Pau, 23 de marzo de 2026. En una de las sorpresas más sonadas de las elecciones municipales francesas de 2026, el socialista Jérôme Marbot ha conquistado la alcaldía de Pau, desbancando al histórico François Bayrou, ex primer ministro y figura clave del centroderecha macronista. La victoria, por un estrecho margen de apenas 344 votos (42,45 % frente al 41,14 % de Bayrou), no es solo un cambio local en la capital bearnesa. Para Aragón representa un impulso decisivo al proyecto más emblemático de cooperación transfronteriza: la reapertura completa de la línea ferroviaria Pau-Canfranc-Zaragoza.
El Comité por la Reapertura de la Línea (Crefco), histórico defensor del corredor, no ha tardado en calificar el resultado de “muy positiva”. Marbot, abogado especializado en derecho público y medio ambiente, encabezó una lista de unión de la izquierda y los ecologistas bajo la marca *Nouvelle Ère*. Su triunfo, apoyado por socialistas, comunistas, ecologistas y otras fuerzas progresistas, marca un giro claro hacia políticas más ambiciosas en materia de movilidad sostenible y cooperación internacional.
El Canfranc: un sueño centenario que espera su momento
La estación internacional de Canfranc, inaugurada en 1928 como símbolo de la modernidad europea, lleva décadas convertida en fantasma de la historia. La línea Pau-Canfranc, de ancho estándar UIC y una sola vía, quedó interrumpida en 1970 tras un descarrilamiento y un posterior alud que dañó gravemente el tramo francés entre Bedous y el túnel de Somport. Desde entonces, el lado español ha avanzado: en junio de 2025 Adif restableció el servicio Zaragoza-Huesca-Canfranc, y el Gobierno de Aragón ha rehabilitado la emblemática estación.
En Francia, el tramo Pau-Bedous funciona con trenes regionales desde 2016. Falta el eslabón clave: los 25 kilómetros entre Bedous y Canfranc, que incluyen el túnel de Somport. El Gobierno francés ha estimado el inicio de las obras para 2026 y una posible reapertura en 2028, coincidiendo con el centenario. La inversión total ronda los 450 millones de euros, con fuerte cofinanciación europea prevista para 2028-2034. La Comisión Europea ya ha señalado su apoyo explícito para “aliviar el tráfico de carretera en zonas frágiles” de los Pirineos, y un reciente plan militar de la UE incluye el corredor como elemento estratégico de redundancia ante posibles disrupciones en los pasos de Hendaya e Irún o Portbou-Cerbère.
¿Por qué la victoria de Marbot es un “espaldarazo”?
François Bayrou, alcalde de Pau desde 2014, siempre se mostró favorable al proyecto en privado, pero nunca lo convirtió en prioridad pública ni en bandera política. Su derrota, precisamente en un feudo que mantuvo incluso mientras fue ministro, abre una ventana de oportunidad. Marbot y su coalición izquierdista-ecologista han hecho de la transición ecológica y la movilidad sostenible uno de sus ejes centrales. En un contexto donde los Verdes y la izquierda francesa impulsan con fuerza la descarbonización del transporte, la reapertura del Canfranc encaja perfectamente: tren frente a camión, conectividad de proximidad frente a grandes infraestructuras de alta velocidad.
El propio Crefco, que agrupa a asociaciones aragonesas, navarras y de Nueva Aquitania, ve en el nuevo alcalde a un interlocutor más alineado con sus demandas. Fuentes del comité destacan que la izquierda paloise ha mostrado tradicionalmente mayor sensibilidad hacia los proyectos transfronterizos de bajo impacto ambiental y alto valor territorial.
Impacto directo en Aragón y en las relaciones bilaterales
Para la comunidad aragonesa, la reapertura no es solo un tren: es desarrollo económico, turístico y estratégico. Jaca, Sabiñánigo y todo el Pirineo oscense ganarían conectividad directa con Pau y Burdeos, potenciando el turismo de montaña y el intercambio comercial. Desde Bruselas se ve el corredor como parte de la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T), con potencial para mercancías y viajeros. Además, responde al doble objetivo europeo de descarbonización y cohesión territorial.
En el plano bilateral, el resultado refuerza la cooperación entre Aragón y Nueva Aquitania, dos regiones que ya comparten una hoja de ruta común en materia ferroviaria. El Gobierno de Aragón (PSOE) y el Ejecutivo francés (con Macron todavía en Elíseo, aunque debilitado) tendrán ahora en Pau a un aliado natural para acelerar los trámites pendientes. La decisión final sobre la financiación y el calendario está prevista para finales de 2026: el cambio político en Pau llega en el momento oportuno.
Quedan desafíos técnicos (las fuertes pendientes del valle de Aspe requieren refuerzo de tracción) y presupuestarios, pero el impulso político es ahora más favorable que nunca. El Canfranc, tras casi un siglo de letargo, podría ver circular trenes internacionales antes de que termine la década.
En un momento en que Europa busca reforzar sus conexiones internas y reducir su dependencia de las grandes autopistas, un pequeño cambio en el Ayuntamiento de Pau puede convertirse en el gran salto para Aragón y para la amistad ferroviaria entre Francia y España. El tren azul que unió dos países en 1928 está más cerca que nunca de volver a cruzar los Pirineos.











