Los paisajes que conforman la provincia de Huesca son prácticamente inagotables. Los hay para todos los gustos y cada cual podría hacer su propio ranking de lugares imperdibles que ver en Huesca. Esta es nuestra selección:
Selva de Oza
En el extremo occidental de los Pirineos de Huesca se halla una de las estampas más impactantes de toda la cordillera. En muy poco espacio se recorre el agreste roquedo de la Garganta del Diablo o se contempla el divagar de los cauces de montaña en Aguas Tuertas. Pero sobre todo se puede dar un paseo por un bosque de cuento como el que aguarda en Selva de Oza.

Aigualluts
A la misma sombra del Aneto y del glaciar de la Maladeta, por cierto cada vez más pequeño, se desarrolla el Pla d’Aigualluts donde van a parar las aguas de las montañas más altas del Pirineo. Esas aguas son las que forman una espectacular cascada y después se filtran en las entrañas de la tierra en el paraje del Forau de Aigualluts.
Castillo de Piracés
No todo son verdes montañas en la provincia de Huesca. Hay lugares de apariencia más árida, pero realmente impactantes. Eso ocurre con el conocido como Castillo de Piracés en plena Hoya de Huesca. Un lugar donde los restos históricos y los caprichos de la geología se dan la mano para generar una de las postales más hermosas de la provincia.

Ibones de Anayet
En las zonas más altas de la cordillera pirenaica los ojos más entrenados pueden descubrir numerosos vestigios del glaciarismo que durante milenios esculpió este paisaje. Y de todas esas huellas, quizás las más hermosas sean los ibones o lagos de montaña. Son muchos los que se descubren haciendo senderismo, y por el paraje que ocupan sin duda los de Anayet están entre los más atractivos.
El “delfín” de Rodellar
Los escaladores de toda España y muchos lugares de Europa han oído hablar de la Sierra de Guara tanto por sus recorridos barranquistas como por las cientos de vías de escalada que hay en este espacio protegido. Pues bien, el icono más vistoso de este gran parque de aventura que es Guara seguramente es el antojo natural que supone el conocido como “delfín” de Rodellar.

Salto de Roldán
No nos alejamos mucho de la Sierra de Guara y nos vamos hasta su flanco más occidental. Ahí a un paso de la ciudad de Huesca y como monumental entrada a las montañas pirenaicas parece abrirse el mítico Salto de Roldán, espacio de leyendas fantasiosas y también lugar ideal para contemplar la amplitud de la Hoya y el vuelo de decenas de aves rapaces.
Peña Oroel
La Peña Oroel no es la montaña más alta, ni mucho menos, ni tiene una ascensión excesivamente complicada, pero sí posee un aura especial. Y eso se debe a su condición de llamativo hito en el paisaje de la Jacetania. Un lugar ideal para contemplarlo y también para caminarlo y así disfrutar de las vistas de Jaca, el valle del río Aragón y la vecina sierra de San Juan de la Peña.

La sierra de Alcubierre
Cambio radical de ambiente para viajar hasta los Monegros, a su parte más serrana de la Sierra de Alcubierre. El paisaje tiene un encanto especial y los amantes de la bicicleta de montaña tienen aquí rutas alucinantes. Pero también es un lugar con un poso histórico y literario muy importante, sobre todo si se sigue la Ruta Orwell por los vestigios de la Guerra Civil en esta sierra.
Ripas de Alcolea de Cinca
El río Cinca concede paisajes preciosos, comenzando por su nacimiento en pleno Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Pero incluso ya muy cerca de su desembocadura en el río Segre también esculpe paisajes únicos. Ese es el caso de las Ripas de Alcolea de Cinca. Se intuyen incluso yendo en AVE dirección Barcelona, pero atraen mucho más cuando se contemplan en primera persona.

Mallos de Riglos
La lista de las postales más hermosas de la provincia de Huesca podría ser mucho más larga. Pero para concluir este Top 10 el elegido es el perfil inconfundible de los Mallos de Riglos. Una mole rojiza de rocas conglomeradas que por muchas veces que se miren, jamás dejan de estremecer. Una imagen no solo de Huesca, sino de todo Aragón.















