Marzo es el mes de Las Fallas en Valencia. Durante todo el mes y hasta el día 19, la capital che tiene un sinfín de actos vinculados con estas fiestas que están declaradas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Así que se acerca uno de los mejores periodos del año para visitar Valencia. Sobre todo si no importan las aglomeraciones y el ruido (las famosas mascletás básicamente son eso, explosiones de pólvora).
No obstante, para disfrutar de los muchos encantos de esa ciudad no hace falta aguardar a marzo. Cualquier momento del año es fabuloso para tomar la autovía A-23 y acercarse hasta la capital valenciana. Una urbe donde aguarda una singular mezcla entre la tradición y la modernidad, entre las esencias locales mediterráneas y las influencias más cosmopolitas llegadas de lejos.

Quizás la zona valenciana donde mejor se comprueba esa amalgama de influjos sea el antiguo cauce del Turia. Valencia, como tantas otras ciudades surgió a orillas de un río. Si bien, hace tiempo que su trazado fue modificado y el antiguo recorrido se transformó en un área de asueto para los ciudadanos y sus visitantes. Sobre esa zona verde se tienden puentes históricos como el de la Trinidad, el Real o el Puente Serranos que comunica con una de las puertas fortificadas que tuvo en la ciudad en la Edad Media. Pero también hay un puente mucho más moderno, el de la Peineta, el cual es una especie de aperitivo para icónica Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Este monumental show de arquitectura rabiosamente contemporánea no solo es un espacio para disfrutar con la vista y hacerle mil y una fotos. Aquí todos los sentidos gozan. Por ejemplo en un Museo de Ciencias donde está prohibido no tocar, o en un Auditorio donde la música es la protagonista. Por no hablar de un Oceanogràfic que es una de las joyas más visitadas por grandes y pequeños en la ciudad.
Lo futurista de todo ese conjunto arquitectónico contrasta con el área histórica de Valencia, la cual también tiene mucho interés y merece un largo paseo por su laberinto de calles. En el corazón de todas ellas abre la plaza de la Reina, y ese es el lugar elegido para levantar la Catedral, junto a la cual aparece la torre octogonal de su campanario, llamado el Miguelete, donde es posible ascender para tener una panorámica de todo el conjunto antiguo. Así que subir sus más de 200 escalones permite divisar los siguientes lugares a visitar en el casco antiguo.

¡Y hay muchos lugares a los que ir! Por ejemplo, en cuanto a templos interesantes hay otras iglesias que contemplar además de la espectacular Catedral. También es bueno dirigirse a la venerada Basílica de la Virgen de los Desamparados que guarda la imagen de la patrona de la ciudad. Igualmente es posible acudir a la iglesia de los Santos Juanes o al Convento de Santo Domingo, por no hablar de la iglesia de San Nicolás, cuyas paredes, bóvedas, columnas o capillas rebosan pintura barroca. Tanto que se la conoce como la Capilla Sixtina del arte español.
Pero no todo son iglesias. También merece la pena acercarse hasta las grandes casonas de otros tiempos como el Palacio de los Almirantes de Aragón o la fachada del Marqués de Dos Aguas donde es imposible no embelesarse ante semejante delirio decorativo de gusto rococó. Mucho más contenido, pero igualmente preciosa es la arquitectura gótica de la Lonja de la Seda y del Almudín, que era un viejo almacén de cereal transformado en sala de exposiciones. Y tampoco hay que perderse la imponente fortaleza medieval de las Torres de Quart o las de Serrano que nos devuelven a las orillas del Turia.
Tanto los torreones de Quart como los de Serrano marcan los extremos del popular barrio de El Carmen. Un lugar perfecto para callejear sin prisas descansando cada poco mientras se toma algo a cualquier hora del día (o de la noche). Además en El Carmen está otro de esos lugares de plasman la fusión entre lo antiguo y lo moderno que caracteriza la atmósfera de Valencia. Ahí abre sus puertas el IVAM, o sea, el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Un espacio donde se da cita lo más actual de la creación artística, pero lo hace rodeado del entorno que emana toda la sustancia más tradicional de la ciudad.

Y si se busca algo consustancial al carácter valenciano entonces hay que buscar el mar, el mar Mediterráneo. Más aún en fechas que anuncian el buen tiempo. Es decir, que sin salir de una gran ciudad se hace posible irse a la playa para pasar unas horas lejos del bullicio de la capital. Las opciones son varias. Las playas más urbanas son la del popular barrio de El Cabanyal y por supuesto también la playa de la Malvarrosa, un arenal que han inmortalizado artistas como el pintor Joaquín Sorolla o más recientemente el literato Manuel Vicent.
Pero no son las únicas playas. Al otro lado de la ciudad y alejándose del núcleo más céntrico se extiende la playa de Pinedo. Por cierto, un sitio ideal para sentarse en alguno de los distintos chiringuitos con vistas al Mediterráneo y darse el placer de tomarse un arroz, en forma de paella o en alguna otra receta típica. No hay que pensar que se está haciendo una “turistada”, ya que ahí también acuden muchos locales. Al igual que no son pocos los valencianos que se alejan todavía un poco más y llegan hasta la arena de la playa de El Saler, de aspecto casi asalvajado. Al fin y al cabo, está muy cerca de un espacio protegido y único como es la Albufera, un paraje que también es recomendable visitar en cualquier escapada a Valencia, y mucho mejor si se hace por la tarde para disfrutar de sus preciosas puestas de sol. Un punto final perfecto para este viaje.











