La institución aragonesa refuerza su vínculo histórico con el territorio mediante una pieza artesanal que simboliza la identidad, la cultura y la memoria colectiva de Aragón
Hay aniversarios que se celebran con cifras, balances o discursos institucionales. Otros buscan expresarse a través de símbolos capaces de trascender generaciones. Fundación Ibercaja ha optado por esta segunda vía para conmemorar sus 150 años de historia, ofreciendo un manto joya a la Virgen del Pilar en una ceremonia celebrada en la Santa Capilla de la Basílica zaragozana, uno de los espacios más emblemáticos de Aragón.
El acto reunió a representantes institucionales, responsables de la entidad y autoridades civiles y religiosas en una ceremonia cargada de significado histórico y cultural. La entrega fue realizada por el presidente de Fundación Ibercaja, Amado Franco, y su director general, José Luis Rodrigo, coincidiendo con la fecha en la que se cumplen exactamente 150 años de la creación de la antigua Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, origen de la actual Fundación.
Más allá de su dimensión religiosa, el gesto representa una reafirmación del vínculo que la institución mantiene con Aragón desde finales del siglo XIX. La historia de Fundación Ibercaja está estrechamente ligada a la evolución económica y social de la comunidad autónoma, una relación que la entidad ha querido reflejar mediante una obra concebida específicamente para esta efeméride.
La pieza entregada a la Virgen del Pilar destaca por su elaborado trabajo artesanal y por la riqueza simbólica que incorpora. Realizada por el reconocido Taller Orobordado de Sevilla, especializado en arte textil religioso, combina técnicas tradicionales del bordado barroco español con referencias visuales que evocan la identidad aragonesa y la trayectoria histórica de la institución.
Lejos de limitarse a un valor ornamental, el diseño del manto se construye como un relato visual. Entre sus elementos aparecen referencias al antiguo Monte de Piedad que dio origen a la entidad, motivos inspirados en el patrimonio mudéjar aragonés y símbolos vinculados al paisaje y la cultura del territorio.
Las tres provincias aragonesas encuentran representación en la composición. Las referencias a las cumbres pirenaicas evocan a Huesca; los elementos centrales vinculados a la Virgen del Pilar simbolizan Zaragoza; mientras que los detalles de inspiración mudéjar recuerdan el legado histórico de Teruel. A ello se suman alusiones al río Ebro como eje vertebrador del territorio y una serie de perlas que representan las distintas comarcas aragonesas.
La ceremonia contó con la presencia del presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, la Justicia de Aragón, Concepción Gimeno, miembros del Ejecutivo autonómico, representantes de Fundación Ibercaja y responsables de Ibercaja Banco, además de diversas autoridades civiles, militares y eclesiásticas.
Tras la entrega del manto se celebró una solemne eucaristía en el Altar Mayor de la Basílica del Pilar, presidida por el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, como parte de los actos conmemorativos del aniversario.
La elección de la Basílica del Pilar como escenario principal de esta celebración no es casual. Pocas instituciones representan de forma tan profunda la identidad colectiva aragonesa como el templo mariano, convertido desde hace siglos en un referente espiritual, cultural y patrimonial para la comunidad.
En ese contexto, la ofrenda adquiere una dimensión que trasciende el ámbito institucional. Se presenta como un gesto de reconocimiento hacia una tradición compartida y hacia una sociedad con la que Fundación Ibercaja ha mantenido una relación constante a lo largo de siglo y medio.
Fundada en 1876, la entidad ha evolucionado desde sus orígenes como caja de ahorros hasta convertirse en una fundación centrada en el desarrollo social, cultural y educativo. Durante estos 150 años ha acompañado los cambios económicos y sociales de Aragón, participando en iniciativas relacionadas con la educación, la cultura, la innovación y el desarrollo territorial.
La entrega del manto simboliza precisamente esa continuidad histórica. Un aniversario que no solo invita a recordar el camino recorrido, sino también a reflexionar sobre el papel que instituciones profundamente arraigadas en su territorio pueden desempeñar en la construcción del futuro.
Porque, en ocasiones, la mejor forma de celebrar una larga trayectoria no consiste únicamente en mirar atrás, sino en reconocer las raíces que han permitido llegar hasta el presente. Y pocas imágenes resumen mejor esa idea que un manto tejido con símbolos de Aragón, ofrecido en el corazón de Zaragoza por una institución que forma parte de la historia contemporánea de la comunidad.

















