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13 diciembre 2025

La productividad, un elemento tan importante como difícil de mejorar

Los desajustes estructurales constituyen la primera barrera para mejorar la productividad.

La productividad representa una asignatura pendiente para las empresas españolas. En su informe Reactivar el crecimiento ampliamente compartido de la productividad en España de junio de 2024, la OCDE puso de manifiesto que la desaceleración del crecimiento de la productividad comenzó antes en nuestro país y ha sido más pronunciada que en la mayoría de los países de la OCDE. 

Es cierto que el término productividad resulta habitual en toda discusión sobre economía, pero resulta complicado definir, de un modo conciso, la productividad. Este concepto se puede aplicar a distintos niveles: a toda la economía, a un sector específico o a una empresa en particular. 

La productividad de una empresa viene determinada por la relación entre su volumen de producción y recursos empleados para alcanzar dicho nivel. Es decir, la productividad es el cociente entre lo producido y lo consumido.

Un incremento en la producción no conlleva, necesariamente, un aumento de la productividad. Por ejemplo: una empresa que haya producido el doble de unidades que en el mes anterior habrá duplicado su producción, pero si para obtener dicho registro ha consumido el doble de recursos, su productividad no se vería afectada. Así, la productividad solo se puede mejorar de dos maneras: produciendo más empleando el mismo número de recursos, o bien produciendo la misma cantidad consumiendo menos recursos.

A la hora de hablar de productividad, es importante distinguir dos conceptos asociados a ella: la eficacia y la eficiencia. La eficacia consiste en alcanzar los objetivos establecidos -en este caso, un nivel de producción concreto- mientras que la eficiencia implica alcanzar dichos objetivos con el menor uso posible de recursos.

La productividad resulta crucial para el éxito y la competitividad de las empresas. Un aumento en la productividad implica un uso más eficiente de los recursos, lo que se traduce en mejores resultados económicos. Por otro lado, una empresa más productiva está en condiciones de ofrecer salarios más altos a sus empleados, efectuar más inversiones y contribuir el crecimiento económico. El premio Nobel en Economía Paul Krugman señaló que “la productividad no lo es todo, pero a largo plazo es casi todo”. Con este aforismo, este prestigioso economista pretendía relacionar el bienestar económico de un país con su productividad. Precisamente, la productividad empresarial tiene un efecto multiplicador en la economía. Empresas más productivas generan mayores ingresos y beneficios, lo que se puede traducir en mejores salarios para los empleados -y en mayores beneficios para sus accionistas-. Desde un punto de vista macroeconómico, un incremento de la productividad de las empresas contribuye al crecimiento económico y a la mejora de la competitividad del país. 

Las empresas consumen diversos recursos, también llamados factores de producción, para poder producir bienes y servicios. Los economistas clásicos identificaron como factores de producción la tierra, el capital y el trabajo. Sin embargo, en la actualidad existen otros factores que afectan a la productividad como pueden ser la tecnología, los materiales y los métodos de trabajo empleados en el proceso productivo. Además, factores externos, no controlables por las empresas, como los cambios demográficos, los recursos naturales y la actuación de los gobiernos también inciden sobre la productividad y la competitividad de las empresas.

La medición de la productividad es una actividad compleja, ya que se puede realizar de diferentes maneras: bien en función de un único recurso, o bien considerando el impacto de todos los recursos consumidos en el proceso productivo, lo que se denomina productividad multifactorial (PMF).

En su informe La productividad como el reto pendiente de la economía española, fechado en julio de 2024, el Instituto de Estudios Económicos (I.E.E.) identifica la productividad como una variable clave para que España avance en renta per cápita en el largo plazo y señala cinco categorías de factores que afectan a la productividad: el capital físico, el capital humano, el capital tecnológico, el entorno empresarial y el marco regulatorio.

La productividad laboral es una de las más relevantes para las empresas pues la mano de obra sigue siendo un factor clave a la hora de producir bienes y servicios. Podemos definir la productividad laboral como la capacidad de un trabajador para producir más unidades en un mismo periodo de tiempo sin reducir la calidad del producto final.

Existen diferentes métodos para medir la productividad laboral. La productividad de un país obtiene a partir de la siguiente fórmula:

La productividad laboral es uno de los indicadores con mayor margen de mejora para la economía española ya que a lo largo del periodo 2013-2023 nuestra productividad creció un 4,2% mientras que la de la Unión Europea lo hizo en un 8,1%.

En el ámbito interno de las empresas se suele recurrir a la siguiente fórmula para determinar su productividad laboral:

La productividad laboral también se puede medir en términos monetarios. Para ello es necesario relacionar el valor agregado bruto (el valor de la producción menos el coste laboral) con las horas trabajadas. Este método resulta muy interesante para comparar la productividad entre distintos sectores o países:

Por otro lado, también resulta posible calcular la productividad laboral por trabajador:

Existen diferentes recetas para mejorar la productividad laboral como por ejemplo favorecer la capacitación y la formación de los trabajadores, el establecimiento de un buen clima laboral, la motivación y el reconocimiento a los empleados o el seguimiento del desempeño del trabajador -pues así se pueden detectar áreas de mejora-. En un contexto cambiante en el que surgen nuevos modelos y oportunidades de negocio, la atracción del talento se erige como una acción clave para mejorar la productividad laboral.

El trabajo no es el único recurso necesario para producir bienes y servicios. Por ello, la medición de la productividad multifactorial ofrece una visión más completa y detallada a diferencia de la medición basada en un único recurso. Su determinación resulta más compleja dado que el objetivo se centra ahora en reflejar cómo interactúan y se complementan todos los recursos empleados en el proceso productivo. Por ejemplo, una compañía puede incrementar su producción contratando nuevos trabajadores o invirtiendo en tecnologías que permitan reducir tiempos de producción y mejorar la eficiencia de los trabajadores o empleando materiales de mejor calidad que eleven el valor de la producción. La medición de la productividad multifactorial permite conocer con precisión los motivos que contribuyen al incremento de la producción. Es decir, siguiendo nuestro ejemplo, permitiría conocer en qué medida el aumento de la productividad se debe a la contratación de nuevos trabajadores, a la inversión en nuevas tecnologías o al empleo de mejores materiales. La información que proporciona la medición de la productividad multifactorial resulta crucial para que las empresas conozcan dónde deben dedicar sus esfuerzos para mejorar su productividad.

Según el mencionado informe de la OCDE, el tejido empresarial español debe afrontar tres retos para mejorar su productividad. En primer lugar, las empresas españolas deben conseguir adaptarse a los cambios tecnológicos y a la globalización. La intensificación del capital supone el segundo reto ya que no se han recuperado los niveles de inversión anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis bancaria. Finalmente, resulta necesario cerrar la brecha entre las empresas más productivas y las menos productivas que no han conseguido adoptar nuevas tecnologías al mismo tiempo.

Productividad y competitividad no son lo mismo

En muchas ocasiones se recurre al modelo productivo para justificar la falta de productividad de la economía española con respecto a la media de la Unión Europea. El turismo es uno de los sectores principales de la economía española y ello nos diferencia de las grandes economías europeas ¿Seríamos más productivos sin cambiáramos el sol y la playa por un modelo basado en la producción industrial? La respuesta la podemos encontrar en aspectos estructurales de nuestra economía como es el caso de la inversión en I+D, el tamaño de las empresas, la formación de los trabajadores o la complejidad administrativa que supone la burocracia.

Productividad y competitividad son dos conceptos diferentes que se encuentran íntimamente ligados. Como norma general, una mayor productividad mejora la competitividad de la empresa, ya que le permite ofrecer productos con mayor calidad, con un coste menor y en plazos más cortos. Sin embargo, una empresa muy productiva no será competitiva si no es capaz de adaptarse a las demandas del mercado, innovar o diferenciarse de sus competidores. Es decir, la productividad es un factor crucial para que las empresas puedan resultar competitivas, pero para ser realmente competitiva, toda empresa productiva debe tener en cuenta aspectos adicionales como la innovación, la adaptación al mercado y la capacidad de diferenciarse de la competencia. La competitividad de las empresas también fortalecerse a través de políticas públicas que simplifiquen la regulación y reduzcan la burocracia.

La productividad en la Contabilidad Nacional

En el ámbito de las cuentas públicas o Contabilidad Nacional, la productividad de un país se determina a través de la relación entre su P.I.B. (Producto Interior Bruto) y su deuda pública.

El P.I.B. es un indicador que mide el valor de todos los bienes y servicios producidos por una economía a lo largo de un determinado periodo de tiempo. Por tanto, refleja la riqueza que genera un país. 

La deuda pública de un país representa la cantidad de dinero que el estado ha tomado prestada ya sea de los residentes en el propio país o de prestamistas extranjeros.

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