Los alféreces alumnos de tercer curso de la Academia General Militar de Zaragoza han participado en unas maniobras junto a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra en las que han trabajado con helicópteros NH-90, Tigre y Chinook. La instrucción incorpora por primera vez una fase teórica sobre táctica y empleo de aeronaves en operaciones terrestres.
La formación de los futuros oficiales que estudian en la Academia General Militar (AGM) de Zaragoza no se limita a las aulas ni a los campos de maniobras próximos a la capital aragonesa. A lo largo del curso, los alumnos trabajan con diferentes unidades del Ejército de Tierra para completar su preparación y familiarizarse con situaciones y medios que podrán encontrarse durante su carrera profesional.
Una de esas experiencias ha llevado a los alféreces alumnos de tercer curso hasta Agoncillo, en La Rioja, donde han participado en un ejercicio junto a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). Las maniobras se desarrollaron entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre y tuvieron una particularidad importante para los participantes: por primera vez asumieron funciones como jefes de sección.
La actividad forma parte de los ejercicios de inicio de curso de la Academia General Militar y busca que los futuros oficiales avancen desde los conocimientos adquiridos durante su formación hacia su aplicación en escenarios operativos. La colaboración con diferentes unidades del Ejército se mantiene a lo largo del año precisamente con el objetivo de proporcionarles un adiestramiento más completo.
NH-90, Tigre y Chinook durante las maniobras
La instrucción desarrollada con las FAMET ha incorporado este año una novedad: una fase teórica dedicada a la táctica y al empleo de aeronaves dentro de operaciones terrestres. Después, esos conocimientos se trasladaron al terreno mediante ejercicios en los que participaron tres helicópteros NH-90, además de un Tigre y un Chinook.
Los alumnos realizaron helitransportes tácticos para efectuar inserciones en montaña y posteriormente desarrollaron movimientos y ejercicios de combate por secciones con apoyo de un helicóptero Tigre. Las maniobras finalizaron con una extracción en montaña mediante helicópteros, según explica el Ejército de Tierra.
La combinación de distintos tipos de aeronaves permite acercar a los alumnos a una dimensión del combate terrestre en la que la coordinación entre las unidades desplegadas sobre el terreno y los medios aéreos resulta fundamental. El ejercicio no se plantea, por tanto, únicamente como una toma de contacto con los helicópteros, sino como parte de la formación necesaria para aprender a emplear estos recursos dentro de una operación.
Durante las mismas jornadas, el Batallón de Helicópteros de Maniobra III (BHELMA III) aprovechó el despliegue para desarrollar un ejercicio propio relacionado con procedimientos SERE, siglas correspondientes a supervivencia, evasión, resistencia y extracción.
Conocer la Aviación del Ejército desde dentro
La colaboración tiene además una segunda vertiente relacionada con el futuro profesional de los alumnos. El contacto directo con las FAMET permite que conozcan mejor la Especialidad Fundamental de Aviación del Ejército de Tierra antes de tomar decisiones sobre su trayectoria militar.
El capitán Pardo de Santayana, destinado en el BHELMA III y responsable del subgrupo táctico constituido para estas maniobras, señala precisamente que estos ejercicios permiten a los alumnos familiarizarse con las FAMET y valorar la Aviación del Ejército de Tierra como una posible opción al finalizar el curso.
La experiencia se produce además en un momento de evolución de las capacidades aeromóviles del Ejército. Apenas unos días después de estas maniobras, el propio BHELMA III realizó por primera vez vuelos de máximo alcance con el NH-90 equipado con dos depósitos exteriores de combustible, dentro de su programa de instrucción para evaluar las posibilidades operativas que ofrece esta configuración.
Para los alumnos que se forman en Zaragoza, ejercicios como el desarrollado en Agoncillo permiten conocer desde una perspectiva práctica algunas de las capacidades que tendrán que integrar y coordinar cuando se incorporen a las unidades. La Academia General Militar mantiene así su papel como punto de partida de una formación que posteriormente se extiende por diferentes centros y unidades del Ejército de Tierra.














