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12 febrero 2026

“La meditación no es solo una práctica, sino un camino de vida”: el arte como vía de transformación en Meditarte

Tras una década de práctica e investigación entre museos, templos zen y aulas de arte, Ignacio Mateos presenta un libro que propone una vía de meditación contemporánea basada en la contemplación artística. Una obra accesible y profunda que, como él afirma, “actualiza de manera amena y rigurosa todo este saber ancestral para el lector actual”. El proyecto, desarrollado desde la plataforma Artpath, ya ha despertado el interés de instituciones como la National Gallery.

Este es tu primer libro. ¿Cómo fue enfrentarte a la escritura? ¿Qué significó para ti transformar una práctica tan íntima como la meditación en una obra compartida?

Como descubrirá el lector, «Meditarte» es un libro muy especial. Es el resultado de un proceso que ha durado alrededor de una década de investigación, ejercicio y redacción canalizado a través de la organización Artpath, fundada en Nueva York y desde la cual he estado divulgando la práctica de la meditación contemplativa a través del arte. El ir puliendo, organizando y adaptando para un lector universal todo este conocimiento ha sido un proceso muy enriquecedor que me ha permitido conectar mejor conmigo mismo y también con los demás.   

Vienes del mundo del arte y también de la meditación. ¿En qué momento esos dos caminos se unieron en ti, y cómo nace la idea de Meditarte?

Un día, mientras observaba en un museo una de las versiones de Los nenúfares de Monet, comencé a reflexionar acerca de por qué la observación de ciertas obras de arte me producía un bienestar similar al que experimentaba cuando meditaba. Años más tarde, mientras estudiaba en el Sotheby’s Institute of Art de Nueva York, tras la concesión de una beca de “la Caixa”, comencé a entrelazar, siempre respetando la esencia de las antiguas tradiciones, las disciplinas artística y meditativa hasta fundar Artpath, precursora digital del libro «Meditarte». 

Te formaste en el Zen Buddhist Temple de Nueva York bajo la guía de Samu Sunim. ¿Qué te llevó hasta allí, y cómo viviste ese aprendizaje espiritual y humano?

Mi familia siempre favoreció un entorno enfocado a la lectura y la reflexión. Mi tío abuelo, el Padre Cristóbal Barrionuevo, jesuita misionero en Japón y compañero del Padre Arrupe, fue también parte de mi inspiración en este camino. Tras años de práctica más suelta, fue hace alrededor de una década cuando comencé a desarrollar una práctica más constante y comprometida de la mano del Venerable Samu Sunim, fundador del Buddhist Zen Temple de Nueva York. Me siento muy afortunado de haber podido recorrer un camino guiado por semejantes referentes.

Samu Sunim fue un maestro singular, que combinaba el rigor zen con una gran apertura. ¿Qué enseñanzas suyas están presentes hoy en tu vida y en este libro? 

Algo muy importante que impregna «Meditarte» es ese mensaje de que la meditación no es solo una práctica, sino un camino de vida que ha de ser integrado en nuestra vida cotidiana. También esa defensa de una meditación inclusiva, abierta a todo el mundo, sin rigideces y sin importar de dónde se viene o a dónde se va. 

“La escritura y la lectura nos permiten ver las cosas con mayor claridad. Son excelentes herramientas para discernir entre lo que nos hace bien y lo que no.”

¿Qué diferencias destacarías entre la meditación zen que aprendiste en el templo y el enfoque que propones tú, a través de la contemplación del arte? ¿Son caminos paralelos o complementarios?

Complementarios. Todos los caminos se retroalimentan. El zen ha sido practicado desde hace siglos y aún hoy sigue estando de plena actualidad. Lo que propone «Meditarte» es una metodología actualizada a la realidad de las personas que vivimos en el siglo XXI, tiempos en los que no es tan sencillo encontrar la pausa ni el silencio. Dado que somos una sociedad tan visual, aprenderemos cómo es posible utilizar un motivo como una obra de arte o un escenario para utilizar su estética para ordenarnos y aclarar nuestra mente.

En Meditarte propones un método de meditación contemplativa a través del arte. ¿Qué tipo de transformación personal esperas que experimente el lector al recorrerlo?

«Meditarte» es un método poderoso capaz de ayudar a sentirse bien a aquellos que experimentan su lectura. La práctica de la meditación contemplativa tiene múltiples beneficios que van desde la capacidad de relajarnos, ordenar nuestras emociones o mejorar nuestra concentración, a desarrollar nuestra creatividad y conectar, así, con nuestro auténtico ser.

El libro se estructura en siete bloques simbólicos —agua, tierra, fuego, aire, metal, madera y vacío— cada uno asociado a una obra de arte. ¿Cómo surgió esa estructura y qué papel juegan esos elementos?

Una de las prioridades era que, a pesar de desarrollar ideas sofisticadas o elevadas, el libro fuera fácilmente accesible a todo el mundo, independientemente de que se tengan conocimientos previos de arte o meditación. Con esta estructura de los siete bloques se ha logrado una obra muy disfrutable y agradable de leer; casi como si se tratara de un videojuego al que el lector debe jugar, aprendiendo las habilidades y conectando con las ideas y conceptos que cada bloque entrelaza de manera casi poética. 

Has elegido piezas muy concretas para cada bloque, desde Van Gogh hasta Hokusai. ¿Qué te llevó a seleccionar esas obras y no otras? ¿Qué buscabas que evocaran?

Cada elemento conecta, con gran intención, con una obra de arte así como con las enseñanzas de las grandes escuelas de meditación universal. Se trata de una selección muy cuidada y sorprendente. Por ejemplo, el primer bloque, el más fundamental, nos acerca a la técnica de la respiración, comparándola de manera metafórica con el ritmo sedativo de las olas del mar. Hay mucha sugerencia oculta en el libro. Nada se ha dejado al azar. 

“Lo que propone Meditarte es una metodología actualizada a la realidad de las personas que vivimos en el siglo XXI, tiempos en los que no es tan sencillo encontrar la pausa ni el silencio.”

En el bloque dedicado al fuego hablas de aceptar la imperfección a través del haiku o la cerámica raku. ¿Crees que vivimos en una cultura demasiado obsesionada con la perfección?

Desde luego. Muchos creen que los mitos pertenecen al pasado, pero hoy vivimos inmersos en una sociedad guiada por una gran idealización. La publicidad, la inteligencia artificial o los algoritmos que nos dominan, nos transmiten modelos de perfección imposibles. No podemos ignorar que la imperfección y el sufrimiento son aspectos reales de nuestras vidas y que debemos aprender a convivir con ello de la forma más confortable.

En el capítulo del vacío mencionas a Agnes Martin y su búsqueda de belleza serena. ¿Qué lugar tiene el silencio en tu práctica personal y en el método que propones?

El silencio es fundamental para poder escucharnos a nosotros mismos, pero no debemos obsesionarnos con escapar a un lugar perfecto. Siempre va a haber algo de ruido o molestia. La clave está en saber identificar esos momentos de gran alboroto interior para, intuitivamente, ser capaces de poner en práctica todas estas habilidades que nos van a ayudar a serenarnos.  

Además de ser un libro para leer, dices que Meditarte puede usarse como una herramienta de meditación directa. ¿Cómo recomiendas empezar a alguien que nunca ha practicado antes?

«Meditarte» es un libro que actualiza de manera amena y rigurosa todo este saber ancestral para el lector actual. Creo firmemente en las ideas que propongo y, por ello, considero que esta obra es un excelente punto de partida tanto para principiantes como para los más avanzados, que encontrarán nuevas perspectivas. Recomiendo que la primera lectura sea agradable, sin grandes pretensiones. A partir de lo propuesto, estoy convencido de que cada cual será capaz de ir encontrando el camino que mejor le haga sentir.

“Deberíamos ser más exigentes con nuestra dieta visual; dedicando más tiempo a motivos de calidad en lugar de a esos scrolls casi infinitos de imágenes insípidas.”

Has fundado Artpath, una organización pionera que ha llevado este enfoque a museos y entornos educativos. ¿Cómo ha sido la respuesta institucional y del público?

A partir del lanzamiento de Artpath, muchos grandes museos, como la National Gallery, comenzaron a desarrollar contenidos para meditar con obras de sus colecciones. Estoy muy agradecido por todos los mensajes de agradecimiento y de apoyo, no solo de galeristas, coleccionistas o artistas, sino también de personas anónimas a quienes el libro les está tocando positivamente. El otro día, por ejemplo, recibí un mensaje muy emotivo de una madre que había estado jugando con su hija a meditar mientras se lo leían la una a la otra. Otra persona me escribió diciendo que le había gustado tanto que se lo había leído del tirón en el avión. La verdad es que no puedo estar más feliz con la acogida.

El arte, dices, puede convertirse en una vía de meditación cotidiana. En una era donde las imágenes nos saturan por todas partes, ¿crees que hemos perdido la capacidad de contemplar?

Sí. Creo que es importante que recuperemos nuestra capacidad de aflojar nuestro ritmo y de discernir. Deberíamos ser más exigentes con nuestra dieta visual; dedicando más tiempo a motivos de calidad en lugar de a esos scrolls casi infinitos de imágenes insípidas, mucho menos nutritivas para nuestro ser.

El libro incorpora prácticas muy diversas: mindfulness, mandalas, visualización, haiku, baños de bosque… ¿Qué tienen en común y cómo se integran sin perder coherencia?

El libro los presenta y desarrolla de la manera más bella y coherente que he sido capaz. Todas estas técnicas o recetas tienen la capacidad de permitirnos aprender a localizar y a reconectar con nuestros valores más esenciales. 

Muchos de estos bloques recuerdan, por su simbolismo y progresión, a los chakras del sistema energético hindú. ¿Fue una conexión consciente o una coincidencia arquetípica?

La verdad es que no lo había pensado. Todas las escuelas de meditación, del budismo zen a la dimensión contemplativa de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, tienen determinados patrones, ritmos y rituales que guardan gran similitud. Estoy convencido de que todos los seres vivos estamos mucho más conectados de lo que la ciencia es capaz de demostrar. 

Por último: después de este viaje artístico, espiritual y también personal, ¿qué has descubierto tú sobre ti mismo escribiendo Meditarte?

La escritura y la lectura nos permiten ver las cosas con mayor claridad. Son excelentes herramientas para discernir entre lo que nos hace bien y lo que no. Todo este proceso me ha permitido conocerme mejor y aprender a estar más en paz conmigo mismo y también con los demás.

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