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De Suances a Llanes pasando por Comillas: una ruta por el Cantábrico entre playas, pueblos y acantilados

Hay viajes en los que la carretera es casi tan importante como los lugares a los que nos lleva. Y esta ruta por la costa cantábrica es uno de ellos. Apenas necesitamos tres nombres para preparar el plan: Suances, Comillas y Llanes. Tres villas marineras, dos comunidades autónomas y un paisaje que va alternando playas, acantilados, arquitectura, puertos y montañas.

La propuesta comienza en Suances, continúa hacia Comillas y acaba cruzando a Asturias para llegar a Llanes. No hay que hacer grandes kilometradas. Todo lo contrario. Aquí interesa viajar despacio, desviarse hacia alguna playa, asomarse a los acantilados y dejar tiempo para caminar. Porque en esta parte del Cantábrico el mejor plan suele aparecer entre un destino y el siguiente.

Suances, para empezar junto al marruta por el Cantábrico

Comenzamos en Suances y lo hacemos prácticamente con los pies en la arena. La localidad cántabra ha crecido mirando al mar y a la desembocadura de los ríos Saja y Besaya, y sus playas son una buena pista de lo que nos espera durante los próximos días.

Para alojarnos elegimos los apartamentos Villas de La Ribera, que resultaron perfectos como base para estos primeros días de viaje. Cómodos y muy bien situados para movernos por Suances y comenzar desde aquí nuestra ruta por la costa. Evidentemente, no es la única posibilidad: la localidad cuenta con numerosos hoteles, apartamentos y otros alojamientos para distintos tipos de viajeros. Pero nuestra experiencia en Villas de La Ribera fue estupenda y merece la pena mencionarla.

Ya instalados, toca salir a conocer Suances.

La Concha es el arenal más cómodo para comenzar a recorrer la villa. Desde aquí podemos acercarnos al puerto y seguir después hacia la Punta del Dichoso, esa pequeña península que separa dos de las playas más conocidas de Suances: La Concha y Los Locos.

Y el ambiente cambia de una a otra.

Los Locos mira directamente al Cantábrico y es territorio surfero. El oleaje, los acantilados y las tablas entrando y saliendo del agua ofrecen una imagen bastante diferente a la de la tranquila playa urbana que acabamos de dejar atrás. Desde esta zona merece la pena continuar hacia el faro y buscar alguno de los miradores sobre la costa.

Suances tiene precisamente ahí uno de sus grandes atractivos. No hace falta organizar demasiadas visitas. Basta con caminar, acercarse al mar y detenerse de vez en cuando.

Si todavía queda tarde por delante, podemos alejarnos unos kilómetros hasta Tagle. Su playa, rodeada de acantilados, es uno de esos lugares donde conviene mirar el reloj antes de marcharse. O, mejor todavía, olvidarse de él. Las puestas de sol son una de las imágenes más buscadas de esta parte de la costa cántabra.

Camino de Comillas: playas donde apetece desviarse

Al día siguiente nos vamos hacia Comillas. Poco más de 20 kilómetros separan por carretera ambas localidades, así que las prisas sobran. Y eso es una ventaja, porque entre Suances y nuestro siguiente destino hay varios lugares capaces de alterar cualquier planificación.

Uno de ellos es la playa de Santa Justa, en Ubiarco. Pequeña, recogida entre acantilados y con una ermita prácticamente incrustada en la roca, es una de esas imágenes que justifican por sí solas un pequeño desvío.

Más adelante aparece Cóbreces y la playa de Luaña, otra posibilidad para hacer una parada antes de continuar hacia Comillas.

El Cantábrico comienza así a marcar el ritmo del viaje: pueblo, carretera, playa, acantilado y vuelta a empezar.

Comillas, el capricho más monumental del recorrido

ruta por el Cantábrico
Universidad de Comillas

Llegamos a Comillas y toca cambiar de ambiente. El mar continúa ahí, pero durante unas horas le vamos a prestar algo menos de atención.

Porque pocas localidades de este tamaño reúnen un patrimonio arquitectónico tan singular. El modernismo y la huella dejada por los indianos transformaron la villa entre los siglos XIX y XX y hoy constituyen una de sus grandes señas de identidad.

La estrella indiscutible es El Capricho de Gaudí. Su nombre original es Villa Quijano y es una de las escasas obras que Antoni Gaudí realizó fuera de Cataluña. Cerámica, hierro, formas orientales y los conocidos girasoles de su fachada convierten el edificio en una visita difícil de confundir con cualquier otra.

Pero no está solo.

Muy cerca se encuentra el Palacio de Sobrellano, acompañado de su Capilla-Panteón. El conjunto nos habla del marqués de Comillas y de una época en la que la localidad vivió una extraordinaria transformación.

Y basta levantar un poco la mirada para descubrir otro de sus grandes edificios: la Universidad Pontificia, situada en una posición privilegiada sobre la villa.

Comillas se presta a recorrerla andando. Desde los grandes monumentos podemos ir entrando poco a poco en el casco histórico, buscar la Plaza de la Constitución y el Corro de Campíos, sentarnos un rato en alguna terraza y continuar después hacia otro lugar que, pese a su función, se ha convertido en una de las visitas más singulares de la localidad.

Hablamos de su cementerio.

Su emplazamiento sobre una colina, las ruinas de la antigua iglesia y la figura del Ángel Exterminador, obra de Josep Llimona, hacen que el cementerio de Comillas tenga una poderosa presencia sobre el paisaje.

Después de tanto patrimonio, el final del día vuelve a llevarnos inevitablemente hacia el agua. El puerto y la playa de Comillas son una opción. Pero hay otra que merece unos kilómetros más.

Oyambre, una playa para alargar la tarde

Turismo Cantabria

Nos vamos hacia la playa de Oyambre.

Aquí desaparece buena parte del paisaje urbano y recuperamos el Cantábrico en estado mucho más natural. El arenal forma parte del Parque Natural de Oyambre, un espacio en el que se suceden playas, dunas, marismas, rías y acantilados.

Es uno de esos lugares en los que una parada inicialmente pensada para media hora puede terminar ocupando toda la tarde.

Y tampoco sería un problema.

Caminar por la arena, contemplar la costa o sencillamente sentarse a mirar el mar es suficiente. La carretera continuará mañana.

Rumbo a Asturias

Dejamos atrás Comillas y seguimos hacia el oeste. El viaje continúa todavía durante un buen tramo por Cantabria antes de cruzar la frontera autonómica y entrar en Asturias.

Nuestro destino es Llanes.

Y enseguida aparece una de las características que hacen especial esta zona: el Cantábrico está a un lado y las montañas al otro. La costa llanisca vive prácticamente a los pies de la Sierra del Cuera y con los Picos de Europa muy cerca. Una combinación difícil de mejorar.

Pero antes de lanzarnos a buscar playas, merece la pena conocer la villa.

Llanes, una villa entre el Cantábrico y la montaña

Llanes ©Norbert Cabeza

Llanes es marinera, medieval, indiana y también bastante artística.

Podemos comenzar por su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico. La antigua muralla, la torre medieval, la basílica de Santa María del Conceyu, palacios y casonas recuerdan que estamos en una villa con siglos de historia.

Después toca buscar de nuevo el mar.

Y para ello no hay mejor lugar que el Paseo de San Pedro. Elevado sobre los acantilados y convertido en un enorme mirador natural, desde aquí se contempla la playa del Sablón, buena parte de Llanes, la línea de costa y, hacia el interior, la Sierra del Cuera.

Mar y montaña en una misma mirada.

Bajamos después hacia el puerto, donde nos espera una de las imágenes más reconocibles de Llanes: los Cubos de la Memoria. Agustín Ibarrola convirtió los grandes bloques de hormigón de la escollera en una intervención artística que ha acabado formando parte de la identidad visual de la villa.

El puerto, el faro y las calles del casco antiguo completan un paseo al que conviene dedicar unas cuantas horas. Y si llega la hora de comer, estamos en Asturias. No hace falta explicar demasiado cuál puede ser el siguiente plan.

Llanes y el difícil problema de escoger playa

Después de comer llega una decisión complicada. El concejo de Llanes cuenta con más de treinta playas, así que pretender conocerlas todas en una escapada sería una excelente forma de no disfrutar de ninguna.

Hay que elegir.

Si no queremos alejarnos de la villa, El Sablón está literalmente pegada al casco histórico. Muy cerca queda también Toró, mucho más fotogénica gracias a las rocas puntiagudas que emergen de la arena y del agua.

Pero podemos seguir explorando.

Poo es una estupenda opción si buscamos aguas más protegidas. Barro ofrece la imagen de una playa cantábrica casi perfecta. Y Torimbia, contemplada desde lo alto antes de descender hasta el arenal, es uno de esos paisajes que cuesta olvidar.

Todavía nos queda Gulpiyuri, una pequeña playa interior comunicada con el Cantábrico a través de las rocas, y Cuevas del Mar, donde los arcos y cavidades excavados por el agua convierten los acantilados en protagonistas.

La elección dependerá del tiempo, del estado del mar y de las ganas de seguir conduciendo. Pero hay una recomendación sencilla: no intentar verlas todas.

Este viaje pide exactamente lo contrario.

Una carretera para recorrer sin demasiada prisa

Suances, Comillas y Llanes pueden parecer tres destinos independientes. Sin embargo, juntos forman una estupenda ruta para descubrir esta parte de la costa cantábrica.

Suances pone el ambiente marinero, las playas y los atardeceres. Comillas introduce el patrimonio y algunas de las arquitecturas más sorprendentes de Cantabria. Y Llanes remata el viaje con una mezcla difícil de superar: villa histórica, gastronomía asturiana, acantilados, playas y las montañas apareciendo al fondo.

Entre medias quedan Oyambre, pequeñas calas, miradores y carreteras desde las que el mar aparece y desaparece continuamente.

Por eso conviene reservar al menos tres días para el recorrido. Cuatro serían todavía mejores. No porque las distancias sean grandes, sino precisamente porque son pequeñas.

Y en una ruta como esta sería una pena pasar demasiado tiempo dentro del coche.

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