China en Perú: de las minas de cobre al puerto de Chancay

China es el principal socio comercial de Perú y sus empresas participan en minería, energía e infraestructuras. El Puerto de Chancay, controlado mayoritariamente por COSCO Shipping Ports, añade ahora la logística a una relación económica que se ha desarrollado durante más de dos décadas.

China se ha convertido en el principal socio comercial de Perú y sus empresas participan en algunos de los principales activos mineros, energéticos y logísticos del país. Más de 200 compañías chinas han invertido en territorio peruano y el Puerto de Chancay añade ahora una nueva dimensión a una relación económica construida durante más de dos décadas.

La presencia económica de China en Perú puede observarse siguiendo el recorrido de una mercancía. El cobre se extrae en algunas minas participadas por compañías chinas, una gran parte de la producción peruana tiene como destino el mercado chino y, desde finales de 2024, el país dispone además de un gran puerto controlado mayoritariamente por COSCO Shipping Ports que conecta directamente la costa peruana con Asia.

No se trata de proyectos aislados. China es actualmente el primer socio comercial de Perú y, según el Ministerio de Relaciones Exteriores peruano, más de 200 empresas chinas han realizado inversiones en el país, especialmente en minería, energía, infraestructuras y recursos minerales.

La relación ha ido ampliándose progresivamente. Primero fueron las materias primas y el comercio; después llegaron inversiones en grandes explotaciones mineras y otros sectores. El Puerto de Chancay representa una nueva etapa, al incorporar la infraestructura logística a esa conexión económica.

China es el principal mercado de Perú

La dimensión comercial permite entender el punto de partida. China concentró en 2025 el 36,2% de todas las exportaciones peruanas, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. Perú alcanzó ese año un récord exportador de 90.082 millones de dólares y el mercado chino volvió a situarse claramente como su principal destino.

La relación está muy vinculada a las materias primas, especialmente a los minerales. El cobre representa aproximadamente el 30% del valor de las exportaciones peruanas, y China recibe alrededor de tres cuartas partes del metal rojo que Perú vende al exterior. Entre enero y agosto de 2025, el porcentaje alcanzó el 76,1%.

La industria china necesita cobre para sectores que van desde la construcción y las redes eléctricas hasta los vehículos eléctricos, las energías renovables, la electrónica y numerosas actividades industriales.

Perú, uno de los grandes productores mundiales, se ha convertido así en un proveedor relevante para esa demanda.

Por Lamder – Trabajo propio, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=194444207

Capital chino dentro de las minas

La relación no termina cuando el mineral sale del país. Empresas chinas participan directamente en su producción.

Uno de los principales ejemplos es Las Bambas, una de las grandes explotaciones de cobre peruanas, operada por MMG Las Bambas, filial de MMG Limited. También está Toromocho, en la región de Junín, desarrollado por Chinalco.

A ellos se añaden otros nombres históricos de la inversión china, como Shougang Hierro Perú. Ya en 2020, el Ministerio de Energía y Minas calculaba que las inversiones chinas acumuladas en la minería peruana durante los once años anteriores se acercaban a 15.000 millones de dólares.

Esto ha creado una relación económica diferente a la que existiría si China fuera únicamente comprador de materias primas. El capital chino participa también en activos que producen parte de los minerales posteriormente demandados por su propia economía.

De la minería a la energía y las infraestructuras

Durante los últimos años esa presencia se ha diversificado.

Las inversiones chinas se han extendido hacia energía, electricidad, petróleo e infraestructuras. Empresas de ese país han protagonizado operaciones relevantes en el sistema eléctrico peruano y compañías como CNPC mantienen igualmente actividad en el sector energético.

El propio Gobierno peruano presenta actualmente el país ante los inversores chinos con una cartera que va más allá de la minería. En marzo de 2026, durante un encuentro empresarial celebrado en Pekín, Perú identificó oportunidades en transportes, saneamiento, agricultura e irrigación, además de destacar expresamente Chancay como plataforma para las empresas chinas interesadas en operar en América del Sur.

La relación empieza así a abarcar diferentes partes de la economía: recursos naturales, energía, infraestructuras y logística.

Y es precisamente en esta última donde aparece el proyecto que mejor simboliza la nueva etapa.

Chancay, la conexión directa con Asia

A unos 80 kilómetros al norte de Lima se encuentra el Puerto de Chancay, inaugurado en noviembre de 2024.

COSCO Shipping Ports posee el 60% de la sociedad operadora, lo que otorga al grupo chino el control mayoritario del proyecto. Su importancia reside en la posibilidad de establecer rutas directas entre la costa sudamericana y China mediante grandes portacontenedores.

Los primeros resultados permiten comprobar la importancia que está adquiriendo esa conexión. Entre enero y septiembre de 2025, el 62% de las agroexportaciones peruanas destinadas a China salió a través de Chancay. En ese periodo, China concentró además el 78% del valor total exportado desde el nuevo puerto.

Arándanos, paltas, uvas y mandarinas representan una parte importante de esas operaciones. Pero Chancay también mueve productos pesqueros, minerales y mercancías de otros sectores.

La infraestructura amplía así la relación comercial más allá del cobre. Para los productores agrícolas peruanos, disponer de una conexión más directa con Asia puede reducir tiempos logísticos en productos para los que llegar rápidamente al mercado resulta especialmente importante.

Un puerto con dimensión regional

Chancay tampoco ha sido concebido exclusivamente para el comercio peruano. La estrategia consiste en convertirlo progresivamente en un hub del Pacífico sudamericano, concentrando mercancías procedentes de diferentes países para enviarlas posteriormente hacia Asia.

El propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú define el puerto como un eje destinado a reforzar la conectividad entre Asia y América del Sur y a posicionar al país como plataforma regional para empresas chinas.

Su desarrollo dependerá ahora de la evolución de las rutas marítimas y de las conexiones terrestres que permitan ampliar su área de influencia.

Para Perú, esa dimensión regional supone la posibilidad de añadir actividad logística a su tradicional condición de exportador de materias primas y productos agrícolas.

Un TLC que también entra en una nueva etapa

La integración económica dispone además de un marco comercial construido durante años. El Tratado de Libre Comercio entre Perú y China está vigente desde 2010 y ambos países acordaron posteriormente modernizarlo.

El protocolo de optimización fue firmado en noviembre de 2024, durante la visita de Xi Jinping a Lima coincidiendo con la cumbre de APEC. Perú completó en julio de 2026 sus procedimientos internos para ratificarlo y actualmente se encuentra pendiente de su entrada en vigor.

La actualización incorpora cuestiones relacionadas con economía digital, cooperación aduanera, comercio exterior e inversión. El Gobierno peruano considera que el nuevo marco puede facilitar también una mayor llegada de capital chino.

La relación comercial continúa, además, creciendo. En los dos primeros meses de 2026, China recibió el 39% de las exportaciones peruanas, impulsadas principalmente por cobre, oro, plomo y harina de pescado.

De comprador de materias primas a inversor

La evolución de las últimas dos décadas muestra, por tanto, una relación cada vez más amplia.

China compra una parte fundamental del cobre peruano y otros productos del país. Sus empresas participan en grandes explotaciones mineras, han invertido en energía e infraestructuras y ahora uno de sus principales grupos estatales de transporte marítimo controla la mayoría del gran puerto construido para conectar Perú directamente con Asia.

Perú, por su parte, mantiene una estrategia de apertura hacia la inversión china y busca aprovechar esa relación para aumentar sus exportaciones y reforzar su posición logística en el Pacífico.

Chancay es probablemente la imagen más visible de este proceso, pero no explica por sí solo la presencia china en Perú.

El puerto es el último gran eslabón de una relación económica que comienza muchos kilómetros tierra adentro, en las minas de cobre, continúa en las redes energéticas y las empresas exportadoras y termina en los grandes buques que cruzan el Pacífico rumbo a Asia.

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