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Marta Platel: «Quise dar voz a esas mujeres que la historia convirtió en invisibles»

Con El baile de las criadas, Marta Platel, ganadora del Premio Fernando Lara de Novela 2026, rescata del silencio a miles de mujeres que sostuvieron hogares enteros desde el anonimato durante la posguerra. Ambientada en una Barcelona marcada por el franquismo, las desigualdades sociales y la presencia nazi, la novela convierte a las criadas —testigos invisibles de una época convulsa— en protagonistas de una historia donde la memoria, la dignidad y la supervivencia ocupan el primer plano.

En esta conversación con GoAragón, la autora reflexiona sobre el origen de la novela, el proceso de documentación y la capacidad de la literatura para iluminar aquellas historias que durante demasiado tiempo permanecieron fuera de los focos.

Las novelas suelen comenzar con una imagen, una pregunta o una emoción que acompaña al autor durante mucho tiempo. En el caso de El baile de las criadas, ¿qué fue exactamente lo primero que apareció?

Marta Platel
Portada del libro de Marta Platel

Fue un recuerdo. Mientras pensaba posibles temas para una nueva novela me vinieron a la mente aquellas criadas que veía de pequeña en mi barrio y en las casas de mis amigas. Eran mujeres muy mayores que habían servido toda la vida a la misma familia y continuaban haciéndolo. Recordé a una en especial. A sus más de setenta años seguía vistiendo uniforme y cobraba un sueldo irrisorio, pero profesaba a sus señores una lealtad inquebrantable; cuando otras criadas más jóvenes le decían que tendría que exigir más dinero, se enfadaba con ellas.

A lo largo de los años todos los escritores encuentran historias interesantes, pero no todas terminan convertidas en libros. ¿Qué tiene que ocurrir para que una idea pase de ser una curiosidad histórica a convertirse en una novela a la que va a dedicar años de su vida?

Tiene que combinarse con otros elementos que den pie a una historia interesante y adictiva para el lector. El baile de las criadas es una fusión de géneros. Tiene una intriga de espías, secretos de alcoba, crítica social y un suspense contemporáneo que se inicia en el año 2001 y se resuelve al final de la novela. Todo ello se desarrolla en 1941, en una Barcelona dominada por el franquismo y con los nazis campando a sus anchas.

El baile de las criadas sitúa en el centro a mujeres que estuvieron presentes en miles de hogares, pero que rara vez aparecen como protagonistas de la historia. ¿Qué encontró en ellas que la convenció de que había una novela esperando ser contada?

El régimen franquista consideraba a las criadas imprescindibles para el buen funcionamiento de las familias. Muchas trabajaban por techo y comida y solo las más afortunadas recibían un pequeño sueldo. No tenían derechos ni vacaciones, solo una tarde libre a la semana, y a menudo eran maltratadas, pero aceptaban su situación sin rechistar, sabían que, si se quejaban, acabarían en la calle. Quise dar voz a esas mujeres. Son las criadas las que sostienen el peso y la humanidad de la novela.

«Quise dar voz a esas mujeres. Son las criadas las que sostienen el peso y la humanidad de la novela.»

Mientras escribía sobre estas mujeres invisibles de la posguerra, ¿hubo algún momento en que sintiera que estaba escribiendo también sobre aquellas mujeres que conoció durante su infancia?

Por supuesto. Mientras escribía lamenté no haber prestado más atención a las historias que contaban aquellas mujeres. Aunque las criadas de la novela son personajes ficticios, representan a toda esa generación de mujeres que en la posguerra abandonaron sus pueblos huyendo de la miseria y llegaron a Barcelona y a otras ciudades para servir.

En la novela, las criadas lo ven todo pero casi nadie las mira. ¿Cree que la literatura tiene también la responsabilidad de mirar precisamente hacia donde los demás no miran?

Creo que es justo lo que hace. Las buenas novelas, además de entretener, nos enseñan historias y realidades duras que desconocíamos. A mí me hace feliz que un lector me diga que está aprendiendo muchas cosas con mi novela. Para poder contarlas, antes he tenido que documentarme. Por eso me gusta agradecer el trabajo de los historiadores que tanto nos facilitan el trabajo a los autores de ficción. 

«Los señores y la sociedad de la época las consideraban invisibles, olvidaban que alguien que escuchaba sus conversaciones y conocía sus intimidades podía convertirse en un peligroso cabo suelto.»

Muchas de estas mujeres conocían los secretos más íntimos de las familias para las que trabajaban. ¿Diría que las criadas fueron, en cierto modo, las grandes observadoras invisibles de su tiempo?

Sin duda, lo fueron. Ellas recibían a los invitados, servían las cenas, limpiaban los salones… Pero los señores y la sociedad de la época las consideraban invisibles, olvidaban que alguien que escuchaba sus conversaciones y conocía sus intimidades podía convertirse en un peligroso cabo suelto.

La novela transcurre en una Barcelona donde conviven la miseria de la posguerra, la alta burguesía y una presencia nazi sorprendentemente visible. ¿Qué fue lo más inesperado o revelador que descubrió durante la documentación de aquella época?

Me impactó descubrir hasta qué punto la presencia nazi formó parte de la vida cotidiana de Barcelona durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1940 y 1943 la ciudad recibió la visita de altos mandos y diplomáticos nazis y fue escenario de actos vinculados al tercer Reich. Algunos de estos actos se celebraron en edificios públicos con gran despliegue de parafernalia nazi: esvásticas, retratos de Hitler… El paraninfo de la Universidad de Barcelona, por ejemplo, acogió una exposición del libro alemán; la colonia nazi, que era muy tradicional, celebró su fiesta de la cosecha en el Palau de la Música. Y, como se retrata en la novela, conmemoraron el 52 cumpleaños de Hitler en el teatro Coliseum. Todo eso convivía con la dura realidad de la posguerra.

Marta Platel
Marta Platel Copy Javier Ocaña

El nazismo aparece en la novela no solo como una ideología, sino también como una realidad integrada en determinados círculos sociales. ¿Le interesaba mostrar cómo ciertas ideas pueden llegar a normalizarse en la vida cotidiana?

Mientras me documentaba descubrí que, durante la Segunda Guerra Mundial, parte de la alta burguesía barcelonesa se relacionó a nivel empresarial con los nazis. Es muy probable que lo hicieran motivados por el pragmatismo económico más que por afinidad ideológica. Franco y sus adláteres estaban convencidos de que Alemania ganaría la guerra y estar del lado del vencedor reportaba beneficios. Me interesaba mostrar cómo pensaba y actuaba este tipo de personajes.

Melisa comienza siendo una joven que intenta sobrevivir y termina enfrentándose a decisiones que cambian su destino. ¿Qué le interesaba explorar a través de su evolución como personaje?

Melisa vive en una sociedad donde impera la vigilancia, el miedo y las diferencias de clase. Empieza siendo cauta y vulnerable, pero la vida la empuja a rebelarse, a perder el miedo y tomar las riendas de su destino para proteger a las personas que ama. A través de su evolución, quería mostrar que una mujer podía atreverse a soñar con una vida distinta y a rebelarse en una época en la que las mujeres tenían muy pocas posibilidades de decidir sobre su propio destino. No podían hacer nada sin la autorización del padre o el marido. Melisa encarna a una heroína clásica y real. Es pura fuerza de supervivencia. 

Ha convivido durante mucho tiempo con Melisa, Lucía, Kurt o Dagmar. ¿En qué momento siente que un personaje deja de ser una construcción literaria y empieza a comportarse como alguien real?

Aunque son personajes ficticios, quise que fueran creíbles, por eso hablan y actúan conforme a la época que les toca vivir. De esta forma, el lector puede identificarse con ellos, odiarlos o amarlos. Para crear algunos personajes de la novela me he basado en personas reales. El personaje del diplomático nazi, por ejemplo, está inspirado en Georg Duckwitz, agregado de comercio en la embajada de Alemania en Copenhague que filtró a la resistencia danesa los planes de Hitler para deportar a los judíos; con ello logró salvar miles de vidas. He tratado de huir del estereotipo de personajes buenos y malos. Todos tienen claroscuros, como los seres humanos.

Usted procede del mundo del periodismo y de las revistas. ¿Qué ha aportado esa experiencia profesional a su forma de observar la realidad y transformarla en ficción?

No sabemos si la información que nos llega es real o está distorsionada. Es tan fácil manipularla. Ha sido así desde siempre. En 1941, año que retrata El baile de las criadas, los periódicos ofrecían una información muy sesgada de la guerra mundial; hasta 1944, cuando el régimen franquista ya no veía tan claro que Alemania ganara la guerra, la información siempre favoreció a los nazis. Se ensalzaban sus victorias y se obviaban o minimizaban las derrotas. Incluso el espacio que se destinaba a los partes bélicos de Alemania era superior al de los aliados. 

«Las buenas novelas, además de entretener, nos enseñan historias y realidades duras que desconocíamos.»

Después de una primera novela muy bien recibida y ahora de un Premio Fernando Lara, ¿qué ha aprendido sobre sí misma como escritora que no sabía cuando empezó a escribir ficción?

En el disco duro de mi ordenador hay novelas que nunca verán la luz. Cuando las terminé me parecían buenas, ahora no me atrevo a releerlas. Hay que trabajar muy duro para crear una buena historia y no darse nunca por vencido; si una escena se me resiste no me agobio, cierro el ordenador y vuelvo sobre ella en otro momento, cuando las musas estén más dispuestas a colaborar.

Cuando termina una novela tan intensamente documentada y emocionalmente exigente, ¿qué permanece más tiempo con usted: los personajes, la época o las preguntas que la llevaron a escribirla?

Sin duda, los personajes. Han convivido conmigo durante mucho tiempo y me ha costado despedirme de ellos. Cierto que me he documentado mucho, pero la documentación no aparece en la novela como un bloque denso de datos, sino que está diluida en curiosidades amenas de la historia y la geografía urbana: los cines, los mercados, los precios…

Muchos lectores sueñan con escribir una novela algún día. Si pudiera dar un único consejo a quienes están empezando a contar historias, ¿cuál sería?

Yo misma estoy empezando, así que, más que dar un consejo, les diría que escriban por el placer de hacerlo, que crean en su historia y la trabajen a fondo. Y una vez la den por concluida, que busquen un buen agente literario. 

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