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5 octubre 2022

Bodegas Bal Minuta estrena bodega de altura y ecológica, al igual que sus viñedos

A 1.300 metros de altitud y de unas de las viñas más altas de la península ibérica, nace el vino de Bodegas Bal Minuta, un vino con las peculiaridades de la montaña, ecológico y que guarda en su interior la ilusión de un proyecto innovador y arraigado al territorio. Su moderna bodega está integrada en el paisaje de la montaña y es respetuosa con el medioambiente.

Pilar Gracia y Ernest Guasch se conocieron en la universidad, mientras los dos estudiaban enología en la facultad Rovira i Virgili de Tarragona. Tras terminar sus estudios pasaron por Francia, Chile y Cataluña, concretamente el Priorat. En el Valle de Arán comienzan lo que será el germen de Bodegas Bal Minuta, con un estudio climático y de suelos para determinar dónde plantar sus vides. Si algo tienen claro es que quieren hacerlo en altura, junto a los Pirineos, porque solo así conseguirán variedades de uva para hacer un vino con unas características únicas, ya que la diferencia térmica permite una mayor asimilación de aromas y dota a los vinos de una mayor acidez, resultando “más aromáticos, más frescos y con menos graduación alcohólica”. Pilar los define como unos vinos más frescos, que es el objetivo del proyecto que desarrollarán más adelante, pero también “unos vinos más saludables”, porque tienen un mayor número de antioxidantes. “En alta montaña la incidencia de la radiación UVA es mayor, y eso hace que la uva engrose su piel y tenga una mayor concentración de antioxidantes”, comenta.

Bodegas Bal Minuta
Pilar y Ernest con Barbenuta al fondo. (Foto: E. Setuáin)

Pese a todos los beneficios, el viñedo de altura se enfrenta a otras dificultades como los animales salvajes y la necesidad de vallar y cercar las plantaciones o los riesgos climáticos, como las heladas en primavera o el granizo en verano.

¿Cuál era el lugar idóneo para instalar el viñedo de altura? La abuela materna de Pilar es de Barbenuta, una pequeña aldea a 9 kilómetros de Biescas (Huesca), situada a más de 1.200 metros de altitud y abandonada a finales de los años 60. La concentración escolar y el desarrollismo hicieron que este pequeñísimo pueblo se vaciara de vecinos y solo conservaran sus casas como segundas residencias. ¿Recuperar Barbenuta a través del vino? Dicho y hecho. Pilar y Ernest son ahora, junto a sus dos hijos, los únicos habitantes de Barbenuta.

Bodegas Bal Minuta
Barbenuta entre las montañas. (Foto: E. Setuáin)

En el 2012, tras tomar muestras de suelos por toda la ladera cercana a Barbenuta y hacer estudios de viabilidad, Pilar y Ernest comienzan a recuperar campos de Barbenuta y a plantar vides. Variedades como Riesling, Gewürztraminer, Chardonnay, Pinot Noir y Cabernet Franc dieron lugar a las viñas más altas de la península ibérica en ese momento. “En su día fuimos las viñas más altas de la península, pero ahora no lo podemos asegurar porque el viñedo de altura está muy de moda por las características y la calidad que tiene”, apunta Pilar.

En el 2013 recogieron su primera cosecha, que no se comercializó por ser experimental. Hasta el 2015 no se recogieron los primeros frutos de lo que se denominó el Vino de las Nieves, embotellado en Biescas. El proyecto fue creciendo en calidad, con la adquisición en 2016 de garnachas centenarias en Embrún (Valle de Hecho) y con la suma de viñas de los alrededores de Barbenuta.

Bodegas Bal Minuta
Vendimia de octubre del 2021. (Foto: Bodegas Bal Minuta)

Además de unas características propias que han podido demostrar con sus propios pinos, la producción de las cepas de alta montaña también es menor, porque además las extensiones de los terrenos no pueden ser muy grandes. En Bal Minuta son unos 1,2 kilos de rendimiento por cepa, lo que hace que la producción de la bodega sea limitada. “No nos preocupa la cantidad, lo que queremos ofrecer es mejor vino, pero no más botellas; crecer en calidad, y por eso solo sacamos entre unas 8.000 y 10.000 botellas al año. Si una bodega de 40.000 botellas es pequeña… ¿la nuestra qué es? -se pregunta- Nos da igual”, aclara Pilar.

Todos los vinos de Bodegas Bal Minuta son sin sulfitos y solo algunos de ellos pasan un breve tiempo en barrica de roble francés con tostado mínimo.

Bodegas Bal Minuta
Barricas de madera de roble francés de la nueva bodega. (Foto: E. Setuáin)

Nueva bodega bajo tierra

Es en Barbenuta donde recientemente han inaugurado su bodega bajo tierra. A casi 1.300 metros, desde Bodegas Bal Minuta han querido rendir un homenaje a las casas de pastores del valle, de las que todavía quedan restos en la zona, basándose en tres elementos: roca, agua y aire.

La bodega, a menos de un kilómetro antes de llegar a Barbenuta, pasa tan desapercibida que puedes pasarla de largo sin darte cuenta. Precisamente lo que querían lograr con su construcción era una completa integración con el paisaje, una total apuesta por la eficiencia y la tecnología; unos valores que conjugan perfectamente con lo que es Bodegas Bal Minuta.

Bodegas Bal Minuta
Entrada a la bodega. (Foto: E. Setuáin)

“Nosotros trabajamos en ecológico, quisimos que nuestro proyecto fuera en mayor parte sostenible, así que la bodega también debía de serlo. Supuso un desafío arquitectónico enorme, porque tuvimos que construir bajo la montaña, en un campo de la familia, con material de la zona e integrar paisajísticamente todo el edificio. Queríamos que se viera lo menos posible”, argumenta Pilar. Objetivo conseguido: acero cortex, hormigón y cristal se integran a la perfección con la montaña, con tonos marrones y grises. La energía es 100% renovable y se sirve de varias placas fotovoltaicas. Dentro, la higiene en la bodega predomina. “Para nosotros es muy importante, por eso también contamos con materiales como el acero inoxidable, lo más limpio para fermentar”, dice Pilar.

Bodegas Bal Minuta
Acero inoxidable, lo más higiénico para fermentar. (Foto: E. Setuáin)

Con una bodega bajo tierra, lo que se consigue es guardar los vinos en una temperatura constante y evitar los saltos térmicos, “que es la mejor condición para los vinos”. “Sabíamos que en una bodega bajo tierra no haría falta maquinaria para mantener la temperatura constante”, apunta Pilar.

Con esta bodega hacen un llamamiento a conocer a las zonas de montaña tradicionales, al producto de kilómetro cero y apuestan decididamente por el vino de altura. “Nos gusta enseñar lo que hacemos y contar nuestro proyecto porque es muy personal, porque eso no queremos crecer, porque en los productos artesanales hay mucho de las personas que los elaboran en ellos”.

La bodega se puede conocer a través de visitas guiadas o también degustar en su wine bar de viernes a domingo.

Bodegas Bal Minuta
Cata de vino tras una visita a la bodega. (Foto: E. Setuáin)

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