La ciudad impulsa una transición energética que nace de la ciudadanía a través de la Oficina de Transformación Comunitaria (OTC)
En la transición hacia ciudades más sostenibles, abundan los grandes proyectos, las cifras ambiciosas y los planes técnicos. Sin embargo, Zaragoza está demostrando que la lucha contra el cambio climático también puede nacer desde abajo: desde los tejados, las comunidades de vecinos y los centros deportivos de barrio.
Con una inversión de más de 160 millones de euros prevista hasta 2027, el Ayuntamiento de Zaragoza ha trazado una hoja de ruta integral hacia la neutralidad climática. Esta estrategia no solo actúa sobre infraestructuras, eficiencia energética o movilidad limpia, sino que da protagonismo a lo más poderoso que tiene una ciudad: su gente.
En el corazón de este modelo está la Oficina de Transformación Comunitaria (OTC), una iniciativa pionera que facilita la creación de Comunidades Energéticas Locales. Estas comunidades permiten a los vecinos producir, compartir y gestionar su propia energía renovable, impulsando un cambio colectivo, justo y sostenible.
Transformar la energía en capital social es uno de los grandes objetivos de la OTC. La oficina funciona como un motor ciudadano de la transición: acompaña técnicamente a las personas que desean participar, facilita asesoramiento legal y promueve sinergias con equipamientos públicos como colegios o centros deportivos, que ceden sus cubiertas para generar energía compartida.
Comunidades que crecen desde el territorio
Hasta el momento se han dado talleres informativos en todos los barrios rurales de Zaragoza, se han recibido consultas técnicas de grupos motores conformados y se está trabajando en la cesión de cubiertas de equipamientos municipales en los barrios de La Cartuja, Peñaflor y Juslibol, donde ya existen comunidades energéticas constituidas jurídicamente y que podrán estar operativas una vez que se concreten estas cesiones. El resultado es un modelo que conecta planificación urbana, tecnología y empoderamiento vecinal con acciones que permiten reducir la dependencia energética, bajar costes y democratizar el acceso a renovables.
Descarbonizar la ciudad responde a un plan global que no se limita a sustituir fuentes de energía. Zaragoza aspira a algo más profundo: cambiar la relación entre ciudad, energía y ciudadanía. Gracias a la OTC, la transición energética deja de ser un asunto de expertos para convertirse en un movimiento ciudadano. Desde la rehabilitación de viviendas, pasando por la electrificación del transporte, hasta la formación en sostenibilidad, Zaragoza está tejiendo una red que mezcla innovación y comunidad. Es el ejemplo de que una ciudad no se descarboniza sola: lo hace con y para su gente. Zaragoza no está solo planificando el futuro. Está construyéndolo con las manos de sus vecinos.
OTC Zaragoza es el lugar donde los vecinos se convierten en protagonistas de la energía. La sostenibilidad no es solo una meta institucional; es sobre todo un viaje colectivo. Y en Zaragoza, ese viaje comienza en un espacio al que cada vez más personas llaman para informarse, asesorarse o empezar a transformar su barrio: la Oficina de Transformación Comunitaria.
Mucho más que una oficina
Esta iniciativa nace con una idea clara: facilitar la creación de Comunidades Energéticas en la ciudad, permitiendo que vecinos, comercios y pequeñas empresas se unan para generar y compartir su propia energía renovable de forma democrática y eficiente. Pero la OTC es mucho más que una oficina: es el punto de encuentro entre la gran estrategia de descarbonización de Zaragoza y la acción vecinal de cada día.
La ciudad se ha comprometido a ser climáticamente neutra en 2030. Para ello, impulsa inversiones en eficiencia, autoconsumo, rehabilitación de viviendas y movilidad limpia, pero el corazón del proyecto no está en los datos, sino en la gente que decide actuar. La OTC asesora gratuitamente a quienes quieren crear una comunidad energética, identifica oportunidades y acompaña cada paso.
Gracias a su labor se han identificado techos públicos disponibles para colocar placas solares y se ha extendido la educación en sostenibilidad, que es clave para crear redes entre vecinos y activar soluciones reales frente a la pobreza energética. Ya no se trata solo de ahorrar luz: se trata de crear comunidades que gestionan su futuro energético.
Una estrategia urbana y social de largo recorrido
Este plan no es solo energético: es urbano, social y transformador. Al intervenir en el alumbrado, los edificios públicos, las viviendas, el transporte y los espacios industriales, Zaragoza está reconfigurando su tejido urbano para que cada ciudadano pueda respirar mejor, pagar menos en energía y vivir en una ciudad resiliente y conectada. La estrategia no camina sola: se apoya en la OTC, que será clave para traducir estos grandes proyectos en acción ciudadana. Las cubiertas municipales cedidas, las comunidades energéticas vecinales y la interlocución con los barrios permitirán que la energía renovable no se quede solo en grandes infraestructuras, sino que fluya hacia los hogares.
Las distintas actuaciones podrían llevar al Ayuntamiento a ahorrar anualmente cerca de 30 millones de euros y a reducir las emisiones en unas 65.100 toneladas de CO₂ al año, lo que supondría plantar un mínimo de 915.000 árboles. Zaragoza está generando un ecosistema urbano sostenible basado en los proyectos iniciados hasta 2027, que cuentan con colaboración público-privada y se centran en cuatro ejes: eficiencia, autoconsumo, movilidad y vivienda.
La ciudad apunta a ser una referencia nacional de sostenibilidad, demostrando que el crecimiento urbano y la mejora social pueden ir de la mano de la descarbonización. Zaragoza ya no espera al mañana: lo está construyendo hoy con la energía de sus ciudadanos.
Este impulso transformador se refuerza además con una visión pedagógica que busca que la ciudadanía no solo participe en proyectos energéticos, sino que comprenda el impacto de sus decisiones cotidianas. La OTC, junto con diferentes áreas municipales, está promoviendo actividades divulgativas, talleres abiertos y espacios de diálogo en los que se explica qué significa realmente una comunidad energética, cómo funciona el autoconsumo compartido o de qué manera se pueden traducir los ahorros energéticos en mejoras para los propios barrios. Este enfoque educativo es fundamental para que la transición no sea únicamente tecnológica, sino también cultural, integrando nuevos hábitos de consumo y una mayor conciencia sobre el uso de los recursos.
Un futuro energético participativo y colectivo
Al mismo tiempo, la estrategia de Zaragoza presta especial atención al equilibrio territorial. La transición energética no debe concentrarse solo en el centro urbano, sino que debe extenderse hacia los barrios rurales, tradicionalmente más vulnerables a la pobreza energética y con menor acceso a información especializada. La presencia de la OTC en estos núcleos está permitiendo identificar nuevas oportunidades, desde cubiertas municipales hasta espacios agrícolas donde explorar aplicaciones fotovoltaicas innovadoras. Así, cada barrio puede encontrar su propia manera de participar, reforzando la idea de que la sostenibilidad debe llegar a todos y no dejar a nadie atrás.
Esta transformación se abre también a la colaboración público-privada, que permite acelerar proyectos de mayor escala sin perder de vista el impacto local. Empresas energéticas, cooperativas, asociaciones vecinales y pequeños comercios forman parte de una red que evoluciona constantemente. La meta no es solo aumentar la producción de energía renovable, sino favorecer un modelo económico circular que genere empleo, fomente nuevas capacidades profesionales y dinamice el tejido social de Zaragoza.
Del mismo modo, la creación de comunidades energéticas abre la puerta a proyectos complementarios que van más allá de los paneles solares. La movilidad eléctrica compartida, la eficiencia en el consumo doméstico, la instalación de baterías comunitarias o la gestión inteligente de la demanda son ámbitos que ya se están explorando y que podrán consolidarse conforme más vecinos se unan al proceso. Cada comunidad energética no es un fin en sí mismo, sino un punto de partida hacia una ciudad más autosuficiente, resiliente y cohesionada.
A medida que Zaragoza avanza en su transición, se hace evidente que el futuro energético será necesariamente participativo. El papel de la OTC se vuelve entonces esencial para garantizar que todos los ciudadanos, independientemente de sus conocimientos técnicos o situación económica, puedan formar parte del cambio.
Su labor demuestra que una ciudad no se transforma solo con grandes inversiones, sino con estructuras sólidas que conectan administración, ciudadanía y tecnología para construir un proyecto común. Zaragoza camina en esa dirección, convencida de que las soluciones más duraderas surgen cuando el progreso se construye desde abajo, desde la comunidad y desde la energía que une a sus barrios.
Financiado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), M.P., dentro de la primera convocatoria del programa de incentivos para la concesión de ayudas a Oficinas de Transformación Comunitaria para la promoción y dinamización de comunidades energéticas, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.















