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29 mayo 2022

Huesca abre “El Cajón de las Fotos” de Ramón y Katia Acín

Un espacio de recuerdos. Eso es lo que ofrece la muestra “El Cajón de las Fotos”, de Ramón y Katia Acín, que recoge fotografías de la familia y que las hijas Katia y Sol Acín conservaron tras el asesinato de sus padres en 1936.

La exposición, organizada por el Ayuntamiento de Huesca con la colaboración de la Fundación Ramón y Katia Acín y Fundación Ibercaja, estará abierta desde este miércoles 22 de diciembre y hasta el próximo 21 de enero en el Centro Ibercaja Huesca – Palacio Villahermosa.

No se trata de un fondo de fototeca de un material profesional, sino de un fondo privado, familiar, que fue principalmente generado y/o recolectado por la familia formada por Conchita Monrás (Barcelona, 1898 – Huesca, 1936) y Ramón Acín (Huesca, 1888 – 1936) y sus dos hijas, Katia (Huesca, 1923 – Pamplona, 2004) y Sol (Huesca, 1925 – Zaragoza, 1998). 

Las fotos provienen de cajas, bolsas, de amigos de la familia. La mayoría de anónima autoría, pero también hay imágenes de fotógrafos como Ricardo Compairé. Con esta muestra, modesta en su montaje pero intensa en sus vivencias, se ofrece a los visitantes fragmentos del calor de unas vidas, cortas pero vividas con libertad. 

RAMÓN ACÍN 

Tal y como señalan desde la Fundación Ramón y Katia Acín, sintetizar la figura de Ramón Acín “es asunto difícil”. 

Su vida forja la trayectoria de un humanista nacido a finales del siglo XIX, con una extensa cultura y una particular forma de ver el arte. El humanista y polígrafo Acín dedicó su vida a la renovación pedagógica y construyó una vida y una práctica coherente en todos sus ámbitos. El personal, el pedagógico o el artístico se entremezclan en sus actuaciones, en sus obras, en sus escritos periodísticos y en su intensa labor anarcosindicalista.

“Dirigente de la CNT oscense, con una proyección que le llevó al exilio tras la frustrada Sublevación de Jaca, no era un político al uso. Su amplio trabajo pedagógico no se redujo al ámbito escolar. Creía que la sociedad sería más libre con más cultura y con unos medios de supervivencia que humanizaran la vida de la clase trabajadora. Los intolerantes sabían que en la pedagogía, en la libertad de pensamiento y de actuación, estaba su enemigo. Por eso fue uno de los primeros asesinados en Huesca tras la sublevación fascista de 1936”, explican desde la Fundación.

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