El potencial turístico de la comunidad autónoma aragonesa no ha tocado techo. Y sin embargo es innegable que en el campo de los deportes al aire libre, Aragón es un referente a nivel nacional. E incluso a nivel internacional, ya que no hay que olvidar que hace unos pocos meses la provincia de Huesca fue galardonada como el mejor destino de aventura del mundo en la última edición de los World Travel Awards.
Es evidente que la provincia aragonesa más septentrional, gracias a su territorio montañoso, se ha convertido en un paraíso para los amantes del parapente o el barranquismo. Pero lo cierto es que la enorme variedad de paisajes de toda la Comunidad Autónoma aportan muy distintos escenarios para practicar todo tipo de disciplinas a cielo abierto. Más aún durante la temporada estival, cuando el buen tiempo está prácticamente garantizado.

Volviendo al ejemplo del parapente. Los cielos de la localidad ribagorzana de Castejón de Sos son mundialmente famosos por sus extraordinarias condiciones para disfrutar de este deporte. No es una exageración, ya que este lugar ha acogido campeonatos mundiales. Pero no es el único lugar de Aragón donde lanzarse con esta enorme vela para dejarse llevar por las corrientes áreas. Otro lugar fantástico para hacerlo se encuentra en la provincia de Teruel, en concreto en el Monte Javalón, entre Jabaloyas y El Pobo, desde donde despegan numerosos parapentistas y al igual que lo hacen los aficionados al ala delta.
No son las únicas modalidades de deportes aéreos que se desarrollan en los cielos aragoneses. También es posible planear en los aviones sin motor que despegan desde el aerodromo de Santa Cilia de Jaca. O si se prefiere se puede experimentar el placer algo retro de ir en autogiro sobre los paisajes del Sobrarbe. Y también hay posibilidad de vuelos muy singulares en la provincia de Zaragoza, por ejemplo atreviéndose con el paramotor en las inmediaciones del embalse de La Loteta.
Precisamente las aguas de este embalse, habitualmente sacudidas por los vientos del Moncayo, son el lugar propicio para gozar de deportes náuticos como el kite surf y el wing foil. Por regla general, estas disciplinas son más propias de las costas marítimas, pero La Loteta se ha tornado en un paraje inesperado y muy satisfactorio para su práctica.

Hay que decir que la variedad de deportes acuáticos que se pueden practicar en las tres provincias es casi abrumadora. Es habitual divisar distintas embarcaciones a vela sobre las aguas del Mar de Aragón, al igual que los amantes del kayak disfrutan de estas canoas tanto en el pantano oscense de Barasona como en el turolense embalse de Pena. E incluso no es raro ver grupos remando en kayak en el Ebro, frente a la propia Basílica del Pilar.
Si se trata de ríos, algunos de sus cauces también son muy favorables para experimentar las sensaciones fuertes y las subidas de adrenalina que proporciona el rafting. Este modo de navegar por los rápidos fluviales es posible vivirlo de norte a sur de la comunidad. Desde los descensos por el río Ésera en tierras oscenses hasta los recorridos por el Guadalope en Teruel, pasando por los que quizás sean los remolinos más famosos de todos, los que jalonan el río Gállego, sobre a todo a su paso por Murillo de Gállego en la provincia de Zaragoza.

Y a medio camino entre lo acuático y lo terrestre se encuentra otro de los deportes de naturaleza en el que Aragón es un referente desde hace décadas. Se trata de barranquismo, una disciplina que desde hace muchos años se practica en distintos ríos del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. De alguna forma, ahí fueron pioneros, pero a día de hoy no es raro poderse embutir en un traje de neopreno para saltar y rapelar por enclaves tan lejanos por el barranco de Amanaderos de la sierra de Javalambre en Teruel.
Porque a veces se nos olvida que en Aragón hay territorios montañosos más allá de los Pirineos. Y donde hay montañas, hay deportes que practicar, algunos con mayor dosis de aventura que otros. Por ejemplo, escalar. La escalada se practica en infinidad de paredes rocosas del Pirineo, de Guara o en los impresionantes Mallos de Riglos, pero también es habitual escalar en las paredes de cara oculta del Moncayo entre Calcena y Purujosa. O el área entre Morata de Jalón y Chodes, a un paso de Zaragoza, congrega a cientos de escaladores desde hace años. Mientras que no faltan paredes de escalada en tierras torolenses como ocurre en los icónicos Órganos de Montoro.
Al igual que en las tres provincias abundan los caminos para senderistas con todo tipo de nivel e intereses. O los amantes de la bici de montaña, encuentran rutas desde el Sobrarbe hasta el Maestrazgo, donde por cierto hay una tradición de mountain bike realmente admirable.

En definitiva, el slogan de Aragón, tierra de aventura no es nada gratuito. Responde a una realidad y la enorme oferta de ocio, deporte y naturaleza que existe en la comunidad autónoma, que además se traduce en un tejido empresarial cada más más destacado en la economía de las tres provincias.













