InicioEntrevistaMaría José Rubio: “La Historia no solo se hace en los campos...

María José Rubio: “La Historia no solo se hace en los campos de batalla, también en los salones, en las conversaciones privadas y en las decisiones íntimas”

Con una carrera sólida como historiadora y novelista, María José Rubio regresa con La marquesa y Bonaparte, una novela que ilumina uno de los episodios más fascinantes y poco conocidos del Madrid de 1800. A través de la figura de Mariana de Waldstein, marquesa de Santa Cruz, y de la delicada misión diplomática de Luciano Bonaparte, la autora reconstruye con pulso narrativo un momento clave en el que el arte, la política y las pasiones personales se entrecruzan de forma decisiva.

En esta conversación con GoAragón, Rubio reflexiona sobre los retos de escribir novela histórica, los límites difusos entre investigación rigurosa y ficción, y la importancia de comprender profundamente a los personajes antes de juzgarlos.

En el arranque de la novela escribe que “puede que lo que parezca más irreal sea lo que realmente ocurrió”. ¿Hubo algún hallazgo durante la investigación que le hiciera cuestionar los límites entre la historia y la ficción?

Sí, muchos hallazgos; algo que, por otra parte, es muy habitual cuando emprendes como historiador un trabajo de profunda e intensa investigación en archivos y fuentes antiguas. La historia está llena de episodios que un novelista difícilmente se atrevería a inventar porque parecerían inverosímiles., y que sin embargo un historiador encuentra, porque realmente ocurrieron. Me ocurrió con detalles biográficos de todos los personajes de la novela y con la propia misión diplomática de Luciano Bonaparte en Madrid, en su conjunto. Igualmente con el tratado de paz que él y Godoy llegaron a antedatar para esquivar las órdenes de Napoleón o con el extraordinario protagonismo que tuvo el arte en aquellas negociaciones políticas, algo muy desconocido para muchos. La investigación me recordó una vez más que la ficción debe ser verosímil; la Historia, en cambio, solo necesita haber ocurrido.

¿Qué encontró en Mariana de Waldstein que la convirtió en una protagonista irresistible?

Encontré una mujer extraordinariamente moderna para su tiempo, finales del siglo XVIII, e incluso para el nuestro . Era aristócrata, pintora, académica de Bellas Artes, cosmopolita y profundamente ilustrada. Pero, sobre todo, encontré una personalidad que tomó decisiones propias y asumió el precio de esa libertad. No me interesaba convertirla en un símbolo, sino devolverle su complejidad humana. Detrás de la leyenda había una mujer inteligente, contradictoria y muy consciente del mundo en el que vivía.

Portada libro

¿Hasta qué punto cree que su historia dialoga con debates contemporáneos sobre libertad, identidad y autonomía personal?

Creo que dialoga de forma natural porque las grandes preguntas humanas apenas cambian. Mariana nos obliga a preguntarnos cuánto estamos dispuestos a sacrificar para vivir de acuerdo con nuestras convicciones y cuánto pesa todavía la mirada de los demás. No es una heroína contemporánea trasladada al siglo XVIII; es una mujer de su tiempo que afrontó dilemas que siguen siendo profundamente actuales.

«La ficción debe ser verosímil; la Historia, en cambio, solo necesita haber ocurrido.»

¿Qué le interesaba explorar en ese cruce entre la esfera íntima y los movimientos que estaban transformando Europa?

Me interesaba mostrar que la Historia no solo cambia en los campos de batalla o en los tratados internacionales. También cambia en las relaciones personales, en los salones, en las conversaciones privadas y en las decisiones íntimas. En esta novela el amor, el arte y la diplomacia forman parte del mismo tablero político. Todo es estrategia política. Las emociones también tienen consecuencias históricas.

¿Qué descubrió de Luciano Bonaparte que no suele aparecer en los relatos tradicionales?

Descubrí a un personaje mucho más complejo que el simple “hermano de Napoleón”. Era un hombre culto, apasionado por el arte, escritor, coleccionista y con un criterio político propio. Precisamente esa independencia terminó alejándolo de Napoleón y arruinando su carrera política. Fue el primer Bonaparte que pisó España, y hubiera sido de forma natural el más indicado para ser rey de España, y no su hermano mayor José Bonaparte, pero el resultado de su embajada en 1800 le costó el enfado de Napoleón y el alejamiento de la política.  Me interesaba rescatar al intelectual que convivía con el diplomático y con el revolucionario.

¿Qué papel juega el arte en esta historia más allá de su valor estético?

El arte es una forma de poder. Sirve para construir prestigio, influencia y legitimidad. En torno al arte circulan diplomáticos, coleccionistas, artistas y gobernantes. Los cuadros, los retratos o las colecciones hablan tanto de política como los tratados. En la novela el arte nunca es decoración: forma parte de la estrategia política y personal de los personajes. De hecho, Luciano Bonaparte aprende esta faceta del valor del arte en España, al conocer las colecciones reales y el coleccionismo privado de personalidades como Manuel Godoy. Luciano se hizo un gran coleccionista en Madrid, de donde se llevó cerca de 300 cuadros de maestros de primera fila. 

«El arte es una forma de poder. Sirve para construir prestigio, influencia y legitimidad. […] En la novela el arte nunca es decoración: forma parte de la estrategia política y personal de los personajes.»

Madrid se convierte casi en un personaje más. ¿Cómo fue esa reconstrucción?

Fue uno de los trabajos más apasionantes. Consulté planos, memorias, correspondencia, prensa, archivos y relatos de viajeros para reconstruir no solo cómo era Madrid, sino cómo se vivía. Quería que el lector pudiera recorrer sus calles, entrar en los palacios y escuchar el murmullo político de los salones. No buscaba un decorado histórico, sino una ciudad viva. Todos mis libros tienen como escenario principal Madrid, porque fue el epicentro de la política, la corte, que al fin y al cabo es mi especialidad como historiadora y escritora. 

¿Cómo decide dónde termina el dato documentado y dónde comienza la imaginación?

Mª José Rubio
Mª José Rubio. FOTOS AUTORA. Copy Javier Ocaña

Tengo una regla muy sencilla: nunca invento contra la Historia. Los hechos documentados, las fechas y el contexto permanecen intactos. La imaginación empieza donde los archivos guardan silencio: en las conversaciones privadas, los pensamientos o las emociones que pudieron acompañar a aquellos hechos. La novela completa el silencio documental, no lo contradice.

¿Ha cambiado su manera de entender el pasado a medida que ha ido escribiendo novelas?

Muchísimo. La investigación me enseñó los hechos; la novela me ha enseñado a comprender a las personas. Hoy me interesa menos juzgar a los personajes históricos y mucho más entender por qué tomaron determinadas decisiones. La Historia, antes que un catálogo de acontecimientos, es una inmensa escuela para comprender la condición humana.

«Una novela no consiste en demostrar cuánto se sabe, sino en hacer que el lector olvide todo el trabajo historiográfico y de documentación que hay detrás. Solo cuando la documentación deja de notarse y aparecen personajes vivos empieza realmente la literatura.»

¿Cómo es su proceso creativo?

Siempre empieza con una intuición. Descubro un personaje o una situación que me plantea preguntas y entonces comienza una investigación muy larga en archivos, bibliotecas y fuentes contemporáneas. Solo empiezo a escribir cuando siento que conozco tan bien ese mundo que puedo moverme dentro de él con naturalidad. La documentación construye el escenario; la novela nace cuando aparecen los personajes.

¿Qué ha aprendido como narradora y qué sigue intentando mejorar?

He aprendido que el rigor histórico no basta para sostener una novela. Lo que permanece en la memoria del lector son los personajes y los conflictos humanos. En cada libro intento escribir con mayor sencillez, eliminar todo lo accesorio o abrumador en cuanto a datos históricos, y conseguir que cada escena haga avanzar la historia. Aspiro a que la documentación nunca pese más que la emoción. Y a construir con una épica emocionante, que dejen al lector siempre con una inspiración personal y muchas ganas de conocer más.

¿Qué consejo daría a quien quiera escribir novela histórica?

Yo sólo puedo dar consejo desde mi perspectiva profesional de historiadora: primero ser historiador y después novelista. La investigación rigurosa es imprescindible, es lo que sustenta la coherencia de una buena novela histórica y la convierte en “legado literario”, pero no suficiente. Una novela no consiste en demostrar cuánto se sabe, sino en hacer que el lector olvide todo el trabajo historiográfico y de documentación que hay detrás. Solo cuando la documentación deja de notarse y aparecen personajes vivos empieza realmente la literatura.

Artículos relacionados

Noticias