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Jorge Dezcallar: «Escribir sobre geopolítica es mucho más fácil que escribir una novela»

Jorge Dezcallar, exdirector del CNI y diplomático de carrera, publica Pez Negro, un thriller de espionaje donde los personajes “desobedecen” a su creador. En esta entrevista, reflexionamos con el autor sobre el vértigo de la página en blanco, el peso ético de escribir sobre figuras reales como Benjamin Netanyahu y la libertad que ha encontrado en la ficción.

Tras más de cuarenta años en la primera línea de la diplomacia española y habiendo sido el primer director civil del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar ha encontrado en la novela el espacio idóneo para dar rienda suelta a lo que antes solo podía insinuar. Con su nueva obra, Pez Negro, consolida su trayectoria en el thriller de suspense, invitándonos a asomarnos a ese “mundo de sombras” que él conoce a la perfección. Recibimos sus reflexiones sobre el proceso creativo, los secretos y la fina línea que separa el verismo de la pura invención.

Durante décadas tu trabajo consistió en conocer información que los demás no conocíamos y en distinguir qué era cierto, qué era probable y qué era ruido. Ahora te sientas ante un ordenador para hacer justamente lo contrario, inventar algo que nunca ocurrió y conseguir que nosotros creamos que podría haber ocurrido. ¿Cómo se produce ese tránsito?

Fue precisamente ese pasado, ese saber cómo pasan las cosas lo que me ayuda a dar credibilidad a mis historias de ficción. La ventaja es que ahora soy más libre y puedo mezclar la realidad y el ruido como me convenga y antes no podía. Saber dónde están los límites en cada momento es muy importante.

Comenzaste Pez Negro con una sola escena en la cabeza, sin tener claro hacia dónde te iban a llevar los personajes y la historia. ¿Hay algo liberador en sentarse a escribir y permitirse no saber qué va a pasar?

Es un reto aterrador. Tienes una imagen, en mi caso la de un tipo que arroja por la borda un teléfono móvil desde el que se acaba de hacer una foto. No tienes más que eso, pero sabes que de ahí va a salir algo… y no sabes qué va a ser. Entonces te pones a escribir y para tu propia sorpresa hay una historia que se desarrolla mientras la escribes. Es algo fascinante. Otros se ponen escribir y ya saben cómo va a terminar su historia, pero ese no es mi caso.

¿Escribes siempre así, dejando que la novela vaya encontrando su camino o Pez Negro fue especialmente imprevisible?

Jorge Dezcallar
Presentación de la novela Pez Negro de Jorge Dezcallar

Así es. No tuve claro cómo iba a terminar hasta que la terminé. Porque los personajes ganan fuerza o la pierden a medida que escribes y a mí me gusta eso. Por eso les dejo hacer y ellos marcan el camino. Cuando empecé a escribir no sabía que Nusseibah se iba a hacer tan importante. Y otros personajes se diluyen … Por eso el Pez Negro acaba dando el título del libro.

De hecho, tengo entendido que querías que uno de los centros de la novela fuera la relación entre una mujer israelí y un hombre palestino y, sin embargo, has contado que el personaje de Pez Negro fue creciendo hasta que «el terrorista se la acabó comiendo». ¿En qué momento te das cuenta de que tus personajes han empezado a desobedecerte?

Me lo hace saber el propio desarrollo de la historia y el darme cuenta de que hoy en día con la terrible polarización que vive la sociedad israelí, mi bienintencionada historia de amor entre una israelí judía y un israelí palestino no podía tener futuro. Y entonces interviene el terrorista. Es Nusseibah el que me hace saber que estoy equivocado.

Asís García lleva ya tres novelas acompañándote y en esta aparece retirado, aparentemente lejos de su antigua vida. Sin embargo, basta una fotografía, un gesto extraño, algo que cualquiera de nosotros probablemente pasaría por alto, para que vuelva a estar en activo. Se puede dejar de trabajar como espía, pero ¿se puede dejar de mirar como un espía?

Yo creo que no. Pero en mi novela, Asís no lo tiene tan interiorizado, el que decide que lo ocurrido le parece raro es Figo, el agente profesional, el miembro del CNI que decide rescatar el teléfono del fondo del puerto e investigar. Figo es el profesional. A partir de ahí surge la historia en la que por azar de la vida Asís y Amal se ven nuevamente involucrados. Y es solo a partir de ese momento cuando actúan como profesionales a su pesar.

Ser espía es más que un oficio, es algo tan intenso que se mete en la piel, que permea el conjunto de tu ser e impacta en tu comportamiento.

De hecho, me pregunto si te ocurre algo parecido. Cuando entras en un restaurante, en un aeropuerto o en una recepción, ¿sigues viendo cosas que los demás no vemos? ¿Esa manera de mirar se aprende o acaba convirtiéndose en una forma permanente de estar en el mundo?

Ser espía es más que un oficio, es algo tan intenso que se mete en la piel, que permea el conjunto de tu ser e impacta en tu comportamiento. Así sucede cuando tu vida está en juego y cualquier descuido te puede traicionar. Eso nunca se olvida. Yo hace muchos años ya que dejé la dirección del CNI y entonces estaba amenazado por ETA pero cuando voy a un restaurante me siento lejos de la ventana, de cara a la puerta de entrada y con la pared detrás de mi. ¿Estoy todavía en peligro? No… pero no lo puedo evitar. Pero yo carezco de las dotes de observación de todos los detalles que caracterizan al buen espía.

Una de las peculiaridades de tus novelas es que el lector sabe quién las escribe y eso cambia inevitablemente nuestra lectura. Cuando describes determinados procedimientos pensamos que probablemente los conoces de primera mano. ¿Te gusta jugar con esa duda del lector entre lo vivido y lo inventado?

Uno es uno y su circunstancia. Yo no podría escribir novelas de espías sin haber antes dirigido el CNI y saber cómo piensa y actúa un servicio de inteligencia. Yo he sido también Director General para Oriente Medio y África del Norte del ministerio de Asuntos Exteriores durante ocho años y eso me ha hecho estar con todos los reyes, presidentes, sultanes y primeros ministros de todos los países de la zona. Conozco sus palacios. Pero también he estado en cárceles y campos de refugiados palestinos que lo han perdido todo. Yo creo que es ese conocimiento el que da verosimilitud a las cosas que me invento. Porque lo que me invento podría ser verdad, porque he vivido situaciones similares.

Aprovecho a mis personajes muchas veces para digan lo que yo pienso pero no puedo decir.

¿Te ha ocurrido alguna vez que algo completamente inventado haya sido interpretado como una revelación de algo real?

Claro que sí. Y aprovecho a mis personajes muchas veces para que digan lo que yo pienso pero no puedo decir. Como que no habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos. Y algunos se dan cuenta. Pero lo mío es ficción, sobre una trama real que en este caso es el drama israelo-palestino y con la verosimilitud que da mi conocimiento de ese mundo… pero es ficción, pura ficción. Mis personajes nunca han existido… pero podrían existir.

Uno de los puntos que me parece especialmente delicado es la introducción de personajes reales que forman parte de la actualidad, el ejemplo claro es el “personaje” de Benjamin Netanyahu. ¿Qué se siente al poner palabras en boca de alguien que existe?

Jorge Dezcallar
Presentación de la novela Pez Negro de Jorge Dezcallar

Procuro ser respetuoso con él y le pido perdón de antemano. Pero creo conocerle lo suficiente para estar convencido de que si estuviera en la situación en que yo le coloco diría algo muy parecido a lo que yo le hago decir. Dicho esto, me parece un político nefasto para Israel y para la región.

¿Hasta dónde puedes apoyarte en lo que sabes sobre cómo piensa o se comporta una persona real y en qué momento tienes que olvidarte de ella y convertirla simplemente en un personaje?

Cuando saco a un personaje real y lo utilizo en mi ficción no olvido nunca que no le puedo hacer decir o hacer algo que él nunca haría o diría. Creo que se lo debo. Una cosa es utilizarlo en una obra de ficción y otra desfigurarlo, que es algo que por respeto nunca haría. Igual que utilizo el problema del Sahara Occidental en Operación Falsa Bandera o el conflicto entre Israel e Irán en Espía Accidental. En todas mis novelas he utilizado un trasfondo real que también respeto y no tergiverso y es en ese trasfondo que luego viven los personajes que imagino en una trama que también es únicamente producto de mi imaginación.

¿Existe ahí una responsabilidad distinta de la que sientes cuando escribes un personaje completamente ficticio, especialmente cuando además estás narrando hechos tan recientes y dramáticos como el festival de música con el que se inicia la novela?

Lo que ocurrió en ese festival es muy real, yo me limito a insertar a mi personaje, ficticio, en ese escenario tan auténtico y tan trágico e intento hacerle comportarse como hubiera hecho de haber sido de carne y hueso. Aquello fue espantoso, un grupo de jóvenes que se divertían sin hacer daño a nadie y que fueron salvajemente asesinados y secuestrados. Creo que esa escena refleja muy bien esa interacción entre la realidad del asalto y la ficción de mi personaje inventado, Leah, que lo vive en primera persona. Y me sirve de paso para condenar el salvajismo y la sinrazón de un ataque terrorista injustificable que aún hoy tiene traumatizada a la sociedad israelí.

La lucha entre palestinos e israelíes que no es ni religiosa ni étnica. Es una lucha por la tierra. Tan primitivo y elemental como eso.

Has dicho que para escribir Pez Negro recurriste en gran medida a tu propia experiencia y a tus recuerdos. ¿Alguna vez has dudado de si una escena que recuerdas ocurrió exactamente de esa manera o si el tiempo la ha ido convirtiendo ya en una pequeña narración?

Yo no he vivido nada de lo que cuento. Lo que he vivido es el telón de fondo de Pez Negro, la lucha entre palestinos e israelíes que no es ni religiosa ni étnica. Es una lucha por la tierra. Tan primitivo y elemental como eso. Y es sobre esa vivencia, muy real y obtenida a lo largo de muchos viajes a Israel y a los Territorios Palestinos Ocupados por Israel y de muchas conversaciones con palestinos e israelíes, que luego he podido escribir mi ficción. Que es pura ficción, no me canso de repetirlo. Pero que sería menos verosímil sin esa experiencia previa sobre el terreno.

Durante muchos años estuviste profesionalmente obligado a guardar secretos y ahora escribes ficción. ¿La ficción te permite acercarte a verdades que no podrías contar directamente o hay fronteras que siguen siendo exactamente las mismas?

Naturalmente que hay fronteras que ni puedo, ni debo, ni quiero cruzar. Y ahí soy y seré una tumba. Pero mentiría si no confesara que a veces hago decir a mis personajes cosas que pienso y que quiero decir pero que no puedo o debo decir yo. Lo dejo ahí.

Debe de ser peculiar haber vivido situaciones extraordinarias y saber que algunas de ellas probablemente nunca podrán contarse. ¿Uno acaba acostumbrándose a convivir con ese silencio?

Cuando uno dirige un servicio de Inteligencia tan prestigioso como el CNI lo menos que puede hacer es ser discreto. No, no me cuesta, la discreción se ha convertido en mi segunda naturaleza, primero como diplomático, que ha sido mi profesión y luego como director del CNI . No olvide que siempre se ha dicho que los diplomáticos hablan para ocultar lo que piensan.

Y después de una vida dedicada a la diplomacia, a la inteligencia y más tarde al análisis y al ensayo, ¿qué te proporciona la ficción que no te habían proporcionado todas esas otras formas de entender y contar el mundo?

Escribir sobre geopolítica, que se supone que es lo mío como diplomático de carrera, me parece mucho más fácil que escribir una novela, que es un ejercicio muy autista donde los personajes en cada situación en que los colocas pueden decidir actuar de muchas maneras diferentes. Y una vez que eligen una, porque la eligen ellos, los personajes, y no tú, entonces eso influye en el resto de la trama y solo tú puedes ayudarles a resolverlo mientras paseas por el monte con Maktub, mi precioso ridgeback de Rhodesia, que no te hace caso mientras yo le pregunto y él persigue, sin alcanzarlos, a los bocs, esas cabras salvajes que abundan en la Serra de Tramuntana de mi nativa Mallorca.

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Al cierre esta entrevista me queda claro que para Jorge Dezcallar la literatura no es un simple quehacer creativo, sino un monte abierto donde dejar que sus personajes corran libres y desobedientes. En el laberinto de la geopolítica y el espionaje, donde las verdades deben guardarse celosamente bajo llave o camuflarse en el lenguaje diplomático, el papel en blanco se erige como refugio donde los personajes pueden rebelarse y ser soberanos de sus propios destinos. Entre el ‘mundo de sombras’ del CNI y los paisajes de la Serra de Tramuntana, la pluma de Dezcallar demuestra que la ficción es otra forma, más libre y humana, de decir la verdad.

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