Las cascadas del Monasterio de Piedra son uno de los grandes atractivos turísticos de Aragón, pero sus alrededores esconden grutas, pueblos históricos, embalses y cañones que permiten prolongar la escapada.
Sin embargo, muchos viajeros regresan a casa después de recorrer el parque sin detenerse en las localidades de los alrededores. Es una oportunidad perdida, porque el entorno de Nuévalos reúne atractivos suficientes para organizar una escapada de dos días.
El embalse de la Tranquera, las cuevas de Ibdes, los cañones del río Mesa y las poblaciones del valle permiten descubrir una comarca donde el agua ha condicionado tanto el paisaje como la vida de sus habitantes.
Nuévalos y el embalse de la Tranquera
La primera parada puede hacerse en Nuévalos, el municipio al que pertenece el Monasterio de Piedra. Su casco urbano conserva construcciones tradicionales, la iglesia de San Julián y restos de una antigua fortaleza, de la que permanece una torre medieval.
El pueblo se encuentra junto al embalse de la Tranquera, una gran superficie de agua rodeada de laderas y montes. El paisaje cambia considerablemente según la época del año y el nivel del embalse, pero ofrece una perspectiva muy diferente a la del parque del Monasterio de Piedra.
Merece la pena detenerse en alguno de los puntos panorámicos accesibles y recorrer el entorno sin prisas. La zona está vinculada a actividades recreativas y a la pesca, aunque conviene consultar previamente las condiciones y autorizaciones necesarias.
Ibdes y la sorprendente Gruta de las Maravillas
A poca distancia de Nuévalos se encuentra Ibdes, una localidad que guarda uno de los rincones geológicos más interesantes de esta parte de Zaragoza.
La Gruta de las Maravillas fue descubierta a principios del siglo XX y está formada por dos galerías principales. Su interior permite observar formaciones calcáreas originadas por la acción del agua durante miles de años.
Según la información turística oficial, la cavidad se desarrolló en sedimentos relacionados con el río Mesa y cuenta con galerías de aproximadamente 15 y 46 metros. Su visita permite comprender cómo el agua puede transformar lentamente el interior de las rocas.
Ibdes conserva además la iglesia de San Miguel Arcángel y varias ermitas repartidas por el entorno. Entre los lugares naturales cercanos figura la cascada de la Paradera, que puede incorporarse a un paseo por los alrededores si las condiciones del sendero lo permiten.
La gruta tiene horarios de apertura limitados y requiere comprobar la disponibilidad antes de desplazarse. Es recomendable reservar la visita y aprovechar después para conocer el pueblo.
Jaraba y los cañones del río Mesa
Desde Nuévalos también puede continuarse hacia Jaraba, localidad conocida por sus aguas termales y por el paisaje del río Mesa.
En sus alrededores, el río discurre entre paredes rocosas que forman un conjunto de hoces y barrancos. El contraste entre la roca y la vegetación de ribera convierte este espacio en uno de los paisajes naturales más interesantes de la comarca.
La zona permite organizar recorridos a pie y detenerse en miradores y puntos de interés paisajístico. También resulta adecuada para quienes quieran combinar una jornada de senderismo con una estancia en alguno de los establecimientos termales de Jaraba.
Conviene elegir los itinerarios según su dificultad y consultar su estado, especialmente después de episodios de lluvia. Algunas zonas próximas al cauce pueden presentar riesgos por crecidas o desprendimientos.
Alhama de Aragón, una tradición vinculada al agua
Alhama de Aragón es otra de las localidades que pueden incorporarse a una escapada por el entorno del Monasterio de Piedra.
Su historia turística está estrechamente relacionada con las aguas termales. La presencia de manantiales favoreció el desarrollo de establecimientos balnearios y de una actividad turística que sigue siendo uno de los rasgos característicos de la población.
Además de sus instalaciones termales, Alhama conserva un casco urbano que permite pasear y conocer una localidad marcada por la tradición balnearia. Es una opción especialmente interesante para quienes buscan combinar patrimonio, descanso y naturaleza.
La visita puede organizarse como una parada de unas horas o como una estancia más prolongada, dependiendo de las actividades elegidas.
Calatayud, el complemento monumental
Para quienes dispongan de un segundo día, Calatayud ofrece una buena manera de completar el viaje con una experiencia más urbana y monumental.
La ciudad conserva un destacado patrimonio mudéjar, iglesias históricas y vestigios de su pasado islámico y medieval. Entre sus lugares más reconocibles figuran la colegiata de Santa María, la iglesia de San Pedro de los Francos y el conjunto de fortificaciones que se extiende por los cerros.
El casco histórico permite recorrer distintas etapas de la historia de la ciudad y descubrir también su tradición gastronómica. Es una parada adecuada para comer antes de emprender el regreso o para dedicar una tarde completa a sus monumentos.
Cómo organizar una escapada de dos días
La opción más cómoda consiste en reservar el primer día para el Monasterio de Piedra y Nuévalos, dejando tiempo suficiente para recorrer el parque sin prisas y disfrutar de las vistas del embalse de la Tranquera.
El segundo día puede dedicarse a Ibdes y a los cañones del río Mesa, con una parada en Jaraba. Si se prefiere un recorrido más cultural, Calatayud ofrece una alternativa interesante para completar la escapada.
El atractivo de esta zona reside en la variedad de sus paisajes. En un territorio relativamente reducido conviven cuevas, cascadas, arquitectura medieval, embalses y aguas termales, suficientes para descubrir que el Monasterio de Piedra es también una puerta de entrada a otros rincones de la provincia.














