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25 enero 2026

Sayuri Pompa Fujimura: “El Museo de Zaragoza tiene una de las colecciones de arte japonés más importantes y amplias de España”

Las obras de remodelación del Museo de Zaragoza en la plaza de los Sitios hacen que permanezca cerrado al público desde hace meses, pero eso no significa que la actividad haya cesado en esta institución cultural. Gran parte de su personal sigue trabajando en tareas diarias que son desconocidas para el gran público. Así ocurre con los trabajos de conservación y restauración de las joyas artísticas que guarda el museo. Y precisamente realizando este tipo de funciones encontramos a Sayuri Pompa Fujimura.

Sayuri, antes de nada, eres conservadora y restauradora del patrimonio. Explícanos cuál es la diferencia.

Se conoce más la restauración, que es el trabajo de intervenir sobre la obra para recuperar los colores, los materiales o las formas en mal estado. Pero ese es el último paso. Es mejor actuar en la conservación que sirve para prevenir los daños. Por ejemplo haciendo un plan para controlar el ambiente, la temperatura, la luz o la humedad relativa del lugar donde se expone o se almacena una obra. Es lo que llamamos conservación preventiva. Pero no es la única. También quitarle el polvo de vez en cuando a un cuadro es conservarlo y evitar que la suciedad se acumule y provoque daños.

Y en tu caso concreto, te dedicas a conservar y restaurar obras de origen nipón. Como tú misma, cuéntanos cómo llega una japonesa a Zaragoza.

En realidad, he pasado aquí gran parte de mi vida. Es cierto que nací en Japón, pero mi madre ya vivía aquí, así que pronto regresamos. Aquí he ido al colegio, y aquí he pasado toda mi infancia y adolescencia.

Pero tras esos primeros años, ¿cómo te has formado para desarrollar tu actual profesión?

En su momento me fui a estudiar la carrera de Conservación y Restauración de Patrimonio Cultural en la Universidad Complutense de Madrid e hice un grado. Ahí recibí una formación bastante general sobre distintas especialidades. Tras eso volví a Zaragoza y seguí haciendo cosas como estudiar en la escuela de Eduardo Jiménez, un encuadernador muy conocido en España. De hecho a mí me interesaba mucho el tema del papel y el documento.

Un material muy propio del arte japonés, parecías predestinada, ¿no?

Un poco porque luego decidí irme a Japón. A probar suerte. Como tenemos allí familia, era bastante sencillo.  La verdad es que estaba interesada en estudiar algo de arte japonés que me sirviera como complemento para mi formación. Y al final terminé en un taller tradicional con un artesano especializado en una disciplina que se llama hyogu.

¿Hyogu?, ¿qué es eso?

Es la artesanía de “enmarcar” de una forma muy peculiar y tradicional los kakejikus o rollos colgantes, los byobu que son biombos pintados y los fusuma que son puertas correderas de papel pintado. Ellos no hacen la pintura en sí, sino todo lo que la rodea y potencia su valor. Un biombo o un rollo colgante es como una colaboración entre un artista y un maestro de hyogu que lo monta en la estructura, por así decirlo.  Y además muchos de estos artesanos también se dedican a restaurar obra antigua de este tipo. Así que al final estuve ahí cuatro años de aprendiz.

¡Cuatro años!, ¿serías algo más que un aprendiz?

En realidad, allí convertirte en maestro requiere de más tiempo. Pero durante esos cuatro años aprendí todo el proceso de hacer este tipo de obras y también restaurarlas que era lo que me interesaba a mí más. Y decidí regresar, porque en España y Europa no hay tanta gente que sepa hacer ese trabajo.

Un trabajo muy artesanal, ¿no crees que se valora esa labor artesana mucho más en Oriente que en Occidente?

Sí, incluso a veces el trabajo artesanal aquí se minusvalora. Eso se ve en mi campo. La restauración en Occidente tiene mucho más de ciencia, mientras que en Oriente prima lo manual, lo artesanal.

Tú reúnes ambos mundos. ¿Hacia cuál tienes más querencia?

Trato de compaginar un poco todo, aunque a veces me cuesta. Quiero pensar que estoy en el medio más o menos, pero no sé. Si bien está claro que en mi trabajo me inclino hacia el saber de la tradición. Es la herencia de cuatro años con un maestro aprendiendo técnicas ancestrales y artesanales.

Con todo ese bagaje entras a trabajar en el Museo de Zaragoza.

Sí, aquí trabajo con Nerea Díez de Pinos, conservadora y restauradora de obra gráfica del Museo. Porque las obras orientales en las que yo intervengo están dentro de esa categoría ya que generalmente están sobre papel. Aunque también las hay sobre materiales textiles como la seda.

Ahora que el museo está cerrado, todas esas obras que restauras se van almacenando.

Y también se exponen. Por ejemplo este verano se programó la muestra Tesoros en La Lonja con una buena parte de la colección de arte asiático del museo. Y el año pasado también se prepararon muchas lacas japonesas y estampas para una exposición en Oviedo.

¿Se podría decir que la colección de arte oriental del Museo de Zaragoza es un referente a nivel nacional?

Sí. Es una de las más importantes de España, sobre todo de arte japonés. Es cierto que hay otros museos destacados, por ejemplo en Valladolid. Pero ahí predomina el arte chino. En cambio, aquí tenemos muchas obras de origen japonés y de otros lugares de Asia. Están los fondos de la colección de Federico Torralba y la colaboración con la Fundación Torralba-Fortún, además de los aportes de otros coleccionistas como Víctor Pasamar o Miguel Ángel Gutiérrez, y el propio museo se preocupa de incorporar obras nuevas.

En cambio, ¿no crees que el gran público conocemos poco esa riqueza?

Sí, es posible. Pero esperemos que cuando se reabra el Museo de Zaragoza, esta colección esté muy bien representada en el nuevo montaje museográfico, porque la verdad es que puede ser algo distintivo, además de una maravillosa sorpresa para el visitante.

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