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29 mayo 2022

Jorge Gil: “Me siento cómodo haciendo muñecos, es algo que despierta desde ternura a pánico”

El artista contemporáneo Jorge Gil (Jaca, 1981) desarrolla su actividad artística en torno a la identidad del individuo, la pérdida o el paso del tiempo. La escultura, a través de los muñecos, las marionetas o autómatas son su principal medio de representación, que conjuga con lenguajes como la pintura o el audiovisual.

Naciste en Jaca, ¿Cuánto tiempo estuviste allí?

Viví hasta los 16 de seguido, después me fui a Pamplona a estudiar el bachillerato artístico. Aunque lo más cercano era Zaragoza, mi padre trabajaba en Pamplona y tenía un piso alquilado. Pero a Jaca íbamos todos los findes, veranos, puentes… mi familia estaba allí. En vinculación con Jaca he estado muchos años.

¿Cómo empieza tu interés por el arte y la escultura? ¿Se fomentó en tu casa?

Por la escultura fue más mayor, pero por el arte desde muy pequeño. Mi abuela materna, la de Jaca, pintaba, era autodidacta. Desde los tres años recuerdo verla pintar y tuve muy claro que quería hacer bellas artes desde muy pequeño. A veces no es lo que tu familia quiere que hagas, porque quiere que seas un hombre de provecho, pero me ha ido muy bien. Empecé ciencias puras porque no se me daba mal, pero yo creo que tienes que estudiar lo que te gusta. Estudié en Salamanca y me quedé allí.

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(Foto: Jorge Gil)
¿Cuáles han sido los elementos que definen tu trabajo artístico?

Yo empecé como empieza la mayoría de los artistas: pintando. Es lo más fácil, lo que tienes más a mano, en casa, en la carrera… La última etapa en Pamplona hice un ciclo de escultura, empecé a jugar a dos bandas, entre pintura y escultura. La carrera la hice híbrida entre pintura, escultura y audiovisuales. Depende lo que quieras contar es mejor un medio que otro, incluso una instalación, una performance, ponerte a coser, en definitiva son retos… No me defino como artista pintor o artista escultor. Todo depende del proyecto que tengas en la cabeza, soy aprendiz de todo o maestro de nada. Yo me aburro en seguida, me quemo muy rápido, así que prefiero retos nuevos.

Por eso de la escultura has evolucionado hacia la instalación o el carácter perfomativo.

Sí, también he hecho mucho grabado, con retos más experimentales y más raros. Por ejemplo, he trabajado el grabado con un centro de investigación, probamos técnicas nuevas con electricidad, mezclamos tintas de impresora, buscamos nuevos lenguajes y nuevas herramientas que no son medios tan artísticos, digamos que son medios de andar por casa que no tienen que ver con los convencionales.

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‘Crisálidas’, de Jorge Gil. (Foto: Jorge Gil)
Se le suele preguntar a un artista qué materiales utiliza, pero en tu caso veo que no es una pregunta al uso…

(ríe) Utilizo todo. Piedra, madera, fundición, lo típico de escultor de pura cepa… pero luego también he utilizado peluches gigantes, cosas plegables o guardables porque no cabíamos en casa. Crisálidas viene de esa idea, una instalación gigantesca que cabe en una maleta. Cuando la expuse en el Museo Judío de Berlín la llevé en una maletita. Ahora estoy trabajando con cemento negro, hierro… Tengo una pieza que es como una especia de ouija con hierro con dispositivos electrónicos. Poco a poco te metes en jardines más difíciles y que cada vez son más reto.

Otro de los proyectos donde investigamos esos nuevos lenguajes fue el de conectar el pueblo Malpartida (Cáceres) con el Museo Vostell Malpartida, que esta a unos kilómetros. Era una pieza interactiva grande que llevaba lo que sucedía en la plaza Mayor al museo. ¿Es escultura, es pintura? Es más instalación o arquitectónico, es una pieza artística y buscas la manera de representar lo que quieres a través de ese lenguaje. En definitiva, esta es una de las características de los artistas contemporáneos, aunque hay de todo, y muchos siguen queriendo ser considerados pintores a secas. A mí no me ha gustado nunca catalogarme. El lenguaje depende el proyecto.

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‘Los impostores’, una instalación realizada con peluches de conejo rosa. (Foto: Jorge Gil)
¿Sigues utilizando pintura?

Sí, lo que llevé a la bienal de Jerusalén hace dos años fue una pintura. Pero una pintura especial que cuando les da el sol se va. Es una obra que habla sobre la memoria, unos personajes que están hechos con unas pinturas que son fotosensibles, cuanto más tiempo permanecen expuestas algunos personajes apagan. Algún día no existirán, quizá solo una leve apreciación de una silueta suelta. Lo que me gusta demostrar es que puedes hacer cosas distintas siendo pintor. Los pintores siempre han querido buscar los barnices y las pinturas mejores y más resistentes, que perduren para siempre y a mí me interesa, en cambio, lo contrario, que desaparezca. Es un cambio de paradigma.

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Pintura de ‘Family Portraits’ que habla sobre la pérdida de identidad, individual y de grupo. (Foto: Jorge Gil)
Esto liga con la idea de la identidad del individuo que siempre presente en tus obras.

Sí, es una de las ideas fetiches y también la idea de grupo. Hago retratos grupales. Compro por Ebay fotos, quito y pongo gente: cojo una foto de una familia alemana del siglo XIX y pongo una foto de mis amigos del instituto… La identidad es construida siempre. El proyecto de Family Portraits viene de una historia de Jaca. Una tía abuela mía estaba viendo un libro sobre la historia de Jaca, enseñándome unas fotos y discutiendo sobre quién era quién. Cuando vas a la correlación de números y nombres veías que era otra persona totalmente diferente. Te das cuenta de que la foto no coincide con el nombre que te asigna, porque hay una errata, se te saltan… no es relevante, pero en otras esferas sí, te vuelan de la historia de tu pueblo. Christian Boltanski, que falleció hace poco y es para mí una referencia, dijo una frase muy interesante que yo suelo recordar “ahora un día morimos dos veces, la muerte física; y la segunda, cuando ya nadie te reconoce en una fotografía”. Es decir, esa segunda muerte es cuando pasas al olvido, al anonimato, y eso me parecía muy interesante; que la memoria histórica y grupal es muy relativa, depende del contexto y de la fuente.

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Muñecos Play Movil intervenidos artísticamente para hablar de la duplicidad de identidades en ‘The value of things’. (Foto: Jorge Gil)
El muñeco es una figura siempre presente en tus obras para representar a ese individuo anónimo. ¿Por qué te atrae tanto esta figura?

El muñeco, que es un poco despectivo para los escultores, a mí me parecía muy interesante y por eso hice la tesis sobre el muñeco en el arte. El muñeco trasciende el concepto de estatua. El muñeco es algo que no es ajeno a nosotros, todos hemos tenido un muñeco, desde el Paleolítico, pasando Roma, hay muchos motivos en la antigüedad de muñecos… hasta Gusiluz que es la variación de las muñecas quitapenas de Guatemala. El muñeco tiene algo mágico y ritual. Me sentía cómodo haciendo muñecos, es algo que despierta en los individuos sentimientos antagónicos, desde ternura a pánico. Un muñeco puede tener una forma más estética, menos o más bonita, más acorde con el paisaje o no. Yo hago todo tipo de muñecos o los integro en otras instalaciones.

¿En qué otros artistas te has inspirado para desarrollar tu obra?

Juan Muñoz y Christian Boltanski hacían muñecos, Louise Bourgeois los hacía de fieltro y Annette Messager tiene muchos peluches. En los 80 o 90 se convirtió en un elemento catalizador para generar una sensación en el espectador. Uno siempre busca generar una sensación en el espectador o ver qué pasa. Pero nunca una indiferencia, al final es como una canción.

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Detalle de uno de los muñecos de Jorge Gil. (Foto: Jorge Gil)
Dentro de esas sensaciones, ¿buscas despertar algún sentimiento en concreto en el espectador?

Normalmente no, intento ir por capas. Hay obras que son fáciles de entender como Family Portraits, otras como la que va del conejo de la suerte o Los Otros son más complejas de explicar porque son más autobiográficas, y ahí buscas una sensación pero no siempre consigues lo que tu sientes, pero no por eso deja de ser válido. Todos los relatos que nos construimos son válidos y más en los tiempos en los que vivimos, que dependen de la fuente en los que lo estés leyendo. En una pieza artística pasa exactamente lo mismo.

¿Qué otras ideas trabajas en tus obras?

Trabajo mucho la idea de la pérdida, cómo afrontamos la pérdida de un ser querido, de la suerte, de dineroTambién hablo de las enfermedades mentales, que enfoco desde temas muñequísticos porque me resulta más cómodo hacerlo así y es más digerible para el espectador. Muchas veces recuerdan a las vírgenes de palo que se utilizan en imaginería. Me resultan mucho más potentes que si estuvieran vestidas, que se vea lo que no se tiene que ver, es parte del concepto. En el proyecto de Los Otros construyo las figuras de esa manera, normalmente lo que el escultor no quiere mostrar, la parte de la madera que no está lijada.

Los Otros es uno de tus proyectos en los que se puede ver ese trabajo en torno a la identidad del individuo. La instalación 2 representa a unos maniquís sin expresión sujetando una marioneta, ¿qué mensaje quieres lanzar?

Esa parte de Los Otros son tres autorretratos míos: un actor y dos espectadores. Las caras están realizadas con mis moldes. El actor lleva una marioneta, que también soy yo. Representa un acto interno, cuando tú, a ti mismo, te teatralizas e intentas comprender cosas. Es un proyecto que habla de cómo funcionan tus pensamientos, tu personalidad, cómo vas enmascarando cosas, te pones capas y escudos… El núcleo central sería esa escena que ahora forma parte de la Colección Rucandio de Arte Contemporáneo que se puede ver en Torre de Don Borja en Santillana del Mar.

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Cuerpo central de la instalación ‘Los otros’. (Foto: Jorge Gil)
¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy preparando una exposición que tengo en verano en el Matadero de Monzón de Campos (Palencia) en colaboración con una colección de marionetas de un coleccionista de Madrid. Es un diálogo entre las marionetas con unas más grandes que he realizado yo.

Has expuesto por toda España y también en Colombia, Portugal, Italia, Inglaterra, Alemania, Israel… pero nunca en Aragón. ¿Te gustaría hacerlo en Jaca o en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza?

No he expuesto en Aragón, no ha surgido y tengo muchas ganas. Tengo familia allí y sería la excusa perfecta. Pero no me han llamado todavía y a mi llamar a los museos no me resulta algo cómodo.

¿Qué relación guardas con Aragón?

Sigo teniendo amigos en Jaca, a mi familia pero voy poco por cuestiones de trabajo. Estuve unos años viviendo en Extremadura y me pillaba muy lejos, pero ahora que estoy en Salamanca, vamos un poco más, aunque no tanto como nos gustaría.

¿Qué artistas contemporáneos aragoneses valoras?

Jorge Vicén, Antonio Fernández Alvira, Gema Rupérez, Jorge Isla…

¿Qué museos aragoneses nos recomiendas?

Al ir poco estoy un poco desconectado, pero desde luego el IAACC Pablo Serrano es toda una referencia en arte contemporáneo. También me quedo con el Pablo Gargallo, la casa de Goya en Fuendetodos, el CDAN de Huesca, el Museo de Dibujo de Larrés, el Centro Cultural el Matadero de Huesca… y el Diocesano de Jaca, por tirar para mi tierra, que ha quedó muy bien tras la restauración.

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