La escritora asturiana Mayte Uceda regresa con su sexta libro Amores paralelos, una novela que rescata la insurrección minera de octubre de 1934 a través de dos familias y dos historias de amor condenadas a no encontrarse. Uceda llega a esta entrevista con la energía de quien acaba de poner en el mundo una historia que le ha costado dos años de documentación intensa, testimonios familiares y visitas al Museo de la Minería. Amores paralelos transcurre en la Asturias convulsa de los años treinta, entre las cuencas mineras y la ciudad de Oviedo, y narra el estallido de la revolución obrera de octubre de 1934, desde dos puntos de vista. Una épica íntima que huye del maniqueísmo y pone el foco en lo que de verdad mueve a las personas: la lealtad, el amor y las decisiones imposibles.
P. En Los amores paralelos aborda un episodio poco conocido en nuestra historia como la Revolución de Asturias de 1934. ¿Por qué decidió situar ahí la historia?
R. Me parecía un contexto muy interesante y, además, cercano. Hay cientos de novelas escritas sobre la guerra civil y quería contar algo distinto. La revolución del 34 es un episodio que todavía vive en la memoria de mucha gente de mi generación, cuyos abuelos lo vivieron directamente. Sin embargo, las generaciones más jóvenes no tienen prácticamente ni idea, es como si la historia empezara en la guerra civil y antes no hubiera pasado nada. Me parecía importante rescatar ese contexto. Fue una insurrección obrera y minera ocurrida en octubre de ese año, enmarcada en la huelga general revolucionaria contra el gobierno de la Segunda República Española.
P. La novela combina historia, emoción, amor, prejuicios… ¿Qué le interesaba explorar en esta ocasión?
R. Me interesaba contar estos hechos desde dos puntos de vista distintos. Por un lado, la lucha obrera en las cuencas mineras; por otro, la vida en la ciudad de Oviedo. Era una época de gran polarización social y quería mostrar cómo se vivía desde ambos lados, sin juzgar a ninguno. Me esforcé mucho en no inclinar la balanza hacia ningún lado, en dotar a la historia de un punto de neutralidad. Quería contar la revolución minera del 34 sin juzgar a nadie, dejando que el lector saque sus propias conclusiones.
P. ¿Cómo construyó los personajes de las dos familias protagonistas?
R. La vida en las cuencas mineras y la vida en Oviedo son las dos realidades que quería describir y mostrar, dos escenarios apenas separados por veinte kilómetros pero que componían mundos completamente distintos. Tan cercanos y tan lejanos. En la familia minera hay tres hermanos; en la familia de Oviedo, dos hermanas. Una de ellas se enamora de un guardia civil y se casa con él; la otra se enamora de un minero anarcosindicalista de la CNT. Ahí está el detonante. Para construir los personajes mineros tenía mucho material vivo: mi propio padre trabajó de niño en una mina, le falsificaron la fecha de nacimiento para que pudiera entrar antes. Era el guaje, el ayudante del picador. Tiempos muy duros.
“la revolución de asturias del 34 es desconocida para muchos, no me apetecía escribir otra novela más sobre la guerra civil”
“En Asturias triunfó la revolución porque había mucha dinamita: polvorines en las minas, fábrica de armas en Oviedo, fábrica de cañones en Trubia”
P. La documentación habrá sido clave en esta obra, al recrear un acontecimiento histórico muy concreto que tuvo lugar antes de la Guerra civil española en Asturias. ¿Cómo viviste el proceso de investigación? ¿Encontraste alguna sorpresa?
R. Tengo muchas amistades en las cuencas mineras asturianas cuyos abuelos vivieron este episodio. Una amiga que trabajó toda su vida en una mina me enseñó de primera mano lo que significaba ese mundo. Realmente, la fase de documentación fue un proceso muy intenso. Contaba con testimonios cercanos del mundo minero, pero profundizar en el contexto de los años 30 fue más complejo. Consulté prensa de distintas ideologías para entender esa polarización. Quería ser rigurosa y poder ponerme en la piel de todos los personajes. Pero donde más me costó documentarme fue en el contexto político y social de los años treinta. Acabé acudiendo a la prensa histórica, leyendo publicaciones de todo tipo de ideología, porque la polarización social era enorme. Había incluso una violencia política que se trasladaba a las calles con frecuencia.
P. El eje de la novela parece ser la tensión entre lo que se quiere hacer y lo que se debe hacer, el querer y el deber.
R. Totalmente. El lector percibe constantemente la tensión entre lo que los personajes desean y lo que deben hacer. Ese es uno de los ejes de la novela. Las decisiones nunca son inocuas, siempre afectan a los demás, y más en un contexto como el de los años 30, donde todo estaba condicionado por la familia, la política y la sociedad. La lealtad está en el centro de todo. La hermana pequeña lucha contra su familia por amor a un minero. En la familia obrera, uno de los hermanos quiere lanzarse cuanto antes a la revolución y el otro le pone el freno. Y hay un elemento que me interesaba mucho subrayar: los prejuicios no iban solo de las clases más acomodadas hacia la clase obrera, también existían en sentido contrario. La familia burguesa era percibida como la enemiga del obrero. Tenemos, pues, un conflicto doble.
P. También hay un retrato muy realista de la vida en la mina. ¿Cómo recreaste ese ambiente, haciéndolo tan presente en tus páginas?
R. Es fundamental en la novela. La dureza de ese trabajo, las condiciones, las familias… Todo eso forma parte del conflicto. Incluso hoy impresiona imaginar lo que era bajar a una mina en aquella época. He hablado con muchísimas personas que me han trasladado sus testimonio y también he contado con muchos recuerdos y testimonio de la época de mi padre, mi tío…
“Las decisiones nunca son inocuas: siempre afectan a quienes nos rodean”
P. El título, Amores paralelos, ¿hace referencia solo a esas dos historias de amor o hay una lectura más amplia?
R. Hay muchos paralelismos en la novela: entre las dos familias, entre los hermanos, entre la manera en que cada uno gestiona el contexto social, entre formas de entender la vida, entre relaciones… Pero, principalmente, el título apunta a esa relación entre las dos hermanas, habla de esos amores que avanzan en paralelo y que, por circunstancias, no pueden encontrarse. La novela arranca en el prólogo con una de las hermanas volviendo de Francia para encontrarse con la otra después de sesenta años sin verse. Luego, retrocedemos y reconstruimos todo lo que ocurrió. Y en el epílogo regresamos a ese encuentro. Esa mirada atrás inevitablemente tiene un componente nostálgico. Hay que llegar al final para saber si la reconciliación es posible.
P. ¿Hasta qué punto el contexto condiciona la forma de amar?
R. Muchísimo. No es lo mismo enamorarse hoy que en los años 30, y menos aún si iba en contra de tu familia. El contexto social y político influye directamente en nuestras decisiones.
P. ¿Ha habido momentos especialmente duros durante la escritura al ser una historia cercana a tu historia familiar y tu tierra?
R. Sí, sobre todo al recrear episodios como el asalto a los cuarteles de la Guardia Civil. Fue una revolución muy violenta, con miles de muertos y detenidos. Documentarlo y narrarlo fue emocionalmente intenso.
P. ¿Los lectores están respondiendo como esperabas? ¿Qué te gustaría que se llevara el lector?
R. El comentario que más se repite y me llega de los lectores es que les gusta que haya contado la historia desde la neutralidad. Eso es lo que más valoro, porque era una de mis principales preocupaciones. Mi corazón estaba con los mineros, evidentemente, mi familia fue minera. Pero cuando le doy voz al guardia civil no puedo hacer una caricatura de ese personaje. Tengo que darle argumentos, tengo que ponerme en su lugar, igual que con el cura o con la familia burguesa. Los lectores son adultos y no necesitan que el autor les diga qué tienen que pensar. Realmente, me gustaría que el lector de esta novela reflexione. No busco dar mensajes cerrados, sino abrir preguntas. Me gustaría que el lector entienda la complejidad de aquella época y que vea que la historia no es blanca o negra.
“Me dejo llevar por la historia y los personajes. hay que saber escuchar lo que te cuentan”
P. ¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Con mapa o con brújula?
R. Brújula total. A veces empiezo estructurando algo pero luego lo cambio todo porque se me ocurren cosas nuevas. Ya no me merece la pena planificar. Sé de dónde salgo y a dónde quiero llegar, y por el camino me dejo llevar por la historia y los personajes. Hay que saber escuchar lo que te cuentan.
P. ¿Y sus influencias literarias?
R. Soy muy enamorada de Galdós y sobre todo de Emilia Pardo Bazán, a quien releo cuando quiero inspirarme. Tiene novelas que parecen actuales. Y de autores más contemporáneos, Isabel Allende me encanta, ese realismo mágico que logra transmitir. Lo que más valoro en una novela es que me haga vivir lo que cuenta. Si cierro un libro y a la semana no recuerdo cómo se llamaba el protagonista ni cuál era su conflicto, esa novela no ha cumplido su misión.
P. ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algo que tu próxima novela que nos puedas adelantar?
R. Todavía estoy en la fase de promoción de esta novela. Tengo una idea rondándome y sé que en el siguiente proyecto vamos a viajar, porque Amores paralelos me ha quedado muy en casa, en Asturias. Seguramente será una historia que implique viajar y con un contexto más cercano en el tiempo. Pero todavía estoy madurando la historia. Hay que dejarla respirar.
“No soy de lanzar mensajes, pero espero que el lector se quede con la necesidad de preservar la memoria para no repetirnos”













