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25 enero 2026

Sergio Vidal-Sanjuan: “No quería una novela histórica ni policial pura, sino una fórmula híbrida.”

“He intentado mezclar el presente y el pasado de una forma que fuera ágil y entretenida”

El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán nos recibe en un céntrico hotel de Zaragoza, horas antes de participar en el ciclo Martes de Libros organizado por la Fundación Ibercaja. Director del suplemento cultural de La Vanguardia, visita la ciudad para presentar Misterio en el Barrio Gótico, una novela que ha ganado el Premio Fernando Lara y que convierte el corazón histórico de Barcelona en escenario de intriga, memoria urbana y crítica velada a la turistificación. En esta conversación, habla sin rodeos de escritura, ciudad, cultura e identidad.

Sergio, muchísimas gracias por atendernos. Bienvenido a Zaragoza para la presentación de su novela ‘Misterio en el Barrio Gótico’, ganadora del Premio Fernando Lara de este año. ¿Qué significa para usted este galardón y cómo ha influido en la percepción de su obra?

El Premio Fernando Lara es uno de los mejor dotados de la literatura española. Tiene muchísima difusión y una historia importante para mí. Fernando Lara era hijo de José Manuel Lara Hernández, el fundador de Planeta. Lo conocí, y murió joven en un accidente antes de cumplir 40 años. Su padre, un editor brillante, creó el premio en su memoria. El primer ganador fue Terenci Moix, uno de mis maestros. Así que, además de la alegría por el reconocimiento y la difusión, hay una carga sentimental que me emociona.

La novela transforma el barrio gótico de Barcelona en un escenario vivo de intrigas y secretos históricos. ¿Cómo surgió la idea de ambientar la historia en este barrio emblemático y qué investigación realizó para capturar su alma secreta?

El barrio gótico es el corazón de la ciudad. De niño iba con mi padre, que era historiador, y me contaba historias del barrio. Hace 15 años me nombraron miembro de la Real Academia de Buenas Letras, que está en el Palacio Requesens. Volví a ir regularmente al barrio, y noté cuánto había cambiado. Estos paseos, la conciencia de esos cambios y los estudios en la biblioteca de la Academia me llevaron a pensar que era un escenario perfecto para una novela.

 

En la novela, el protagonista, Víctor Balmoral, es un periodista próximo a la jubilación que investiga una desaparición antigua y recibe cartas amenazadoras. ¿En qué medida se inspira este personaje en su propia experiencia como periodista cultural?

Le he prestado bastantes cosas, aunque él no trabaja en La Vanguardia, sino en un diario ficticio llamado ‘La Voz de Barcelona’. Le presté algunos temas de salud, mi forma de vestir, mis gustos musicales, mi visión de la ciudad y del periodismo. Pero hay diferencias: él vive solo; yo vivo con mi mujer y cuatro hijos. Hay coincidencias y diferencias.

“No quería hacer ni una novela histórica ni una novela policíaca pura, sino una fórmula híbrida.”

La trama enlaza el suspense con temas como la memoria urbana y los efectos de la turistificación. ¿Qué mensaje quiere transmitir sobre cómo el pasado influye en el presente de las ideas?

Más que transmitir un mensaje, quería plantear preguntas. La novela, antes que nada, busca entretener. Es una historia de misterio con personajes interesantes. El escenario plantea preguntas como: ¿vale la pena restaurar tanto una zona que deja de parecerse a lo que fue? ¿Es legítimo hacerlo? Por un lado tienes belleza, pero también gentrificación y pérdida de identidad. No tengo respuesta. En algunos casos sí vale la pena, en otros no.

¿Ha habido un deterioro cultural en Barcelona desde los años 60 hasta ahora?

No, ha habido una evolución. En los años 60 Barcelona era muy creativa. Estaba menos controlada por la dictadura que Madrid. Recibíamos mucha cultura francesa e italiana. Fue una buena época para arquitectos, fotógrafos, literatos. En 1992, con las Olimpiadas, se transforma: se reforma, se abre al mar y cambia el tipo de visitante. De ciudad de congresos pasa a destino turístico global. A partir del 98 se convierte en uno de los grandes destinos del sur de Europa. El centro histórico se masifica, y eso lo reflejo en la novela.

“La originalidad de la novela está en esa mezcla entre presente y pasado, entre lo cotidiano y lo misterioso.”

En la novela aparecen lugares reales como la Real Academia de Buenas Letras o la Catedral de Barcelona. ¿Cómo equilibra la ficción con la realidad histórica?

Todos los lugares son reales excepto el Palacio Sayeric, cuyo nombre cambié por respeto. Mi intención fue combinar tramas de misterio con vida cotidiana actual y episodios históricos. Ese cruce entre pasado y presente fue el trabajo más delicado. No quería una novela histórica ni policial pura, sino una fórmula híbrida. Creo que ahí está la originalidad.

Ha mencionado a Terenci Moix. ¿Hasta qué punto influyó en su estilo narrativo?

Muchísimo. Lo leí de adolescente. Tenía una sensibilidad urbana, nostálgica por la vieja Barcelona. Su nostalgia era la de los años 40, no la mía, pero describía muy bien esa atmósfera. Además, combinaba cultura clásica (Shakespeare, Renacimiento) con cultura pop (Beatles, cine de Hollywood). Fue un gran ejemplo. No copio su estilo, pero me influyó en la forma de ver el mundo.

Barcelona es hoy más cosmopolita, pero ¿culturalmente también lo es?

Sí, es muy cosmopolita. Es la capital editorial de Hispanoamérica. Se hace mucho cine y música. Antes había más diferencia cultural con otras ciudades españolas. Ahora se ha equilibrado, lo cual es positivo. Barcelona sigue siendo potente.

“A través de las gemelas Eva y Eugenia quise plasmar dos figuras de mujer unidas pero contrapuestas.”

Usted dijo que Barcelona es un género literario. ¿Cree que ciudades como Barcelona pueden serlo también?

Sí. Hoy se estudia la literatura de ciudades como Londres, París o Barcelona. Hace 20 años fui pionero en sistematizar la literatura barcelonesa. Coescribí ‘Paseos por la Barcelona literaria’. Otras ciudades también lo son, como Zaragoza. Tiene autores como Ramón J. Sender, Irene Vallejo, Daniel Gascón o Félix Romeo. Hay mucho material.

¿Cree que, como se hace con el cine, podrían venir escritores a inspirarse en ciudades como Zaragoza?

Sí. Sería bueno que las instituciones lo fomentaran. Que escritores vengan, se inspiren, escriban aquí. Eso enriquecería mucho.

Entre los personajes de la novela están Mariflor Juvellachs, Mosén Bentanachs o las gemelas Eva y Eugenia . ¿Cuál fue el más desafiante de crear y por qué?

Las gemelas Eva y Eugenia, porque no están basadas en nadie real. Una es guía turística, terrenal; la otra, religiosa y espiritual. Son opuestas pero unidas. Quise representar dos formas distintas de ser mujer. Estoy contento con cómo quedaron.

En la novela incluye figuras históricas como Jaime I o Federico Marès. ¿Por qué decidió integrarlas?

Para mezclar pasado y presente. Marés, por ejemplo, tiene un museo muy curioso. Era un coleccionista apasionado. Durante la Guerra Civil salvó patrimonio. Es una figura muy interesante y poco conocida. Quise recuperarlo.

“Barcelona pasó de ser ciudad de congresos a destino turístico global. Y eso cambió su alma.”

En la novela, la Real Academia de Buenas Letras atraviesa una crisis financiera. ¿Hay paralelismos con la situación cultural real?

No es sobre la Academia en sí, sino sobre la cultura. Tras la muerte de Franco hubo una gran inversión en cultura durante 30 años. Desde 2007, y más fuerte desde 2012, la cultura perdió peso político. Muchas instituciones sufrieron. Eso es lo que reflejo en la novela. Por suerte, ahora ha mejorado.

Usted ha escrito narrativa, ensayo y teatro. ¿Cómo compagina estos géneros?

Mi trabajo principal es ser redactor jefe en La Vanguardia. Escribo por las mañanas, fines de semana, vacaciones. Intento que cada proyecto sea diferente. He hecho novelas, ensayos, y dos obras de teatro. Una sobre bullying escolar y otra sobre el mundo editorial (‘La gente literaria’), que se estrenó con éxito.

Usted ha dicho que la literatura en castellano y catalán deben verse como vasos comunicantes. 

Cataluña tiene dos literaturas potentes: una en castellano y otra en catalán. No se trata de eliminar una u otra, sino de potenciarlas ambas. Son lenguas románicas, fáciles de aprender entre sí. El bilingüismo enriquece. La cultura catalana tiene peso, y para conocer bien la zona, hay que conocer las dos.

Para terminar, ¿qué espera que descubran los lectores de Zaragoza en su novela?

He venido mucho a Zaragoza. Tengo amigos aquí. Siempre me he sentido bien acogido. Entre Aragón y Barcelona hay muchos vínculos. Espero que los lectores aragoneses se interesen por el libro, y ojalá les guste.

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