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18 enero 2026

Entrevista a Aitor Gómez, estudiante en el Royal Conservatoire The Hague: “No todo tiene que ser bonito y bello, la música tiene muchas más formas y colores.”

El Royal Conservatoire The Hague está situado en Den Haag (La Haya), en los Países Bajos. Se trata de uno de los conservatorios de música más influyentes de Europa, gracias a su metodología innovadora y a un profesorado compuesto por músicos en activo de alto nivel, que preparan a estudiantes de todo el mundo para una profesión que exige tanta disciplina como talento.

Aquí está cursando su máster Aitor Gómez, nacido en Valencia hace 22 años, pero graduado en el Conservatorio Superior de Música de Aragón. En esta entrevista repasamos su trayectoria musical, desde la elección del fagot como instrumento predilecto hasta su decisión de dejarlo todo atrás en busca de un futuro que, poco a poco, ve materializarse frente a él.

¿Cuándo comenzó tu interés por la música?

Todo empezó porque soy valenciano y allí hay una tradición de bandas muy extendida. Lo normal era que todos los niños del pueblo se apuntaran a la escuela de música, pero yo tardé más en empezar, porque quería tocar el fagot y en esa escuela no tenían profesor.

¿Qué te llevó a escoger el fagot frente a otros instrumentos?

Te podría dar una razón súper profunda, pero la verdad es que fue por un anuncio que echaban en la tele de un coche. En el anuncio salía un hombre que tocaba el fagot, y al final te decían algo como “cómprate un fagot o cómprate un Polo”. Como tampoco tenía edad para conducir, me compré el fagot.

¿Desde el inicio tenías claro que querías dedicarte a la música profesionalmente?

Qué va, de hecho, estaba muy lejos de eso. Quería ser ingeniero, físico, bioquímico… pero cuando terminé la E.S.O. me empezaron a interesar más las artes y la filosofía. Al final, como no me decidía entre tantas cosas y ya llevaba unos años tocando, acabé estudiando música.

Fotografía de Aitor Gómez
Fotografía de Aitor Gómez

Dejaste Valencia y comenzaste la carrera en el Conservatorio Superior de Música de Zaragoza. ¿Qué te llevó a elegir ese conservatorio?

En ese momento, había decidido hace poco más de un año que me quería dedicar a la música. Así que aún no me sentía mentalmente preparado para salir de España. Estuve investigando y, de España, el único profesor que me gustó por lo que descubrí y lo que me hablaron de él fue un profesor que enseñaba en Zaragoza.

Después de graduarte, lograste una plaza para estudiar el máster en los Países Bajos. ¿Qué motivó tu decisión de continuar tu formación fuera de España?

Todos los músicos queremos estudiar fuera en algún punto. Como yo ya tenía esa idea de querer continuar mis estudios fuera de España después de terminar la carrera, empecé a investigar qué profesores enseñaban en los conservatorio que más me llamaban la atención, y ahí tomé la decisión de aplicar a varios. Lo más determinante era que el profesor fuese una persona con la que comparto visión artística y de la que me gustaría aprender. Y la verdad que ha superado mis expectativas con creces.

¿Cómo fue el proceso de admisión para acceder al máster?

El proceso empieza al principio del curso. En la música ocurre que la relación entre profesor y alumno es muy personal, todas las clases son individuales y el profesor no solo te enseña a tocar, también se convierte en tu mentor. Por ello, hay una especie de regla no escrita, y es que si quieres estudiar con un profesor en concreto, tienes que conocerlo antes. Normalmente eres el que se pone en contacto con la persona que está enseñando en ese centro, y conciertas una clase con ella. No entra dentro de los procedimientos oficiales ni burocráticos, pero es lo normal. Después tuve que hacer una primera ronda de selección, que consistió en mandar varios vídeos tocando diferentes piezas junto con una explicación de tus proyectos a futuro, de tu desarrollo y metas artísticas. Una vez evaluaron tanto la parte práctica como la parte académica de todos los candidatos, nos invitaron a la segunda ronda a cuatro personas, esta es presencial y consiste en interpretar un recital entero de piezas de diferentes estilos y dar una pequeña entrevista sobre tus aspiraciones, y tras todo eso, si les has gustado, se ponen en contacto contigo para informarte de que tienes plaza.

En cuanto al aspecto económico, ¿has encontrado dificultades o el conservatorio te ofreció algún tipo de ayuda?

La vida aquí es cara, solo con un sueldo de España sería imposible vivir. La cosa es que, aparte de que los sueldos son mucho más altos en comparación, tienen bastantes opciones para ayudar a los estudiantes. Las empresas cuentan con una especie de contratos especiales que son súper flexibles, y el gobierno tiene un servicio que se llama DUO, que consiste en que a los estudiantes que trabajan un número de horas, en mi caso es ocho semanales mínimo, les ofrecen ayudas como un seguro médico, porque aquí la sanidad es privada.

“El arte está muy presente de forma constante. Es impresionante estar en el conservatorio y ver por el pasillo a los profesores, y que estos sean gente muy influyente y con tanta experiencia”

¿Qué diferencias notas entre la enseñanza musical en España y en los Países Bajos?

No tanto en la forma de enseñar música, sino en la forma de consumirla. Ahí está para la diferencia. En todos los conservatorios te enseñan a tocar el fagot, aunque tengan sus diferencias lógicamente, pero en España le dan mucha más importancia a lo artístico y a la pasión por la música en misma, mientras que en Países Bajos, no es que no les importe lo artístico, pero que en gran parte lo ven como un negocio, entonces están muy centrados en enseñarte a desarrollar tus proyectos y que encuentres el modo de poder vivir de ellos.

Con eso en mente, ¿te planteas regresar a España para desarrollar tu carrera o prefieres quedarte allí y ver qué sucede?

Pues es una buena pregunta, porque realmente nunca sabes lo que te va a deparar el futuro. Aunque yo siempre he querido desarrollar mi carrera profesional en España, y vivir lo más cerca de mi familia, siento que muy probablemente me vaya a terminar quedando aquí, en pos de mi carrera profesional. Me están empezando a llegar muchas oportunidades que en España serían mucho más difíciles de alcanzar. Otra gran diferencia que noto también es que en España siempre estás haciendo cosas con la gente del conservatorio y ya está, y el mundo profesional es un sueño que ves muy lejos. Sin embargo, aquí te dan muchas oportunidades, tanto dentro como fuera del conservatorio. Por ejemplo, hace poco, el conservatorio, que tiene convenios con varias orquestas, me ofreció tocar en una orquesta profesional de Europa como parte de mi formación. Este ecosistema creo que me acompaña mucho para formarme en un sentido más profesional y mirando hacia mi futuro como músico.

Fotografía de Aitor Gómez
Fotografía de Aitor Gómez

Más allá del ámbito académico, ¿qué aprendizajes personales te ha dejado esta experiencia?

No quiero generalizar, pero en mi caso me ha servido para espabilar. Yo estaba muy cómodo en mi conservatorio en España, no tenía que demostrarle nada a nadie, por decirlo de una manera. No es que en mi antiguo conservatorio no hubiese gente impresionante, pero es que aquí hay un montón de prodigios por metro cuadrado. Me ha servido para empezar a hacer las cosas de un modo más lógico, con un objetivo de verdad.

Y en el plano musical, ¿sientes que ha cambiado tu forma de interpretar la música?

Sí, y de hecho por la misma razón que te he comentado antes. Creo que en estos meses he ampliado mucho mi paleta de colores. Me he empapado de los diferentes puntos de vista y estilos de mis compañeros y profesores, y no solo en lo musical. El arte está muy presente de forma constante. Es impresionante estar en el conservatorio y ver por el pasillo a los profesores, y que estos sean gente muy influyente y con tanta experiencia.
Me da la sensación de que antes yo concebía la música únicamente desde la pasión o el disfrute que siento al tocar, y solo tocaba piezas que me pareciesen bonitas.
Ahora he aprendido que hay veces que tienes que tocar feo o agresivo, y has de transmitir eso aunque no lo estés sintiendo en el momento. No todo tiene que ser bonito y bello, la música tiene muchas más formas y colores.

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