Llanes tiene algo que no abunda. Podemos estar paseando junto al Cantábrico y, casi sin dejar de mirar el mar, descubrir al fondo las montañas de la Sierra del Cuera. Entre ambos paisajes se encuentra una villa marinera con historia medieval, palacios, playas, arquitectura indiana y hasta una escollera convertida en obra de arte.
Pero Llanes es también la puerta de entrada a una costa extraordinaria. Su concejo reúne más de treinta playas, pueblos marineros, acantilados, miradores y caminos que invitan a alargar la estancia.
Así que toca elegir. Estas son siete cosas que no nos perderíamos en una visita a Llanes.
1. Perderse por el casco histórico
Empezamos caminando.
Y conviene hacerlo sin demasiada prisa porque el casco histórico de Llanes conserva buena parte de la historia de la villa. Su origen medieval todavía se reconoce en la muralla, levantada en el siglo XIII, y en el Torreón, una antigua construcción defensiva que ha sobrevivido al paso de los siglos.
A partir de ahí podemos ir descubriendo palacios y casonas mientras avanzamos por sus calles: el Palacio de Gastañaga, el de Posada Herrera o el imponente Palacio del Duque de Estrada son algunos ejemplos.
También hay que acercarse a la Basílica de Santa María del Conceyu, iniciada en el siglo XIII y uno de los grandes edificios religiosos de Llanes.
Pero hay un pequeño detalle que puede pasar desapercibido.
De vez en cuando conviene dejar de mirar fachadas y bajar la vista. En las calles del casco histórico encontraremos versos de Poemas de Llanes, de Celso Amieva, reproducidos en forja sobre el suelo.
Una buena forma de descubrir que Llanes también se puede leer mientras se pasea.
2. Subir al Paseo de San Pedro
Ahora toca ganar un poco de altura.
No demasiada. La suficiente para comprender por qué Llanes tiene una relación tan especial con el paisaje que la rodea.
El Paseo de San Pedro discurre sobre un promontorio natural situado junto al casco urbano y se convierte en uno de los mejores miradores de la villa.
Desde aquí tenemos el Cantábrico frente a nosotros, la playa del Sablón prácticamente bajo nuestros pies y Llanes a un lado. Pero basta con girarse para que aparezca la Sierra del Cuera.
Mar y montaña en una misma panorámica.
El paseo forma parte actualmente de la senda litoral que recorre el concejo y es uno de esos lugares a los que merece la pena regresar en diferentes momentos del día. Con buen tiempo, el atardecer puede ser una excelente excusa.
3. Acercarse al puerto y los Cubos de la Memoria

Bajamos de nuevo hacia el centro y buscamos el puerto.
Llanes fue durante siglos una importante villa marinera y su puerto continúa ocupando un lugar central en la localidad. Pero aquí nos espera algo que difícilmente encontraremos en otro puerto del Cantábrico.
Hay que caminar hasta la escollera.
Sobre los grandes bloques de hormigón que protegen el puerto aparece la obra de Agustín Ibarrola: los Cubos de la Memoria.
El artista vasco comenzó la intervención en 2001 y fue desarrollándola en distintas fases hasta 2006. Más de doscientos bloques acabaron convertidos en un enorme lienzo al aire libre en el que formas figurativas y abstractas dialogan con el mar, el puerto y el paisaje.
El resultado es una de las imágenes más reconocibles de Llanes.
Y también una demostración de que una escollera puede ser algo más que una infraestructura portuaria.
4. Darse un baño en El Sablón… o seguir hasta Toró
No hace falta coger el coche para ir a la playa.
Llanes tiene tres arenales dentro de la propia villa: El Sablón, Puertu Chicu y Toró. Y los tres son muy diferentes.
El Sablón es el más urbano. Está junto al casco histórico y a los pies del Paseo de San Pedro, así que podemos pasar de recorrer calles medievales a pisar la arena en apenas unos minutos.
Puertu Chicu es bastante más pequeña y discreta. Su aspecto, además, cambia considerablemente dependiendo de las mareas.
Y después está Toró.
Aquí el paisaje vuelve a sorprender. Grandes formaciones rocosas puntiagudas emergen de la arena y del agua creando una de las playas más características de la costa llanisca.
Si solo podemos elegir una por su singularidad visual, Toró tiene muchas papeletas.
5. Buscar las mejores vistas del Cantábrico
Ya hemos subido al Paseo de San Pedro, pero sería una pena pensar que con eso hemos agotado los miradores.
Toca salir de la villa.
Uno de los lugares más interesantes es el mirador de La Boriza, situado sobre las playas de Andrín y Ballota. Desde aquí la costa se abre ante nosotros con el Cantábrico por delante y las montañas acompañando el paisaje hacia el interior.
Y si seguimos explorando el concejo nos espera otro balcón privilegiado: el Alto de Torimbia.
Abajo aparece la playa de Torimbia dibujando una gran media luna junto al mar. Es uno de esos lugares donde conviene detenerse antes de bajar hacia el arenal.
Porque en Llanes, muchas veces, la playa comienza a disfrutarse bastante antes de llegar a la arena.
6. Elegir una playa. Y luego otra

Aquí aparece el verdadero problema de cualquier viaje a Llanes.
¿Qué playa escogemos?
El concejo tiene más de treinta y algunas de ellas figuran entre las imágenes más conocidas de la costa asturiana.
Está Poo, con su peculiar entrada de mar y un paisaje que cambia completamente con las mareas. Está Barro, rodeada de un entorno especialmente fotogénico. Y está Torimbia, amplia, abierta y espectacular vista desde las alturas.
Podemos continuar hacia Cuevas del Mar, donde el agua ha ido perforando las rocas hasta crear arcos y formas caprichosas.
Y todavía queda una de las rarezas naturales más famosas de Asturias: Gulpiyuri.
Se trata de una pequeña playa situada tierra adentro. El mar no se ve desde la arena, pero el agua del Cantábrico llega hasta ella a través de cavidades abiertas en la roca.
La tentación será intentar conocerlas todas.
Mejor resistirse.
Elegir dos o tres, caminar, esperar a que cambie la marea y dejar alguna pendiente para la próxima visita parece un plan bastante más sensato.
7. Descubrir el Llanes de cine
Puede que algunos paisajes nos resulten familiares aunque nunca hayamos estado aquí.
Tiene explicación.
Llanes ha sido escenario de numerosas películas, series y producciones audiovisuales. Sus playas, palacios, pueblos, caminos y acantilados han convertido al concejo en un enorme plató natural.
Para aprovechar ese patrimonio cinematográfico se creó Llanes de Cine, un itinerario que permite descubrir hasta 25 localizaciones de rodaje.
Algunas están dentro de la propia villa: el casco histórico, el Paseo de San Pedro, el puerto, la playa de Toró o el Palacio de Partarríu.
Otras nos obligan a salir a recorrer el concejo.
Y quizás ahí esté precisamente la gracia.
Seguir las huellas del cine termina siendo otra excusa para descubrir playas, pueblos y paisajes que probablemente hubiéramos querido visitar de todas formas.
Llanes, para quedarse un poco más
Siete propuestas se quedan cortas.
Porque Llanes no es solamente su villa. Basta empezar a recorrer el concejo para que aparezcan los bufones, la senda costera, pueblos como Cue o Niembru, playas escondidas entre acantilados y carreteras desde las que los Picos de Europa parecen mucho más cerca de lo esperado.
Por eso Llanes funciona estupendamente como destino, pero todavía mejor como base para explorar el oriente de Asturias.
Podemos dedicar una jornada a la villa y sus playas más próximas. Después vendrán Torimbia, Barro, Poo, Cuevas del Mar, Gulpiyuri, los miradores, las sendas y los pueblos.
Y probablemente acabaremos marchándonos con la sensación de que nos ha quedado algo por ver.
En este caso, eso tampoco es una mala noticia. Es una buena razón para volver.













