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Un Viñedo Singular y una puesta en escena excepcional: Zaragoza recibe el gran tinto de Hermanos Hernáiz

El restaurante Asador Pasiego se convirtió ayer en el escenario de una de esas presentaciones donde el vino deja de ser únicamente una bebida para convertirse en relato, territorio y experiencia gastronómica. La bodega Hermanos Hernáiz eligió el emblemático establecimiento zaragozano para presentar ante periodistas, prescriptores y aficionados al vino su referencia más representativa: Finca La Emperatriz tinto 2019.

Un vino que Eduardo Hernáiz, copropietario de la bodega y responsable técnico de la elaboración, definió como “serio, gastronómico, con potencia y elegancia, pensado para disfrutar alrededor de una buena mesa”.

La cita sirvió también para reforzar la presencia de la bodega riojana en Zaragoza, donde ya trabaja de la mano de la distribuidora Disvinza, dirigida por Tomás Olaso. Pero la presentación fue mucho más que una acción comercial: fue una declaración de intenciones sobre el valor del viñedo singular y la reivindicación de los vinos con identidad.

El peso de un viñedo singular

Finca La Emperatriz tinto
Cristina Martínez – Agencia Almozara.

La historia de Finca La Emperatriz arranca en el siglo XIX y está ligada a Eugenia de Montijo, última emperatriz de Francia, de quien la finca toma el nombre. En 1996, la familia Hernáiz adquirió estos viñedos situados en el valle del Oja, una de las zonas más prestigiosas de Rioja Alta, para desarrollar un proyecto centrado en la expresión del terruño.

“Los grandes vinos son aquellos capaces de contar de dónde vienen”, explicó Hernáiz durante la presentación. Y precisamente esa filosofía es la que define este Finca La Emperatriz 2019, elaborado a partir de un ensamblaje clásico riojano compuesto por un 70 % de tempranillo, un 25 % de garnacha y un 5 % de viura, procedentes de viñas con más de 65 años.

Especialmente interesante resulta la presencia de la garnacha, cultivada en una de las zonas más frías de Rioja Alta, muy distinta del perfil más mediterráneo y cálido de la garnacha aragonesa. Según explicó el bodeguero, esta variedad aporta suavidad y amplitud al conjunto, mientras que la pequeña proporción de viura introduce frescura y facilidad de trago.

El vino procede además de uno de los escasos Viñedos Singulares reconocidos por la D.O.Ca. Rioja, la máxima categoría cualitativa vinculada al origen y la antigüedad del viñedo. De las aproximadamente 250 hectáreas catalogadas bajo esta figura en toda la denominación, 32 pertenecen a la propiedad de Hermanos Hernáiz.

Un vino de guarda, complejo y cambiante

Durante la cata, Eduardo Hernáiz reivindicó el concepto histórico de los “vinos finos” de Rioja Alta: vinos de guarda, complejos y elegantes, con acidez natural y evolución constante en copa.

Ese carácter dinámico fue precisamente uno de los aspectos más destacados de la degustación. Finca La Emperatriz 2019 mostró distintas capas aromáticas y registros a medida que avanzaba la comida, confirmando su vocación claramente gastronómica.

Cristina Martínez – Agencia Almozara.

Para subrayar el carácter excepcional de la presentación, la bodega descorchó una espectacular botella Baltasar de doce litros, convertida rápidamente en uno de los grandes focos de atención de la jornada.

El Asador Pasiego y el diálogo entre dos territorios

La elección del Asador Pasiego no fue casual. Ramón Olaso, propietario del restaurante, definió el establecimiento como “un proyecto nacido de la conexión entre Aragón y el Valle del Pas”. Su lema —“el sabor de dos tierras en una brasa”— resume una propuesta culinaria basada en producto de alta calidad, cocina tradicional y dominio absoluto de la brasa.

La comida diseñada para acompañar el vino fue una demostración de esa filosofía. El menú arrancó con una anchoa de Santoña con esferificación de vinagre de vermut, seguida de morcilla ligeramente picante de Burgos y longaniza de Épila a la brasa. Después llegaron unas judías blancas con oreja antes del momento central de la comida: chuleta madurada de frisona y chuleta de buey de ganadería propia, ambas cocinadas a la brasa y acompañadas de pimientos del piquillo, ensalada y patatas.

El cierre dulce corrió a cargo de dos tartas caseras que pusieron el broche final a una experiencia concebida para demostrar que los grandes vinos necesitan también grandes mesas.

La presentación dejó una conclusión clara: Finca La Emperatriz 2019 no busca el impacto inmediato ni la sobremaduración exuberante tan frecuente en algunos tintos contemporáneos. Su apuesta es otra: profundidad, equilibrio, elegancia y capacidad de evolucionar durante toda una comida. Un Rioja Alta clásico en el mejor sentido del término.

Finca La Emperatriz tinto

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