En el año 2024 el Ayuntamiento de Zaragoza optó por convertir en acto solemne la necesaria maniobra de llevar la figura de la Virgen del Pilar hasta lo más alto de la estructura que acoge la Ofrenda de Flores. Y desde esa primera ocasión, la ya conocida como Subida de la Virgen del Pilar tuvo una gran acogida. De hecho, en 2025 ya acudieron hasta 15.000 personas a ese momento cargado de emoción, que se acompañó por un recital musical diseñado para la ocasión.
De modo que el próximo 11 de octubre a las 12 horas se ha programado la Subida de la Virgen del Pilar como acto destacado en la programación de las Fiestas Pilaristas. En esta ocasión también volverá a sonar la música. Una responsabilidad que correrá a cargo de la soprano aragonesa Eugenia Boix, la Capilla del Pilar y los Infantes del Pilar, acompañados por el organista Luis Antonio González.
Viendo la evolución del acto en tan corta trayectoria, es indudable que se ha transformado en un evento esperado y multitudinario. Si bien, antes de integrarse en el programa festivo, ya eran muchas las personas de Zaragoza que decidían acercarse a la plaza del Pilar para observar la instalación de la imagen de la Virgen en la cúspide de la futura pirámide floral.

El vínculo con la tradición
La Subida de la Virgen del Pilar es la última labor que se realiza en esa gran estructura metálica. Con la figura de la Pilarica en las alturas y los acordes del Ángelus sonando en la plaza se da por concluida la construcción de este entramado de 15 metros de altura, 16 de anchura y 40 toneladas de peso. Una arquitectura efímera en cuya construcción actúa el personal de Ayuntamiento de Zaragoza. En total son hasta 30 profesionales entre herreros, electricistas, montadores y jardineros que trabajan desde el día 10 hasta precisamente el mediodía del 11 de octubre.
No obstante, además de la plasticidad del acto, la moderna Subida de la Virgen del Pilar se vincula con la tradición popular. La devoción dice que la Virgen se hizo carne mortal en la Zaragoza romana el día 2 de enero del año 40. En aquellas fechas el Apóstol Santiago el Mayor predicaba en Caesaraugusta, aunque no estaba encontrando demasiada aceptación entre la población. De modo que su ánimo decaía. Hasta que aquel día de enero se le apareció la Virgen María.
Aunque María aún vivía en la lejana Jerusalén, se le apareció al Apóstol en carne mortal y rodeada de ángeles. Lo hizo para entregarle una columna de jaspe, la cual hoy llamamos Pilar. Aquello obviamente fue acicate suficiente para que Santiago prosiguiera con su labor y de paso se pusieran los cimientos de una pequeña capilla alrededor de ese Pilar. Ese es el remoto germen de la futura Basílica.
Dadas las fechas de la tradición podría pensarse que el día del Pilar debería celebrarse a comienzos de año. Sin embargo el rigor del invierno zaragozano provocó que ya en 1613 se implantará la celebración para el 12 de octubre. Una efeméride que coincidía con la fecha de la primera misa ofrecida en la capilla construida en torno al Pilar.
Por otra parte para inicios de octubre la población de aquel siglo, mayoritariamente gentes del campo, ya habían terminado muchas de sus faenas, especialmente las cosechas de cereales y uvas. Así que era un periodo de menos trabajo y podían festejar mejor. Por cierto, ese día festivo adquirió el carácter de obligatorio en 1807.

Historia de la Ofrenda de Flores
Mucho han cambiado los festejos desde aquellos tiempos. Incluyendo el que a día de hoy es el acto más carismático de la Fiestas del Pilar. Nos referimos evidentemente a la Ofrenda de Flores.
Sus antecedentes se remontan a los años 40 del pasado siglo XX. Para entonces tan solo el Camarín de la Virgen se ornaba con rosas, claveles y nardos que daban color y aroma a la Santa Capilla. Pero en algún momento, tanto el Alcalde Luis Gómez Laguna como su Concejal Manuel Rodeles pensaron en sacar al exterior ese esplendor floral y hacer partícipes a los vecinos de la ciudad.
Para ello se inspiraron en las ofrendas de flores que desde antaño tenían lugar en Valencia y otras poblaciones del Levante. La idea la trasladaron a Zaragoza y la adaptaron a la devoción pilarista en una primera Ofrenda de Flores celebrada en 1958. En aquella ocasión desfilaron unas 2.000 personas ante una réplica de la Virgen situada en la fachada principal y se le ofrecieron varios miles de claveles, casi todos comprados por el Consistorio.
Se puede considerar que fue un acto íntimo comparado con la actual Ofrenda de Flores. El acontecimiento a lo largo de los años ha alcanzado dimensiones multitudinarias. En especial desde que Bigas Luna lo rediseñó en 1998, ubicando a la Virgen y su manto de flores en el emplazamiento actual.
De nuevo en 2026, el pedestal de la Virgen lo compondrán entre 7 y 8 millones de flores. Durante horas pasarán cientos de miles de personas por ahí. Pero de alguna forma, ese acto simbólico comienza el día de antes, cuando se contempla la Subida de la Virgen del Pilar en el corazón de la plaza que lleva su nombre. Ha sido el último acto solemne incorporado a los festejos, pero por su vistosidad y arraigo ya es otro emblema de las Fiestas.
















