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16 octubre 2021

Esther Borao: “El potencial que tienes desde un instituto tecnológico se multiplica”

Es ingeniera robótica y maker. Su pasión es unir la tecnología con la creatividad para crear. Fue la detonante de Coronavirus Makers, grupo de Telegram imprescindible durante la pandemia y que ahora se ha convertido en una asociación nacional. Dirige el Instituto Tecnológico de Aragón, ITAINNOVA.

Fue la promotora de Coronavirus Makers, ¿Cómo nace la idea?

Yo puse la primera semilla, pero fue algo que tuvo vida propia. El jueves de antes del confinamiento me empezaron a llegar diferentes feedbacks, como que la gente no iba a poder ir a hacer la compra, o me llamó Raúl Oliván, promotor de Frena La Curva, para decirme que quería poner en contacto a todas esas personas que no iban a poder ir a trabajar e iban a tener tiempo libre para ayudar. Vi que en Italia estaba habiendo falta respiradores en las ucis y creo que era Irlanda donde también habían creado un grupo para ayudar… Así que pensé en crear un grupo de Telegram.

¿En qué derivó?

Se empezó a meter mucha gente y en dos semanas había más de 16.000 personas de muchísimos sitios. Había mucha gente involucrada y se generaron líderes que fueron promoviendo la iniciativa. Desde ITAINNOVA estuvimos ayudando. Se empezó con el tema de hacer respiradores y se crearon subgrupos de diseño, hardware, información… David Cuartielles y César García hicieron un foro para conectar a los sanitarios con los makers para que trabajar juntos. También por comunidades autónomas se crearon subgrupos para resolver otras necesidades de la pandemia, como la creación de viseras con impresoras 3D. Fue una red muy bonita porque los makers las hacían, los taxistas las llevaban… se creó una gran red de colaboración. Hubo gente de Latinoamérica que también se unió.

¿Cómo se ayudó desde ITAINNOVA?

Nosotros desde ITAINNOVA creamos el grupo Coronavirus ITA para ver qué iba sucediendo con los respiradores e ir ayudando a la parte de Aragón. En Aragón hubo siete respiradores, pero luego quedaron mas avanzados dos, aunque ninguno llegó a la validación por la Agencia Española del Medicamento. Con el modelo desarrollado por Jorge Cubeles, Luis García y la empresa BSH, estuvimos ayudando en la parte técnica y asesorando en los pasos para la validación y certificación. Pero llegó un momento de la pandemia en los que los respiradores ya no eran tan necesarios y como eran unos aparatos tan complejos no llegamos a terminar la fase de validación. Pero ahí están si quisiéramos retomarlo en otra situación similar. Con las viseras, acondicionamos un espacio en ITAINNOVA al que venían voluntarios a montarlas, porque aquí teníamos los materiales y desde Frena La Curva de Aragón Gobierno Abierto venían a recogerlas y se las llevaban a las residencias y otros centros.

Se involucró hasta la Nasa en el proyecto de Coronavirus Makers.

Sí, fue con el respirador que salió de Asturias, de Marcos Castillo. Ellos se pusieron en contacto con la Nasa.

Esther Borao Posa en la sede de ITAINNOVA.

Ahora que ha pasado realmente el momento crítico… ¿qué queda de toda esa iniciativa?

Han creado una asociación que se llama Más que Makers, para promover iniciativas ciudadanas y soluciones abiertas y estar preparados para si vuelve a ocurrir algo similar, una pandemia, epidemia o algo excepcional.

¿La pandemia ha servido para dar a conocer la importancia de un maker?

Ha servido para dar a conocer qué es un maker y qué se puede hacer con las impresoras 3D, todas las posibilidades que tienen. Antes la gente igual lo veía como un juguete para crear tus cosillas pero no para crear cosas que sirven a otros. Al final, con esto podemos difundir qué es un maker, que en definitiva es aprender, compartirlo con otros y que otros aprendan de ellos. Ha servido para difundir los valores que hay detrás del mundo maker.

¿Cómo supo que quería ser maker?

Cuando terminé la carrera me gustaba mucho el tema de programar con Arduino, la programación creativa… es algo que aprendí por internet mientras estudiaba. Me gustaba mezclar arte con tecnología. Cuando te enseñan algo que es a través de internet, quieres devolverlo. Cuando vine a Zaragoza después de terminar la carrera en Sevilla, conocí más gente con esas mismas inquietudes que yo tenía, era la Asociación Makeroni Lab, donde desarrollábamos proyectos sociales, tecnológico-artísticos… y todo lo que hacíamos, lo compartíamos open source. Ahí me empecé a meter en el mundo maker. Organizábamos el Arduino Day Zaragoza al que le tengo un cariño especial porque lo estuve organizando cuatro años (el último no se pudo por la pandemia) junto a muchos compañeros, entre ellos el zaragozano David Cuartielles, que es cofundador de Arduino.

Su primera experiencia con la educación fue Innovart. ¿Cómo surge?

A raíz de Makeroni Lab estuve trabajando en el Hormiguero un año. Llevamos un proyecto y estuve en la sección de ciencia. Después de eso montamos Innovart, que fue derivando al tema más educativo. Gestionábamos la Remolacha Hub Lab y terminamos derivando en Academia de Inventores. Tenía esa vena maker de crear dentro de mí.

¿Cómo es enseñar a niños a ser maker?

Es enseñarle a aprender a hacer las cosas. Yo soy una persona más visual, que aprendo creando cosas. No soy de memorizar, tengo que entender las cosas y hacerlas. Es un aprendizaje distinto que mezcla distintos ámbitos. De esta manera aprenden ciencia y tecnología utilizando el arte y las formas creativas. Además, sobre todo los más pequeñitos, son como esponjas. Con Academia de Inventores conocen gente diferente, a otros niños con sus mismas inquietudes, que les gusta la programación, la electrónica… y es una manera de ponerlos en contacto y de que empiecen a frikear juntos.

Esther Borao, directora de ITAINNOVA, fue la impulsora del grupo de Telegram Coronavirus Makers

Otro proyecto educativo fue The Ifs, una familia de robots de juguete para enseñar a programar a los niños que finalmente no llegó a salir a la luz.

The Ifs empezó en el 2017, casi en paralelo a Innovart, con los chicos de Makeroni Lab. En enero del 2020 sacamos una campaña de crowfunding para poderlos financiar y comercializar, aunque al final no salió. Yo siempre digo que de este fracaso me he llevado muchas cosas buenas. Gracias al proyecto he podido estar en Gambia por ser considerada como una de las treinta jóvenes líderes de Europa y África. Fuimos Luis Martín que presentaba la academia y yo que presentaba The Ifs.

¿Cómo fue la experiencia?

Visitamos la ciudad y nos llevaron para motivar e inspirar a otros. Estuvimos por las radios y las teles de Gambia y eso te da una visión de otras realidades, porque aquí vives en tu burbuja Te das cuenta de lo que queda por hacer allí y lo que la tecnología puede ayudarles para aprender y tener más conocimiento en otras áreas.

Gracias a The Ifs fuiste seleccionada por la embajada de Estados Unidos para el IVLP alumni por EEUU en el programa “Women in Entrepreneurship” en 2019.

Si, fueron tres semanas con una mujer de cada país del mundo y nos llevaban por diferentes lugares de EEUU para conocer el ecosistema emprendedor de allí. Con la Beca Santander viajé también a Sillicon Valley para conocer también la red las empresas. The Ifs no ha salido, pero me he llevado muchas experiencias vinculadas al proyecto.

¿Podrá hacerse realidad algún día?

La tecnología cambia muy rápido y depende de muchos factores: que haya financiación, que sea el momento, que haya esa concienciación de la programación que sí hay en Estados Unidos… es complejo, pero nunca se sabe.

Recientemente ha sido el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. ¿De niña se veía siendo ingeniera robótica?

A mí me gustaba pintar, dibujar y también las matemáticas y los ordenadores, pero casi tiraba más por ser diseñadora de moda. En general separamos siempre mucho las ciencias de las artes. Mi familia me decía que me metiera en alguna ingeniería que tenía muchas salidas, así que cuando tuve que decidir, que casi fue el día de antes, me matriculé en ingeniería industrial, porque me parecía la más global. Lo hizo con la idea de descubrir lo que más me gustaba. Yo tenia ese lado más creativo y elegí la parte más electrónica. También me metí en cosas de moda por mantener y fomentar aquello que me gustaba, y seguí como modelo de fotografía. Cuando terminé la carrera y me puse con la formación a niños y niñas y talleres de adultos, hacia ropa electrónica. Hay un hilo conductor que permite hacer tus propias prendas con luces e hicimos talleres con ropa luminosa.

Ahora también se dedica a acercar la tecnología a las niñas a través de programas de divulgación.

Lo hago desde ITAINNOVA porque tengo menos tiempo. Damos charlas para ayudar a inspirar y que vean que se pueden hacer muchas cosas a través de la tecnología. Siempre les explico que lo más importante es experimenta, que experimenten y prueben, porque no pueden saber si les gusta algo si no lo prueban. Es algo que no es ni de chicos ni de chicas, claro. Yo veo que la ingeniería te ayuda a buscar soluciones a los problemas, te da muchas herramientas para la vida. Pero me gusta mezclarlo con la parte artística.

¿Se siente como una referente por su género y edad?

Por un lado sí, pero por otro lado te da mucho respeto. A veces te escribe gente porque se sienten identificados con algo que has dicho en una charla, o te da las gracias porque les has inspirado o ayudado. He ido consiguiendo cosas que pueden ayudar a otros y ven que hay posibilidades de lograrlo. Si yo lo he conseguido, otras también podrán hacerlo.

ITAINNOVA, en coordinación con Unizar y el IAF, promueve el Digital Innovation Hub, una ventanilla única de servicios hacia las pymes para su digitalización.

Ahora dirige ITAINNOVA, ¿cómo ha sido ese cambio de la creación a la gestión?

Ha sido un cambio grande. El potencial que tienes desde un centro tecnológico se multiplica porque todas esas ideas que quieres desarrollar se pueden hacer gracias a personas que trabajan y que tienen tanto talento. Puedes ayudar a muchas empresas.

¿Qué está aprendiendo en esta etapa?

¡Qué no estoy aprendiendo! Ha sido un año muy diferente con la pandemia, de mucha incertidumbre, aunque yo soy una persona que se mueve bien en la incertidumbre. He durado un año en cada empresa en la que he estado, me gusta cambiar y hacer cosas diferentes. Es algo que me viene bien y en el ITA hago una cosa diferente cada hora. En los últimos meses he aprendido cosas que no hubiera imaginado, a ser súper ágiles, a acondicionar el centro, a coordinarnos con el teletrabajo, y también todo lo que tiene que ver con la parte pública, muchos temas de financiación europea…  todo desde esta parte de la gestión te da una visión más amplia de cómo funciona el mundo.

¿Qué proyectos de ITAINNOVA tienen más proyección?

Hemos lanzado el programa INNOIDEA 2020 para ayudar a los negocios a través de la parte tecnológica, porque cuando se hacen programas de emprendimiento siempre se centran mucho en la parte de la empresa, pero no en la de la tecnología y queremos ayudar a hacer un mínimo de producto viable para que los emprendedores aragoneses puedan hacer negocio más allá. De cara a Europa tenemos el Digital Innovation Hub, que quiere ser una ventanilla única de servicios hacia las pymes para digitalización, somos coordinadores junto a Unizar y al IAF. Estamos creando una comunidad de pymes de cualquier sector para digitalizar y ayudarlas. Próximamente lanzaremos un bootcamp tecnológico para menores de 35 años para desarrollar por equipos proyectos en base a retos de programación electrónica y ayudarles después a que los presenten.

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