Responsable de programación y gerente del Teatro de las Esquinas, Raquel Anadón repasa en esta entrevista el nacimiento y consolidación de un proyecto cultural puesto en pie por siete socios hace 13 años en plena crisis económica. El Teatro de las Esquinas se ha convertido en todo un referente, enriqueciendo la oferta cultural de Zaragoza y apostando por un modelo de gestión privada con vocación pública, valiente, híbrido y cercano al público. Anadón reivindica con pasión el valor del teatro como experiencia colectiva y como arte que transforma y destaca el valor de una programación femenina junto al reto de fidelizar a un público cada vez más diverso. “Zaragoza es exigente; nunca sabes qué va a funcionar”, apostilla al tiempo que concluye: “tenemos 49 trabajadores. Esto no es sólo arte, es una empresa”.
P. ¿Cómo nace Teatro de las Esquinas y qué os atrajo del proyecto?
R. Llegamos por una oportunidad y por una necesidad compartida entre Teatro Che y Moche y Teatro del Temple. Llevábamos tiempo trabajando juntas en la Asociación de Artes Escénicas, el mercado cultural estaba cambiando y entendimos que queríamos un espacio propio, un lugar que pudiéramos gestionar directamente para el público, sin intermediarios. El Teatro de las Esquinas se presentó como una ocasión única: un espacio municipal que había quedado a medias tras la crisis y que salió a concurso público. Nos presentamos con un proyecto de gestión mixta, lo preparamos durante un año y decidimos apostar fuerte por él.
P. Una apuesta que exigía mucha valentía. ¿Cómo arracó y se sostuvo económicamente?
R. Con muchísimo esfuerzo y con una financiación dificilísima. Era una época de crisis, los bancos no daban nada y había muy poca confianza en los proyectos culturales. Aún así, pusimos todo nuestro patrimonio y levantamos el teatro con una inversión muy grande. Fueron años muy duros, pero teníamos claro que no estábamos montando un negocio cualquiera, sino un servicio cultural para la ciudad.
P. ¿Qué visión teníais entonces del teatro que queríais construir?
R. Teníamos clarísimo lo que no queríamos: intermediarios que nos separaran del público, falta de autonomía y un espacio que no respondiera a las necesidades reales de las compañías y de los espectadores. Queríamos un teatro vivo, flexible, con grada retráctil, capaz de convertirse también en sala de conciertos. La idea era que el contenido artístico y la relación con el público fueran lo central.
P. ¿Qué has aprendido como programadora a partir de tu trayectoria previa como actriz sobre los escenarios?
R. Muchísimo. Haber trabajado como compañía teatral y haber pisado tantos espacios te da una mirada muy concreta sobre lo técnico, lo artístico y lo humano. Sabes qué funciona, qué necesita una producción y cómo se vive desde dentro una gira o una función. Eso me ayuda a programar desde la empatía y también desde la experiencia real, no desde la teoría.
P. ¿Cómo definirías la línea de programación del Teatro de las Esquinas?
R. Somos muy eclécticos. Programamos para muchos gustos distintos y creemos que siempre tiene que haber algo que te apetezca ver. Apostamos por teatro comercial bien hecho, pero también por propuestas transgresoras, teatro social, político, inclusivo y ciclos muy concretos que nos permiten arriesgar. Nos gusta que el público descubra cosas nuevas sin dejar de cuidar la sostenibilidad del proyecto. Junto a la programación puramente teatral, ofrecemos conciertos, ciclos concretos como Delicias Clásicas (clásicos revisitados), Teatro Rebelde, clases de teatro (25 profesores con una calidad brutal)…
“El teatro comercial llena, pero el más arriesgado es el que transforma”
P. ¿Qué tipo de espectáculos funcionan mejor?
R. La comedia. La gente busca desconectar, reír, olvidar el día a día… El teatro, reirse en directo, también es terapéutico. Funciona porque conecta y porque la gente sale del teatro con una sensación de alivio y de disfrute. Eso no significa renunciar a propuestas más profundas, pero sí entender que el público también busca pasar un buen rato, desconectar y vivir una experiencia agradable.
P. Habéis creado ciclos con un marcado enfoque femenino. ¿Qué objetivo tienen?
R. Sí, con ciclos como “Mujeres a escena”, queremos dar espacio a la autoría, la dirección, la coreografía o la música creadas por mujeres. Hay muchísimas creadoras, pero todavía cuesta más producir sus espectáculos y venderlos después. Sigue habiendo un techo de cristal y creemos que es necesario hacer discriminación positiva mientras siga existiendo esa desigualdad. Ojalá algún día no hiciera falta, pero hoy sigue siendo necesario.
P. Hace unos días participaste, precisamente, como ponente en la XI Jornada Arte y Salud, exponiendo las dificultades del liderazgo femenino y la potente relación entre arte y bienestar personal.
R. Lo cierto es que en esta ciudad hay una gran cantidad de iniciativas lideradas por mujeres que merecen la pena. Estuvimos debatiendo y compartiendo nuestras experiencias y lo cierto es que la cultura mejora la sociedad. Pero no solo eso. Nos mejora también a nosotros mismos y contribuye a nuestro bienestar.
“La programación de las esquinas es ecléctica: teatro comercial, propuestas arriesgadas, ciclos de autoría femenina y una apuesta clara por la música y la comedia”
P. ¿Qué peso tiene el apoyo institucional en un proyecto como el Teatro de las Esquinas?
R. Debería ser fundamental, porque la cultura es un servicio público y un patrimonio que hay que proteger. Nos gustaría tener más apoyo, tanto en Aragón como a nivel general, porque la inversión cultural sigue siendo baja. Si de verdad se dice que la cultura importa, eso tiene que verse en el presupuesto y en los recursos humanos que se destinan. En Aragón la inversión es baja, y eso se nota. Hay talento, pero faltan recursos.
P. ¿Cómo es el público zaragozano? ¿Sigue siendo una “ciudad de pruebas”?
R. Es un público exigente y muy imprevisible. Hay cosas que funcionan enseguida y otras muy buenas que no despegan. Pero también vemos que, cuando una propuesta se comunica bien y conecta, la respuesta es excelente. Es muy complicado anticiparlo. Zaragoza tiene una oferta cultural amplísima y la gente responde, aunque el hábito de ir al teatro todavía haya que seguir trabajándolo.
P. ¿Ha cambiado ese hábito después de la pandemia?
R. Al principio sí se notó una reacción muy fuerte. La gente tenía muchísimas ganas de volver a encontrarse en directo y los teatros respondieron muy bien. Luego hubo altibajos, pero la música y los conciertos han mantenido una fuerza enorme. Yo creo que el directo sigue teniendo una potencia brutal y que la gente valora cada vez más esa experiencia.
“La cultura no es un negocio al uso, es un servicio público que necesita más apoyo institucional y más presupuesto en Aragón”
P. ¿Cómo convivís con la digitalización?
R. Sobre todo en la gestión. Usamos herramientas para analizar datos, estudiar ventas, mejorar el ticketing y evaluar mejor lo que hacemos. Eso nos permite ser más ágiles y más precisos. En escena también hay recursos digitales que enriquecen, pero el centro sigue siendo el actor, la verdad de lo que está pasando sobre el escenario.
P. ¿Qué lugar ocupa el Teatro de las Esquinas en la vida cultural de Zaragoza?
R. Creo que muy importante. Hemos contribuido a ampliar la oferta de ocio cultural, de música, de pedagogía y de formación teatral. Y hemos cambiado también la forma de relacionarnos con el público, apostando desde el principio por una relación muy cercana, sabiendo quién compra, qué le interesa y cómo se siente cuando viene al teatro. Eso nos ha ayudado a construir una comunidad real. Venir al teatro no es solo ver una obra, es la experiencia completa, es vivir algo.
P. Después de más de una década, ¿qué balance haces?
R. Muy positivo. Hemos construido algo importante en un contexto difícil. Pero seguimos siendo frágiles: la cultura siempre lo es. Por eso la pelea es diaria.
P. ¿Y a nivel personal? ¿Echas de menos salir al escenario y actuar?
R. Sigo siendo actriz, aunque ahora es lo que menos hago. Pero el teatro sigue siendo mi pasión. Es un lugar donde todavía ocurren cosas que te reconcilian con el ser humano.
P. ¿Cómo os definís en una frase? ¿Cómo es el espíritu del Teatro de las Esquinas?
R. La “rasmia”. Energía, carácter, capacidad de trabajo… Somos siete socios muy distintos, pero nos complementamos con respeto y un objetivo común. Somos un teatro con rasmia: en la gestión, en la programación y en la manera de afrontar cada reto. Nos complementamos bien, somos muy trabajadores y no le tenemos miedo al error. Al final, hacer cultura así exige energía, respeto y mucha generosidad.













