Canadá se adelanta a México en la negociación comercial con Estados Unidos y aumenta la presión sobre el T-MEC

Canadá se adelanta en su negociación comercial con Estados Unidos y podría conseguir reducciones arancelarias en automóviles, acero y aluminio que México lleva meses reclamando. El movimiento aumenta la presión sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum y anticipa una revisión del T-MEC marcada también por la competencia industrial con China.

Washington y Ottawa ultiman un acuerdo preliminar que reduciría los aranceles sobre determinados productos de acero y aluminio y sobre los automóviles canadienses. México lleva meses reclamando alivios similares y observa ahora cómo su principal competidor dentro del mercado norteamericano puede adelantarse en dos sectores fundamentales para su industria.

La negociación comercial de Estados Unidos con sus dos grandes socios norteamericanos ha dado un giro que coloca a México ante una situación incómoda. Canadá y Washington han avanzado hacia un acuerdo preliminar que permitiría rebajar algunas de las barreras arancelarias impuestas durante la nueva ofensiva comercial de Donald Trump, precisamente en sectores donde el Gobierno mexicano lleva meses reclamando un tratamiento más favorable.

Según la información publicada por Bloomberg, el entendimiento provisional contempla reducir al 25% los aranceles sobre determinados productos canadienses de acero y aluminio y al 15% los aplicados a los automóviles. El acuerdo todavía no está cerrado definitivamente, pero el avance ha sido suficiente para elevar la presión sobre los negociadores mexicanos.

El problema para México no reside únicamente en que Canadá pueda conseguir mejores condiciones. Ambos países forman junto a Estados Unidos el T-MEC, uno de los mayores espacios comerciales integrados del mundo, y compiten al mismo tiempo por inversiones industriales destinadas a abastecer el gigantesco mercado estadounidense.

Automóviles, acero y aluminio, en el centro de la negociación

La industria del automóvil es especialmente importante. Durante las últimas décadas, México ha construido una potente plataforma manufacturera integrada con Estados Unidos y Canadá. Las cadenas de producción cruzan varias veces las fronteras antes de que un vehículo terminado llegue al mercado, de manera que cualquier modificación arancelaria altera costes y decisiones de inversión.

México mantiene una ventaja considerable gracias al propio T-MEC. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha señalado que aproximadamente el 85% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos continúa entrando sin pagar aranceles al cumplir las reglas de origen del tratado. Sin embargo, automóviles, acero y aluminio siguen afectados por medidas sectoriales estadounidenses.

Precisamente esos sectores aparecen también en la negociación canadiense. Si Ottawa consigue finalmente condiciones mejores, México dispondrá de un precedente inmediato para exigir a Washington un tratamiento comparable, pero también perderá parte del argumento utilizado hasta ahora por el Gobierno de Claudia Sheinbaum: que su estrategia negociadora había situado al país en una posición especialmente favorable frente a Canadá.

Dos estrategias diferentes ante Trump

La comparación resulta especialmente interesante porque México y Canadá han seguido estrategias distintas frente a la política comercial estadounidense.

El Gobierno canadiense de Mark Carney mantuvo durante meses una posición más confrontativa, mientras que Claudia Sheinbaum optó por evitar represalias y mantener abiertas las negociaciones con Washington. Estados Unidos y México celebraron tres rondas bilaterales entre mayo y julio, abordando automoción, acero y aluminio, agricultura, cuestiones laborales, seguridad económica y servicios de pago.

Hasta ahora, las autoridades mexicanas habían presentado esa estrategia como una ventaja. El avance canadiense obliga a reconsiderar el resultado: Ottawa puede terminar consiguiendo reducciones arancelarias concretas antes que México.

Eso no significa que la estrategia mexicana haya fracasado. La mayor parte de sus exportaciones mantiene acceso libre de aranceles al mercado estadounidense y las negociaciones continúan. Pero sí introduce una referencia con la que empresarios y Gobierno podrán comparar los resultados obtenidos por ambos países.

China también está detrás de la negociación

Hay además otra cuestión que merece atención porque conecta esta noticia con varios temas que estamos siguiendo: China.

Washington está intentando que México se alinee más estrechamente con su política comercial frente al gigante asiático. La Administración Trump ha planteado que México considere medidas similares a las estadounidenses sobre determinadas importaciones de acero y aluminio procedentes de fuera de Norteamérica. México ya ha incrementado algunos aranceles sobre acero procedente de Asia.

La revisión del T-MEC empieza así a trascender una negociación puramente arancelaria. Estados Unidos busca reforzar una cadena industrial norteamericana menos dependiente de suministros procedentes de China, especialmente en sectores considerados estratégicos.

Para México, el equilibrio es complejo. Estados Unidos es su principal mercado y el acceso preferente que proporciona el T-MEC constituye una de las mayores ventajas competitivas del país para atraer inversión extranjera. Al mismo tiempo, las empresas y productos chinos han aumentado su presencia en la economía mexicana.

El futuro industrial de México también se negocia

Lo que está en juego supera, por tanto, el porcentaje concreto aplicado al acero o a los automóviles. México ha construido durante décadas una parte importante de su modelo industrial sobre la proximidad al mercado estadounidense y la integración de las cadenas productivas norteamericanas.

El nearshoring reforzó todavía más esa expectativa: empresas internacionales podían producir desde México para acceder a Estados Unidos aprovechando menores costes y las ventajas comerciales del T-MEC.

La nueva política comercial estadounidense introduce incertidumbre en ese modelo. Si Washington comienza a negociar condiciones diferentes con Canadá y México, o vincula el acceso preferente a cuestiones como la relación comercial con China, la revisión del tratado puede acabar modificando mucho más que algunos aranceles.

Canadá acaba de conseguir una ventaja negociadora importante, aunque todavía provisional. México dispone ahora de un precedente para reclamar condiciones equivalentes y, al mismo tiempo, de una advertencia.

La gran negociación norteamericana ya no consiste solamente en conservar el T-MEC. Se está decidiendo qué industrias producirán dentro de Norteamérica, dónde se localizarán las nuevas inversiones y hasta qué punto México y Canadá tendrán que alinearse con la estrategia económica de Estados Unidos frente a China.

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