El zaragozano Diego Zapatero, un buen día se lió la manta a la cabeza y cambió radicalmente de vida. Como se suele decir, quiso vivir su propia aventura. Para lo cual se marchó hasta Indonesia con una beca de fotografía para ver que le deparaba el futuro. Un largo viaje tras el cual, este músico con formación en marketing se ha convertido en un singular antropólogo visual.
Empecemos por el principio, ¿qué es eso de la antropología visual?
Antropología visual es fotoperiodismo dedicado a las tradiciones o a la antropología directamente. O sea, es la rama de la fotografía que se especializa en antropología para crear documentos visuales respecto a costumbres, tradiciones, ritos, culturas, etc.
Y tú te has ido a documentar todo eso a la otra punta del globo, ¿por qué desde Zaragoza a Indonesia?
¿Por qué Indonesia? ¡Buena pregunta! La verdad que yo me dedico a la fotografía, pero soy músico también. De manera que hace años, un compañero de mi banda de música me contó que había estado tres meses allí y había sido una experiencia brutal. Yo no sabía ni donde estaba Indonesia exactamente, pero a partir de eso no paraba de ver señales de este país por todas partes y me entraron unas ganas terribles de irme para allá. Además poco después llegó la Expo en Zaragoza y contacté con la embajada para informarme más. Y un par de años más tarde salieron unas becas para realizar un proyecto de fotografía en Indonesia. Resulta que gané y me fui para allí. Aquí tenía una vida normal y muy buena, pero opté por complicármela.
Un poco sí, la verdad. ¿Te fuiste a vivir a Indonesia?
Me fui, me la jugué, dejé todo absolutamente. Y el principio fue duro, porque al mes de llegar entró en erupción uno de los muchos volcanes indonesios. Uno de los más peligrosos del conocido como “anillo de fuego”. De hecho dejó más de 300 muertos. Pero como fotógrafo fue una buena prueba. Mientras la gente huía del volcán yo me acercaba para hacer fotoperiodismo. Fue una aventura bastante peligrosa, y algo egoísta porque luego llegué a la conclusión que la vida te pertenece a ti y también a los que te quieren.
¡Vaya comienzo! Cuenta más por favor.
Luego estuve realizando labores de fotoperiodismo en manifestaciones y ciertos temas sociales. Pero para un extranjero eso era casi más peligroso que el volcán por el control político que existe. De manera que me dejé aconsejar por mi profesor de fotografía y me enfoqué más a los temas culturales. Hasta que por fin encontré mi camino en una expedición que hice a Borneo, famosa entre otras cosas por los cortadores de cabeza. A partir de entonces me he dedicado a la antropología.

Y fruto de ello son los dos libros que has publicado hasta ahora, ¿no?
Ya de vuelta en Java, donde vivía, empecé a ver muchas tiendas donde había máscaras, pero… ¿De dónde sale esto? Porque nunca las había visto y luego descubrí que formaban parte de una danza casi extinta. Me decidí a investigarlo y encontré tres comunidades que mantenían todo el ritual. Con ellas elaboré mi primer fotolibro titulado The Last Breath of the Prince.
Que se puede traducir por “el último suspiro del príncipe”.
Sí. En el ritual con la danza y las máscaras se recrea una leyenda de amor al estilo de Romeo y Julieta. Pero con el toque indonesio y un final feliz. El caso es que es una historia típica javanesa y con el libro colaboré en mantenerla viva y evitar que se pierda, al menos de momento. Por ese motivo fue reconocido por la Galería Nacional de Indonesia.
Eso te animó a seguir y recientemente has publicado una segunda obra titulada Malangan.
En otra zona descubrí hasta 12 comunidades que mantenían esta danza de máscaras. Y lo he documentado durante tres años. Primero buscando toda la información, localizando, contactando con gente y todo eso. Y finalmente, como antropólogo visual tenía que ir a cada comunidad a fotografiarles. Lo hice recorriendo 2.000 kilómetros por caminos y carreteras durante 12 días, llegando a cada sitio, montando mi estudio fotográfico portátil e involucrando a los vecinos en el proyecto para que posaran para mí.
Un trabajo que luego has volcado en un fotolibro completamente artesanal.
Sí, hecho a mano, con dibujos e ilustraciones para comprender el rito y su trascendencia. Con mapas para seguir mi expedición. Con textos para comprender esta manifestación cultural tan especial. Y por supuesto con las fotos colocadas una a una. Pero no solo eso, es un libro que también huele. Literalmente he querido aromatizarlo y que sea capaz de transportarnos a esas latitudes.

¿Te habrás quedado satisfecho?
Mucho. pero todavía no he acabado. Mi proyecto es realizar una pentalogía sobre esta temática. Todavía me quedan tres fotolibros más por hacer.
¿Cuentas con alguna ayuda para lograrlo?
Ninguna. Absolutamente ninguna. Ni de aquí, ni de allá. Pero lo he convertido en mi proyecto de vida. Solo espero que aumentar el ritmo, porque entre el primero y el segundo han pasado nueve años.
Muy aragonés eso. Tesón y tesón. Hablando de aragoneses e indonesios. ¿Cómo te reciben por allí?
Son gente muy acogedora. Y además tienen mucho sentido del humor. De manera que para gente como nosotros, los latinos, nos es fácil relacionarnos. Además el primer contacto es facilísimo porque siempre sonríen. Es su filosofía de vida.
Pero además de sonreír, también hay que hablar. ¿Cómo te entiendes con ellos?
Habló indonesio. Lo estudié antes de ir y allí seguí aprendiendo. Y después cuando me asenté en Java, aprendí javanés que es distinto y algo más complejo.
Admirable, solo nos queda darte ánimos para que sigas con tu proyecto. ¿Cuál es la siguiente parte?
Bueno tengo que ir a Bali y también a la isla de Madura que es algo peligrosa. O sea que va a ser divertido seguir con esto de la antropología visual.
Te deseamos mucha suerte y a ser posible que recibas alguna ayuda económica para proseguir en tu empeño.














