Nos reunimos con Kumiko Fujimura, pintora japonesa que lleva asentada varias décadas en Zaragoza. Queremos que nos cuente más de su arte y de su cultura. Y mientras charlamos, ella aprovecha para pintar una de las más imágenes más típicas de la iconografía nipona: unas grullas. Las grullas que tanto conocemos en Aragón y que en su país de origen simbolizan la paz, la larga vida y la buena suerte.
Kumiko eres artista, docente, dinamizadora cultural… Una persona multifacética, preséntate tú misma…
Soy Kumiko Fujimura, Presidenta de la Asociación de Cultural Aragón-Japón, que hemos montado en el 2004. Llevamos más de 21 años haciendo cosas para difundir la cultura japonesa en Zaragoza. La montamos con varias personas, profesoras de universidad, especialistas de arte japonés y gente que quiere mucho a Japón y le atrae.
¿Qué hacéis desde esta asociación?
Cada primavera festejamos el hanami o sea la floración de los cerezos. Además tenemos el grupo Kamidaiko que se dedica a tocar el taiko, nuestro tambor tradicional. Y por supuesto salimos todos los días del Pilar a la Ofrenda de Flores, ataviados con nuestros mejores kimonos.

Además preparáis cursos de aspectos puramente nipones. ¿Se puede apuntar cualquier persona o sólo los socios?
No hace falta ser socio. Cualquier persona puede venir y apuntarse. Todos sois bienvenidos. Hacemos jornadas de ikebana, también de caligrafía. Y de papiroflexia, o sea de origami. De hecho colaboramos con el Museo de Origami que está en el Centro de Historias. También hacemos talleres de bonsáis y de artes marciales. No paramos y colaboramos con otras instituciones como la Casa de las Culturas.
¿Cuántos miembros sois?
La fundamos 7 personas y ahora somos más de 500. No está mal, teniendo en cuenta que en Zaragoza sólo estamos unos 50 ó 60 japoneses. O sea que la mayoría son maños.
También organizáis cursos de pintura y ahí tú eres tremendamente activa.
Sí, yo soy pintora. Pintó según el arte japonés de sumi-e. Para eso solo uso tinta sumi. Una tinta negra que sale de humedecer un bloque de carbón y cola de conejo. Con eso se pinta sobre papel de arroz. Por cierto lo llamáis así, pero no lleva arroz. Simplemente es papel japonés. Es un tipo de pintura tradicional, aunque son mucho más conocidas las estampas de ukiyo-e. En las estampas hay colores, en cambio en el sumi-e todo se hace con gamas de negro y gris.
Y esa manera de pintar lo enseñas en los cursos de la asociación, ¿no?
Sí, atrae mucho el proceso de esta pintura y los alumnos buscan aprender, pero también relajarse con la forma de trabajar. Se basa en copiar de otro dibujo y hacerlo a tu manera con la tinta y el color negro. Hace años que se programan estos cursos y gustan mucho.
Además de enseñarlo, eres una pintora referente del arte sumi-e, con exposiciones por medio mundo.
He expuesto en lugares de España, de Europa y hasta en América. Y claro en Japón. Por ejemplo este próximo enero, participaré con mis mejores alumnos de aquí en una exposición internacional de sumi-e en Tokio. Y después se hará en Osaka. Tengo algunos alumnos que estudian conmigo desde hace años. Algunos muy buenos. Y también queremos preparar una muestra grande en Borja.

Una curiosidad, ¿en tus dibujos hay alguna influencia del arte español?
Sí, sí, sí. Fíjate que yo de niña empecé a pintar al óleo. Y ya cuando tuve más años decidí venirme a Madrid a aprender arte occidental. Me gustó mucho claro, pero también me encanta la caligrafía japonesa y el arte más tradicional de mi país.
O sea que viniste a Madrid a aprender pintura. ¿Cómo llegaste a Zaragoza?
Aterrice en Madrid en los 90. Sabía muy poquito español. Me acuerdo que como no tenía tele, iba a comprar un periódico en japonés que se vendía en la Gran Vía. Era un periódico que se hacía en Londres y que llegaba aquí una semana después más o menos. Así me enteraba de las cosas del mundo. Y el caso es que con el tiempo me casé con un madrileño. Un arquitecto que trabajaba para el ejército y que fue destinado a Zaragoza. Así llegue a Aragón.
Imaginamos que el choque cultural sería brutal.
Sí. Nosotros somos más metódicos e improvisamos poco. Pero aquí descubrí otra cosa. Lo instantáneo. Eso choca mucho. Y al final lo lleve también a mi arte. Por eso hago una perfomances llamadas Dance and Ink. Combino la pintura con la danza, y todo es más rápido e improvisado.
Llevando tantos años aquí, casi eres medio maña.
Sí, son muchos años. Hago cosas como japonesa y también como aragonesa. A veces no sé si las cosas raras las hacen los de mi país o los españoles. Sí, soy medio maña medio japonesa.
Vamos terminando la charla a la vez que Kumiko va acabando su dibujo. Una grullas en el blanco y negro propio de las imágenes sumi-e. Es su regalo antes de irnos.















