verano, se deseará retornar para disfrutarlo con los colores del otoño o la efervescencia de los meses de primavera.










