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7 diciembre 2022

Arturo Elena: “La moda me empezó a gustar y a atraer cuando tuve conciencia de mi cuerpo”

Arturo Elena es el ilustrador aragonés que ha puesto el nombre de la comunidad en el panorama internacional de la moda. Ha trabajado para marcas como Loewe, Chanel España, Roberto Verino, Lemoniez, Inditex, L’Oreal Paris, Carrera y Carrera, Audemars Piguet, The Extrème Collection, Tejidos Rafael Matías, Benetton y Custo Barcelona entre otras.

Tienes una capacidad innata para el dibujo. ¿Cuál fue tu primer dibujo?

Me gusta dibujar desde muy pequeño. Dibujaba sin parar y llegó un momento en el que me di cuenta que me quería dedicar a ello. Mis padres me apoyaron y ahí empezó todo. ¿Mi primer dibujo? Ni me acuerdo, yo dibujaba todo, lo que me mandaban en clase y luego por mi cuenta lo que podía atraer a un niño: los Pitufos, copiaba personajes de cómic que me gustaban, y también cosas a mi bola que ni me acuerdo… Si quieres vamos a Teruel y abrimos los baúles.

¿Fuiste autodidacta o tuviste formación académica?

Autodidacta, porque solo recibí, como toda persona que ha hecho una formación escolar elemental y en mi caso hasta COU, la formación plástica de tipo académica, pero no encaminada a lo que he convertido mi profesión. Las mismas clases de dibujo o de plástica las recibían los demás, pero yo las terminaba tres meses antes y no es una vacilada. Es la verdad, eso ocurrió en cuarto de bachiller, que es como se llamaba en aquella época.

¿Qué pasó?

Pues que acabé tres meses antes la disciplina que había que cumplir para terminar el curso. Recuerdo que en ese curso se hacía dibujo técnico y no me divertía tanto como la clase de plástica, pero le cogí el tranquillo y lo disfruté igual.

Eres de Teruel, como Pertegaz. ¿De dónde nace tu interés por la moda? ¿Lo tuviste como referente?

No, yo a él lo descubrí cuando empecé a trabajar en este mundo y empecé a saber de personajes ya consagrados. Lo mío de meterme en el mundo de la moda fue casi accidental, porque la moda me empezó a gustar y a atraer cuando tuve conciencia de mi cuerpo, que supongo que es en la adolescencia, que es cuando empiezas a fijarte en qué ponerte o qué no ponerte. Unido a lo que me gustaba el dibujo, empecé a hacer figurines y me di cuenta que me gustaba el mundo de la moda, pero luego vino la evolución de mis circunstancias personales dentro de ese mundo.

Empezaste a trabajar como asistente de diseño en Barcelona hasta que Victorio y Lucchino se pone en tu camino. Ese fue tu primer encargo como ilustrador de moda.

Yo empecé a trabajar como asistente de diseñador y llegó el punto en el que por unos encargos de Victorio y Lucchino en Sevilla descubrí que cuando más disfrutaba era cuando se hacía el trabajo de ilustrador. Como diseñador tu tienes que hacer un dibujo en plano para que el patronista comprenda cómo es la prenda y dónde tiene que ir un corte, una pinza o cuál es la forma del contorno. Esa era la parte técnica, pero cuando yo disfrutaba era cuando se hacía el dibujo de la prenda en perspectiva con su chica dentro moviendo la prenda, que es cuando se hace para los catálogos. Cuando recibí los encargos de Victorio y Lucchino, con quien entablé una bonita amistad y comencé a frecuentar su estudio, yo descubrí que mi vocación no era la de diseñador sino la de dibujar los diseños de otros.

¿Cuándo das ese paso del diseño de moda a la ilustración?

Fue más o menos cuando Victorio y Lucchino en el 92, haciéndolo coincidir con la Expo de Sevilla, lanzaron una colección para pasarela que se llamaba Carmen y al mismo tiempo presentaron el perfume con el mismo nombre. Requirieron de mi trabajo para hacer dos carpetas de prensa, una para el perfume y otra para la presentación de la colección. Esa carpeta llegó a toda la prensa y entre ellos Cosmopolitan, que contactó conmigo en verano y me propusieron hacer la portada de inicio a las páginas de moda de su revista. Lo estuve haciendo del 92 al 2008, que vino la crisis.

Has colaborado con otras muchas publicaciones de moda, ¿cuáles son?

Elle, Telva, Mujer Hoy y Yo Dona… y fuera de España con Angeline’s en Francia y otras muchas ediciones que venían a mí no para encargarme trabajo, para hablar de ello. En Italia, Francia, China… no tengo el contable de todas.

¿Con qué marcas comienzas a trabajar cuando empiezas a ser reconocido internacionalmente?

Aunque en 2008 termino con Cosmopolitan y se restringe mucho el trabajo en ese sentido, que para mi no dejaba de ser una nómina mensual, lejos de irme mal fue todo lo contrario porque aparecieron firmas como la relojería Suiza Audemars Piguet, Bodegas Viñas del Vero, Citröen… y muchas marcas con las que hice trabajos para imagen de firma que está mucho mejor remunerado que para el trabajo editorial.

¿Cómo pasas de la témpera al rotulador?

Empecé trabajando con témpera, pero en mi formación académica había recibido todas las técnicas y una de ellas fueron los rotuladores. Cuando surgió Carmen con Victorio y Lucchino, que era un trabajo que requería muchas imágenes y una rapidez de entrega, había ya en el mercado una gama extensísima de rotuladores que no se limitaban solo a lo que conocíamos a nivel profanos o de calle, a los que se requieren en la escuela. Me decidí a comprar todos los rotuladores de una marca determinada y los utilicé para que el trabajo fuera más rápido y conseguir el mismo tipo de texturas.

Tienes una técnica única, ningún diseñador utiliza el rotulador como tú. ¿Cómo llegas a ella?

Conforme iba elaborando esos trabajos fui descubriendo que en algunos puntos, para realzar las zonas de luz necesitan una herramienta que no me la daban los rotuladores transparentes. Recurrí a otra línea de rotuladores que eran los de tinta opaca. Me decidí a experimentar sin miedo en algunos puntos: metía un blanco a ver cómo me quedaba y lo difuminaba con el dedo… lo fui perfeccionando por mi cuenta y riesgo. Así iba controlando los blancos en los brillos, parece muy sencillo explicado así, pero al principio no lograba las texturas que se logran cuando vas acumulando oficio y errores. El cúmulo del uso de esas herramientas de algún modo me hizo dar con una técnica que no está en ningún libro o método, salió de mi por mi propia necesidad, nadie me dijo cómo hacerla. De hecho, hay centros y universidades que me contratan como profesional para mostrarles en la práctica cómo la uso, porque es algo que no está en los libros.

También te hacen especial tus figuras desproporcionadas. ¿Por qué recurres a este tipo de dibujo?

Digamos que de algún modo la definición del tipo de modelo o personajes es lo que me da el sello. La técnica es algo que viene después, en lo primero se fijan es, como tu definías ahora, un tipo de personaje determinado, particular o peculiar. Eso fue sin planificar. Teniendo en cuenta que estamos en el campo de la ilustración de moda, antiguamente llamado figurinismo de moda, donde siempre se han utilizado personajes estilizados, alargados…  No lo hice con la intención de definir este tipo de personaje como una mujer ideal, lo hice por divertimento, pero al mismo tiempo procurando que los movimientos, la perspectiva, la anatomía, el movimiento y la textura de las prendas fuera lo más realista posible, para que parecieran unos personajes reales. Para que no lleve a equivocación lo hice como un divertimento, hacer figurinismo pero de personajes que están fuera de la realidad. En la realidad no puedes encontrar una chica así. Pero sí, lo que me define es el tipo de personaje que he creado.

En un mundo ya digital, extremadamente rápido, sin tiempo para reposar o meditar los diseños, ¿cómo se adapta una técnica tan manual y artesanal?

En la misma pregunta casi tienes la respuesta. Como abunda tanto la tecnología y el uso de herramientas que están creadas por una máquina, esto es como ocurrirá con la alta costura. Supongo que todo el mundo sabe que no es lo mismo comprar un prêt-à-porter que un vestido de alta costura. Un vestido de alta costura lleva unos acabados artesanales y de algún modo, cuando lo llevas, te diferencia de la producción en cadena. Sin quitarle mérito a quien trabaja con este tipo de técnicas más mecánicas o de ordenador, creo que lo que hace la mano del hombre no es comparable a lo que se puede hacer con o puede hacer una máquina. Yo si cometo un error no tengo vuelta atrás a no ser que luego lo someta a digitalización, que por supuesto siempre lo tengo que hacer para editar la imagen y quitar las partes en las que has cometido un error. Pero aún así no es lo mismo ver un original hecho a mano que ver una impresión. Por otro lado, yo tengo la posibilidad de usar el Photoshop para retoques de edición, para eso sí que me sirve, en eso me adapto a las nuevas tecnologías; lo uso en pasos que antes tenía que hacer sobre el papel a mano y eso me da más tiempo.

Recientemente has hecho la campaña de promoción de Pose, una producción de Ryan Murphy para Fx. ¿Cómo surge?

Inesperadamente, con un email de su equipo de marketing y creatividad en el que nos proponían este trabajo. Tuvimos que hacer una imagen de prueba para ver si era capaz de interpretar lo que ellos iban buscando. Les gustó y eso derivó en ocho imágenes que están todas en las redes. Fue porque vieron mi trabajo en la web o en redes sociales y les gustó, sin necesidad de moverse de Zaragoza.

Precisamente fuiste de esas personas que apostó por vivir en su tierra. Hace mucho que volviste a vivir a Zaragoza, pudiendo hacerlo en cualquier lugar con más vinculación a la moda o que te permitiera un contacto más directo con las marcas. ¿Qué te llevó a quedarte en Aragón?

Aunque soy de Teruel, conozco Zaragoza y viví aquí antes de hacerlo en otros sitios por necesidad profesional y volver definitivamente. Lo hice en el 98, poco antes de la digitalización, y el hecho de poder digitalizar una imagen y que viaje por internet me permite poder vivir en Zaragoza o donde sea. Venir aquí fue por una cuestión personal, pero sobre todo fue porque está ubicada estratégicamente entre Barcelona y Madrid, que es perfecto de tener que necesitar estar en cualquiera de los dos sitios, los dos grandes núcleos profesionales para mi tipo de trabajo. Anecdóticamente, a partir del 2008, mis trabajos de más peso han sido fuera de España y he podido vivir en cualquier sitio. Desde Zaragoza ha partido todo el trabajo para Estados Unidos y no ha sido necesario moverme de aquí, ni para las reuniones previas.

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