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Plan para una escapada a Cantabria

La perfecta combinación de mar y montaña, eso supone un viaje a la comunidad autónoma de Cantabria. Además ahí aguarda una gastronomía capaz de satisfacer al paladar más exquisito y también al más voraz. Y por si fuera poco, se suma una riqueza patrimonial extraordinaria en forma de pueblos preciosos y tesoros artísticos de primer nivel. Todo eso y alguna cosa más se puede descubrir durante una escapada de cinco días a Cantabria.

Día 1: Santander

Por su posición más o menos céntrica respecto al territorio cántabro una buena opción para aprovechar al máximo el tiempo de esta escapada es alojarse en Santander. No obstante, la capital autonómica es más que un mero lugar donde hospedarse. Cuenta con sus propios reclamos. Uno de ellos es sencillamente pasear por el Paseo y los Jardines de Pereda con vistas a la bahía santanderina. Por cierto, ahí también se encuentra una de las apuestas artísticas más interesantes de la ciudad: el Centro Botín.

Santander (Foto de Katia de Juan-Unsplash)

También es imprescindible acudir a refrescarse en las playa del Sardinero o en la de Peligros, además de darse un garbeo por la boscosa península donde se encuentra el Palacio de la Magdalena. Y ya de vuelta al centro histórico hay que buscar algún buen sitio para cenar en las inmediaciones de la plaza Porticada, el mercado del Este y la plaza de Cañadío.

Día 2: San Vicente de la Barquera y monasterio de Liébana

La segunda jornada de la escapada a Cantabria se puede dedicar a descubrir la parte más occidental de la comunidad autónoma. De hecho, gracias a la A-8 no se tarda demasiado tiempo en llegar a un pueblo tan llamativo como San Vicente de la Barquera, ya a un paso del Principado de Asturias. Ahí que nadie se olvide de cruzar el puente de la Maza para ir hasta las bellas playas de San Vicente de la Barquera.

San Vicente de la Barquera (Foto de Victor Hugo-Unsplash)

Precisamente en ese puente hay una indicación del peregrinaje a Liébana. Una excursión más que interesante y que en coche cuesta más o menos una hora llegar desde San Vicente de la Barquera hasta el Monasterio de Santo Toribio. Es una visita imperdible en Cantabria, tanto por el destino como por el camino, ya que se contemplan las montañas de los Picos de Europa además de que se atraviesa un lugar tan sobrecogedor como el Desfiladero de la Hermida.

Día 3: Altamira, Comillas y Santillana del Mar

Uno de los platos fuertes de un viaje a Cantabria es ver con nuestros propios ojos la conocida como “capilla sixtina” del arte rupestre. Es decir las pinturas de Altamira. En realidad, eso es algo casi imposible de realizar. Pero, si que se puede ver la réplica exacta que se hizo en la Neocueva de Altamira. Es obligado visitarla y también es obligado hacer la reserva previa. Si se hace con poco tiempo, tal vez el horario no sea el mejor, pero aún así hay que reservarlo y organizar el día de acuerdo a esta visita memorable.

Santillana del Mar (Foto de Grianghraf-Unsplash)

La ventaja es que muy cerca de Altamira se encuentran dos de las poblaciones más atractivas de la comunidad y de toda la cornisa cantábrica. Se trata por un lado de Comillas, donde se ve una caprichosas obra de Gaudí, una de las pocas que realizó fuera de Cataluña. Y no muy lejos está Santillana del Mar, fotogenia pura cargada de historia y arte.

Día 4: Valles Pasiegos

Para el cuarto día del viaje a Cantabria toca alejarse un poquito del mar y adentrarse en la suave montaña cántabra. En concreto, la propuesta es prepararse para disfrutar de una conducción slow y penetrar por los famosos Valles Pasiegos donde se elabora un producto cántabro emblemático. De hecho, una parada obligada en este recorrido ha de ser alguna fábrica de sobaos y quesadillas, e incluso hay un museo dedicado a este producto en la población de Selaya.

Colegiata de Castañeda (Foto de Armando Cerra)

Pero hay más cosas que ver durante este itinerario. Por ejemplo, hay que acercarse hasta la monumental Colegiata de Santa María de Castañeada o hay que darse un garbeo por la elegante villa de Puente Viesgo, famosa por sus aguas termales y sus pinturas rupestres. Al igual que merece un paseo el coqueto pueblo de Vega del Pas en la parte más alta de lo valle o hay que sacarle al menos una fotografía al palacio de Soñanes en Villacarriedo.

Día 5: Santoña, Laredo. Liendo y Castro Urdiales

La última jornada del viaje se dedica a la costa más oriental de Cantabria. Una zona donde hay un poco de todo. Por ejemplo, una primera parada se debe hacer en Santoña, donde es imprescindible hacer acopio de unas cuantas conservas, sobre todo de anchoa del Cantábrico, un manjar que una vez en casa hará que se paladee virtualmente este viaje, recordando por ejemplo una playa tan espectacular como la de Laredo, a la que se puede llegar desde Santoña a bordo de la barca del Puntal.

Castro Urdiales (Foto de Carlos del Cerro-Unsplash)

Y después de baño y de retornar al coche se puede optar por visitar el vecino pueblo de Liendo con sus casonas de indianos. O si se prefiere está la opción de llegar al monumental Castro Urdiales. Una de las estampas más vistosas de Cantabria con su puerto pesquero, la iglesia de Santa María y el castillo faro sobre las aguas del mar. Una visión perfecta para despedirse de esta intensa escapada a Cantabria.

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