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18 febrero 2026

Goya regresa al Palacio: el íntimo retrato de María Teresa de Vallabriga llega como nueva joya invitada a la Aljafería de Zaragoza

El Palacio de la Aljafería de Zaragoza, joya mudéjar declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sigue brillando con su exposición estrella: Goya, del Museo al Palacio. Inaugurada en diciembre de 2024 para compensar el cierre temporal del Museo de Zaragoza por obras de ampliación, la muestra ha superado ya los 321.000 visitantes en su primer año, consolidándose como uno de los fenómenos culturales más destacados de España en la actualidad.

El 16 de enero de 2026, en un acto solemne celebrado en el emblemático Salón del Trono, se presentó la nueva obra invitada: el ‘Retrato de María Teresa de Vallabriga’ (1783), óleo sobre tabla procedente del Museo Nacional del Prado. Esta delicada pieza sustituye al retrato de su esposo, el infante don Luis de Borbón, y se convierte en el cuarto préstamo rotatorio de la exposición —tras anteriores como el ‘Retrato de José de Cistué y Coll’ o ‘La Virgen con el niño’—. La estrategia de invitaciones periódicas mantiene la muestra viva y atractiva, renovando el interés del público cada pocos meses.

Pedro Olloqui, director general de Cultura del Gobierno de Aragón, protagonizó la presentación y subrayó la profunda conexión aragonesa de Goya: «Era un aragonés que era un buen pintor, que tenía una gran vocación política, una política que interpretaba desde todo el sistema de valores y creencias que tenemos los aragoneses y que él compartía con nosotros. Por eso siempre doy gran importancia a su identidad aragonesa, porque sin ella la figura de Goya, esa figura política, resulta incomprensible».

Olloqui vinculó el año 1783 —fecha del retrato— con un momento clave en la trayectoria del pintor: «1783 no solo es importante para él porque marca el comienzo de su ascenso como político en la corte española, sino también porque es el año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Esto significa que las ideas ilustradas en las que cree Goya y sobre las que se desarrolla como político alcanzan su naturaleza política más importante. Y él tiene una gran fe en ese movimiento ilustrado». Añadió que las relaciones cortesanas de Goya estaban guiadas por esa vocación ilustrada y la creencia en el progreso de la humanidad y de España: «Perdería esa fe más adelante». Cuando la pierde, «Goya comienza a desarrollar los aspectos más atractivos de su pintura política, que encuentra su máxima expresión en los grabados, que conviven con un conjunto de pinturas también de fuerte crítica social. Eso es lo más atractivo de Goya en la historia del arte».

María Teresa de Vallabriga y Rozas (Zaragoza, 1759-1820), aragonesa como Goya, encarna esa intimidad y ternura que el pintor reservaba para sus retratos privados. Hija de un capitán de caballería y de la condesa viuda de Torres Secas, quedó huérfana joven y se trasladó a Madrid, donde recibió una educación refinada. A los 16 años contrajo matrimonio morganático con el infante don Luis Antonio Jaime de Borbón (hermano de Carlos III), 32 años mayor, lo que la apartó de la corte principal y la llevó a una vida retirada en Arenas de San Pedro (Ávila). De esa unión nacieron cuatro hijos, entre ellos Luis María (futuro cardenal arzobispo de Toledo) y María Teresa (la célebre condesa de Chinchón retratada también por Goya).

El retrato, de busto en perfil, es un estudio preparatorio rápido y magistral para el gran cuadro familiar (conservado en la Fundación Magnani-Rocca de Parma). Ejecutado en una hora el 27 de agosto de 1783 —según una inscripción no autógrafa en el reverso—, captura a la joven con porte elegante y expresión dulce: fondo oscuro, luz focalizada en el rostro juvenil de mejillas sonrosadas, labios sutiles y cabello trenzado con lazo azul. Las pinceladas veloces destacan en las transparencias del peinado y el peinador blanco, transmitiendo una simpatía e intimidad notables.

En el contexto de la exposición, que recorre cronológicamente la evolución de Goya —desde sus raíces zaragozanas e italianas, la influencia de los Bayeu, hasta su rol como retratista real y su producción religiosa y crítica—, esta obra refuerza el núcleo de retratos cortesanos en el Salón del Trono. Allí dialoga con depósitos del Prado (como los de Carlos IV y María Luisa de Parma) y otros como el Fernando VII de la Confederación Hidrográfica del Ebro, en un marco mudéjar que añade un valor inmersivo único.

‘Goya, del Museo al Palacio’ no solo rescata obras maestras durante la reforma del museo (reapertura prevista en 2026), sino que transforma la Aljafería en un epicentro vivo del legado goyesco. Con esta nueva invitada, gana profundidad emocional y arraigo aragonés, recordando —como subrayó Olloqui— que sin la identidad y las creencias ilustradas de Goya, su dimensión política y artística resulta incomprensible.

Para los amantes del arte y la historia, una visita a Zaragoza en estos meses es casi obligada: el genio de Fuendetodos dialoga directamente con uno de los palacios más fascinantes de Europa, ahora enriquecido con la serena y luminosa mirada de María Teresa de Vallabriga.

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