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12 diciembre 2025

Adolescencia en la pantalla: ¿ Reflejo o distorsión de una etapa clave?

No me ha gustado la imagen que transmite la serie Adolescencia, una de las ficciones más promocionadas en estos días. Y no me ha gustado porque refuerza un estereotipo de los adolescentes que es, cuanto menos, parcial y peligroso. No niego que algunos jóvenes puedan comportarse de esa manera, pero debemos ser cautelosos con la normalización de ciertos perfiles que, a fuerza de repetirse en la ficción, se consolidan en el imaginario colectivo.

Estoy acostumbrada a escuchar el miedo de los padres ante esta etapa y las consignas del viejo paradigma que presentan a la adolescencia como un sinónimo de problemas y cada más intimidantes. Vivimos un momento en el que lo que aparece en pantalla, sin importar el medio, tiene un peso enorme en la percepción de la realidad. Volver a insistir en una adolescencia irreverente hasta límites intolerables es una narrativa que, como sociedad, debemos revisar.

Sí valoro positivamente el enfoque sobre la responsabilidad de los padres frente a la simple asignación de culpa. Muchos de los comportamientos de algunos adolescentes responden a la falta de valores sólidos que deberían inculcarse desde la infancia y en el entorno familiar. Tras una década impartiendo charlas en entornos escolares y escuchando a padres y madres, he observado una permisividad excesiva y una pérdida de autoridad por parte de los adultos, lo que ha terminado por trasladarse a quienes educan a nuestros hijos en la escuela.

Los padres cuestionamos los procedimientos de todos aquellos que intentan educar a nuestros hijos, y ellos, conscientes de que pueden actuar sin ser reprendidos, aprovechan la situación. Nos enfrentamos a una generación de jóvenes que llega al mundo laboral sin aceptar normas ni jerarquías, con dificultades para asumir responsabilidades y con una idea errónea de que pueden hacer lo que quieran sin que les reprenda o simplemente cuestionen sus procedimientos. No pretendo juzgar a los padres ni deslegitimar su esfuerzo diario, tan solo intento mostrar una reflexión en común para encontrar maneras de mejorar la educación y el acompañamiento a nuestros hijos. Ser padre o madre nunca ha sido fácil, y en la actualidad los desafíos son más complejos que nunca. Por eso abogo por la reflexión, aunque tan solo sea para parar un momento en nuestras agitadas vidas. 

Por primera vez en la historia, vivimos en una sociedad de la información con un acceso al conocimiento sin precedentes. Nuestros hijos están más preparados que nunca, con mayores oportunidades para crecer y desarrollarse. Sin embargo, en lugar de reforzar su confianza en el futuro, a menudo les transmitimos una visión sombría de su adolescencia y un porvenir incierto. Tan solo me pregunto si no estaremos contribuyendo a esa profecía autocumplida.

Las noticias escabrosas que vemos en los medios no representan la norma, sino la excepción. Y, sin embargo, tendemos a generalizar y no sé si estamos fomentando el pensamiento crítico sobre nuestros jóvenes. La relación entre la cobertura mediática de ciertos fenómenos, como el suicidio, y su aumento ha sido documentada en estudios de psicología social, hasta el punto de que en algunos países se ha regulado la manera en que se informa sobre estos casos para evitar efectos de imitación.

Me gustaría que esta serie sirviera como oportunidad para revisar nuestros propios comportamientos. No lo que deberían o no hacer gobiernos o diferentes instituciones, sino qué podemos hacer cada uno de nosotros para que nuestros jóvenes se enfrenten a la vida con mayor resiliencia. Y no hay fórmulas que sirvan para todos, la reflexión debe ser individual, porque ni nuestros hijos, ni nuestra familia, ni nuestras circunstancias son las mismas. 

He hablado en otros foros de la falta de madurez de nuestros jóvenes, pero esto también es un reflejo de la inmadurez de los padres que no estamos asumiendo nuestro papel como figuras de referencia. Ser padres no es lo mismo que ser amigos o colegas. Son roles distintos con tareas distintas. Nuestro deber como padres y madres es poner normas, límites y transmitir valores. Y si queremos que las futuras generaciones afronten la vida con herramientas sólidas, debemos empezar por revisar lo que estamos proyectando sobre ellas. Sin culpa, con responsabilidad.

Empezar a reconocer todo lo que son y lo que hacen podría ser un buen comienzo: los adolescentes de hoy, nuestros jóvenes en general también están mostrando un nivel de compromiso social sin precedentes. Según el informe de la UNESCO (2023), las nuevas generaciones están más concienciadas sobre el medioambiente, la inclusión y los derechos humanos que ninguna otra antes. Son resilientes, creativos y tecnológicamente preparados para enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio. A pesar de los retos que enfrentan, los jóvenes han demostrado que tienen la capacidad de adaptarse, innovar y liderar su propia vida.

Nosotros, como adultos, debemos confiar en ellos y brindarles herramientas para que puedan desarrollar todo su potencial. La adolescencia no es un problema por resolver, sino una etapa fundamental de crecimiento y aprendizaje. Mi deseo es que sigamos fomentando toda la diversidad de una etapa y de una generación que necesita confianza, orientación y espacios para desarrollarse. Y del mismo modo, que seamos conscientes de que no todo lo que aparece en la pantalla es fiel reflejo de la realidad. No dudemos de que nuestros adolescentes pueden y lo harán, construir un futuro mejor.

Marisa Felipe. Coach Profesional EjecutivaExperta en Liderazgo para equipos directivos

 

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