La nueva AESAP nace para reforzar la vigilancia y la respuesta de España frente a crisis y amenazas sanitarias. Zaragoza fue elegida frente a otras siete ciudades para albergar un organismo llamado a convertirse en referencia nacional en salud pública.
Zaragoza va a sumar a su mapa institucional un organismo estatal de nueva creación con una misión que afecta a todo el país: anticiparse a los riesgos que pueden amenazar la salud y mejorar la capacidad de respuesta cuando esos riesgos se convierten en crisis.
Se trata de la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP). Su sede física estará en la capital aragonesa después de que el Consejo de Ministros tomara la decisión el pasado 28 de julio.
¿Qué es exactamente esta nueva agencia? ¿Qué va a hacer desde Zaragoza? ¿Y por qué su llegada importa bastante más allá de unas nuevas oficinas de la Administración del Estado?
Para entenderlo hay que remontarse más de una década y, inevitablemente, recordar lo sucedido durante la pandemia.
Una idea pendiente desde 2011
España aprobó en 2011 la Ley General de Salud Pública. En ella ya se contemplaba la creación de un Centro Estatal de Salud Pública destinado a ofrecer asesoramiento técnico y científico y a evaluar las intervenciones en este campo. Aquella previsión nunca se desarrolló del todo.
La pandemia de covid-19 puso sobre la mesa, años después, las dificultades de enfrentarse a una emergencia sanitaria de gran magnitud y dejó clara la necesidad de reforzar las estructuras de vigilancia, coordinación, información y respuesta.
La nueva Agencia Estatal de Salud Pública es, en buena medida, la respuesta a aquella necesidad.
La Ley 7/2025, de 28 de julio, creó formalmente la AESAP y modificó la Ley General de Salud Pública. El organismo está adscrito al Ministerio de Sanidad, pero cuenta con personalidad jurídica propia, patrimonio y tesorería propios, y autonomía de gestión. Además, debe actuar con independencia técnica.
Es una diferencia importante. La Agencia no sustituye al Ministerio de Sanidad ni asume las competencias sanitarias de las comunidades autónomas. Su papel será esencialmente técnico y científico, y tendrá que trabajar de forma coordinada con las distintas administraciones.
Vigilar la salud antes de que llegue la crisis
Una de sus grandes funciones será observar qué está ocurriendo con la salud de la población. Y eso implica mirar mucho más allá de las enfermedades infecciosas.
La Agencia deberá contribuir a identificar, analizar y evaluar enfermedades transmisibles y no transmisibles, riesgos ambientales, determinantes sociales de la salud y desigualdades entre distintos grupos de población. La idea es disponer de información suficiente para detectar problemas, evaluar riesgos y facilitar que las decisiones sanitarias se apoyen en evidencia científica.
También tendrá un papel destacado en la coordinación y evaluación de la Red Estatal de Vigilancia en Salud Pública. Dicho de forma sencilla: si aparece una nueva amenaza sanitaria en algún punto del país, España necesita sistemas capaces de detectarla cuanto antes, compartir la información, determinar su gravedad y preparar una respuesta.
Prepararse para la próxima emergencia
La experiencia de la covid-19 explica otra de las grandes responsabilidades de la Agencia. No se trata solo de reaccionar cuando aparece una emergencia. Hay que prepararse antes.
La AESAP trabajará en la planificación y coordinación de la preparación y respuesta frente a crisis sanitarias, y en el desarrollo de sistemas de alerta precoz. Pandemias, enfermedades emergentes, zoonosis o determinados riesgos ambientales y climáticos forman parte de un escenario cada vez más complejo.
Aquí entra en juego uno de los principios sobre los que se construye la Agencia: “Una sola salud”, conocido internacionalmente como One Health. El concepto parte de una idea aparentemente sencilla: la salud de las personas no puede entenderse de forma aislada. Está relacionada con la salud animal y con el medio ambiente.
La aparición de enfermedades transmitidas entre animales y humanos, las consecuencias sanitarias del cambio climático o la resistencia a los antibióticos son buenos ejemplos de problemas que obligan a trabajar desde esa perspectiva conjunta.
Informar también es una cuestión de salud pública
La pandemia dejó otra lección: disponer de información no basta. También hay que saber comunicarla.
Entre las funciones de la Agencia estará informar a la ciudadanía sobre los riesgos para la salud de forma comprensible, accesible y basada en la evidencia disponible. Elaborará además un informe anual sobre el estado de la salud y el bienestar de la población, la equidad y sus determinantes sociales, que se presentará ante las Cortes Generales.
La comunicación se incorpora así como una herramienta de la propia política de salud pública. A ello se sumarán el asesoramiento técnico y científico a las administraciones, la evaluación de políticas públicas y el impulso de la investigación, la formación y la innovación.
¿Por qué Zaragoza?
La elección de la sede abrió una competición entre ocho ciudades: Barcelona, Granada, León, Lugo, Murcia, Oviedo, Toledo y Zaragoza. Finalmente se impuso la candidatura aragonesa.
La decisión del Consejo de Ministros se apoyó en la valoración realizada dentro del procedimiento establecido para descentralizar organismos públicos estatales. La propuesta zaragozana fue considerada la más completa y obtuvo la mejor valoración global.
Entre los elementos que jugaron a su favor están el respaldo institucional, político y social conseguido alrededor de la candidatura, pero también factores vinculados a las propias características de la ciudad. La documentación oficial destaca su posición geográfica, las comunicaciones y la conectividad, la disponibilidad de espacios adecuados y la existencia de un entorno sanitario, universitario, investigador y científico capaz de acompañar el desarrollo de la Agencia.
La Universidad de Zaragoza, los centros sanitarios, los institutos de investigación y otras estructuras vinculadas a la salud y al conocimiento forman parte de ese ecosistema. La ubicación de Zaragoza también se valoró por su capacidad para contribuir a una distribución más equilibrada de las instituciones estatales por el territorio.
Más que una nueva sede administrativa
La llegada de la AESAP tiene por eso una lectura especialmente interesante para Aragón. No estamos ante el simple traslado de unas oficinas desde Madrid. Estamos ante la construcción desde cero de un organismo estatal especializado que tendrá que atraer profesionales, establecer relaciones con universidades y centros de investigación, y crear redes de colaboración con instituciones españolas e internacionales.
La oportunidad para Zaragoza está precisamente ahí. La presencia de la Agencia puede reforzar las conexiones entre la Administración, el sistema sanitario aragonés, la Universidad de Zaragoza y los centros de investigación; favorecer la llegada de profesionales especializados y aumentar la visibilidad de la ciudad dentro de las redes nacionales e internacionales de salud pública.
No todos esos efectos serán automáticos. Dependerán de cómo se desarrolle finalmente la Agencia, de sus recursos y de la capacidad del entorno aragonés para establecer relaciones con ella. Pero su instalación coloca a Zaragoza ante una oportunidad poco habitual: participar desde el territorio en la construcción de una institución estatal nueva.
Una agencia pensada para anticiparse
Quizá la mejor forma de entender qué pretende ser la Agencia Estatal de Salud Pública sea pensar precisamente en aquello que esperamos que no ocurra. Una nueva pandemia. Una enfermedad emergente. Una amenaza ambiental. Una crisis sanitaria inesperada.
Cuando aparezca el próximo riesgo —porque tarde o temprano aparecerá alguno— será necesario detectarlo, comprenderlo, compartir información, evaluar sus consecuencias, comunicar correctamente a la población y ayudar a las administraciones a tomar decisiones.
La AESAP nace para mejorar esa capacidad. Y buena parte de ese trabajo se hará desde Zaragoza.
Para Aragón, por tanto, la noticia no termina con haber ganado la sede frente a otras siete ciudades. Ahí empieza realmente la historia: convertir la llegada de la Agencia Estatal de Salud Pública en una oportunidad para reforzar el ecosistema científico, sanitario y de conocimiento de la Comunidad.

















