El escritor llega a Zaragoza para presentar Está lloviendo y te quiero, una novela profundamente personal que hunde sus raíces en su historia familiar y en la búsqueda de la memoria como salvación. Entre recuerdos, silencios y emociones, Mercero habla del tiempo, la identidad y el poder sanador de la literatura.
Vienes a Zaragoza a presentar “Está lloviendo y te quiero”. ¿Qué significa para ti esta ciudad en el contexto de tu gira y de esta nueva etapa en solitario?
Sí, estoy aquí en Zaragoza. Es una ciudad que me gusta mucho, particularmente porque desde la primera vez que vine a presentar libros he notado que es un lugar que se vuelca con la cultura, y eso me encanta. En tiempos de bastante recorte en lo cultural, me parece que Zaragoza no lo está haciendo. Lo valoro muchísimo, aparte de las bondades turísticas que tiene esta ciudad, que es preciosa. Estoy muy feliz de estar aquí.
Da un poco de vértigo enfrentarse a los lectores con una historia tan personal.
En realidad, lo que da vértigo es haber escrito una historia tan íntima que habla de la historia de mi familia paterna. En algún momento del proceso sentía que me metía en un jardín lleno de minas, pero al final encontré el abrigo de la ficción, la tranquilidad de inventar lo que les sucedía a los personajes. He tratado de alejarme del cronista familiar para quedarme con con la mucho más tranquilizadora del novelista que inventa un universo, aunque esté hablando de mi familia y de la vida de mi padre.
«He tratado de alejarme del cronista familiar para quedarme con el novelista que inventa un universo.»
Has contado que “Está lloviendo y te quiero” nace de una experiencia vital. ¿Cómo surgió esa historia?
Sí, la historia vital de la que parte la novela es una casualidad, un hallazgo feliz.El germen de las novelas que a veces no es nada espectacular, pero en este caso sí que sí que lo es. Todo empezó con un reloj de pared del siglo XIX que encontré en Wallapop, fabricado por mi tatarabuelo Ramón Mercero, que fue relojero de las Artes. Este reloj está a la venta en Wallapop por 3000 € y al encontrarlo, pues me hizo gracia el hallazgo y se lo mandé a mis hermanos el hallazgo , pero se me quedó dentro de la cabeza y al final me di cuenta de que aquí había como algo misterioso, una especie de señal que yo tenía que escribir sobre esto. Escribir sobre ese reloj era escribir sobre mi familia paterna. Me puse a trabajar con la sensación de que había sido elegido por ese reloj para contar su historia.
La narración abarca cuatro generaciones de una familia vasca a lo largo del siglo XX. ¿Cómo estructuraste ese viaje en el tiempo?
La novela recorre cuatro generaciones de la familia Yarza, que representan cuatro etapas distintas de la historia de España: la industrialización, la República y la Guerra Civil, la posguerra y la represión franquista, y finalmente el tiempo actual, con los problemas de salud mental, estrés e insomnio que vivimos. El reloj actúa como hilo conductor, testigo del paso del tiempo y de la aceleración que nos separa de la calma de otro siglo.
«El reloj de pared observa cómo el tiempo se acelera, mientras nosotros perdemos su majestad y su calma.»
¿Qué te sorprendió más al investigar tu historia familiar?
Descubrir que a mi abuelo lo fusilaron en los inicios de la Guerra Civil por personas que conocía, vecinos de su propio pueblo. Esa revelación me conmovió profundamente y me hizo comprender la dimensión del duelo fratricida que fue la guerra. También me enfrentó al paso inexorable del tiempo y a la tristeza de todo lo que ya no volverá.

La novela refleja una identidad vasca muy marcada. ¿Cómo influye en los personajes?
Sin duda, la cultura y la forma de ser vascas condicionan a todos los protagonistas. La novela es también un homenaje a esa cultura: sus tradiciones, su folklore, su idioma, su matriarcado. No es lo mismo el sentimiento de pérdida en una aldea de Guipúzcoa que en un pueblo de Sevilla, y eso quería reflejarlo sin sentimentalismos, solo mostrándolo con naturalidad.
Después de años escribiendo junto a otros autores bajo el nombre de Carmen Mola, ¿cómo ha sido enfrentarte solo a un proyecto tan íntimo?
Ha sido un gustazo. Trabajar con mis compañeros de Carmen Mola fue una experiencia magnífica, pero escribir solo me ha permitido recuperar la sensación de soberanía total sobre cada decisión. Ha habido momentos de soledad e inseguridad, pero también de plenitud. Esta novela no podría haberla escrito con ellos, porque habla de mí y de mi familia.
El tiempo y su percepción están muy presentes en la novela. ¿Qué descubriste al escribir sobre él?
El reloj me obligaba a reflexionar constantemente sobre el tiempo. Me preguntaba cómo era la sensación de futuro en 1940, en plena posguerra, y cómo es hoy. El tiempo es un concepto psicológico: depende del estado vital de cada uno para que pase lento o rápido, para que sea angustioso o placentero. Me ha gustado tener el paso del tiempo como gran tema subyacente en la novela.
«El tiempo no se puede entender sin el componente psicológico con el que está relacionado.»
¿Podemos decir que esta es una novela sobre la memoria colectiva?
Sí, es una historia sobre la búsqueda de la memoria, sobre la identidad y la reconciliación. Habla de cómo los relatos familiares, muchas veces construidos sobre silencios o deformaciones de la posguerra, condicionan nuestras vidas. Es una reflexión sobre esos cimientos frágiles que heredamos sin cuestionar.
La familia tiene un papel fundamental en la novela. ¿Por qué crees que es una fuente tan poderosa de historias?
La familia es el universo más pegajoso que existe. Es donde se generan las relaciones más intensas y, al mismo tiempo, más conflictivas. Es una mina inagotable de historias, de amor, de decepciones, de incomprensiones. En Está lloviendo y te quiero he intentado aprovechar todo ese polvorín emocional.
«Creo que una novela que habla del paso del tiempo puede ayudarnos a repensar nuestra propia vida.»
En un tiempo dominado por la inmediatez, ¿queda espacio para novelas pausadas que inviten a reflexionar?
Quiero pensar que sí. Aunque vivimos tiempos de prisa y superficialidad, aún hay lectores que buscan emoción y reflexión. Lo contrario sería caer en el nihilismo más absoluto.
¿Qué lugar ocupa la memoria en la literatura actual?
La memoria siempre ocupará un lugar esencial. Es un motor literario y humano. Aunque la sociedad tienda a la inmediatez y lo frívolo, la memoria es un antídoto contra esa aceleración y un recordatorio de lo que somos.
Si tuvieras que definir “Está lloviendo y te quiero” en una frase, ¿cuál sería?
Diría que es la historia de un reloj de pared del siglo XIX, que es también la historia de una familia española a lo largo de cuatro generaciones y, al mismo tiempo, la historia de un país atribulado durante el siglo XX. Es la historia de la memoria colectiva matizada por la emoción.
¿Qué te gustaría que el lector sintiera al cerrar el libro?
Me gustaría que sintiera la alegría de haber leído una novela que le ha emocionado. Busco la emoción del lector, y ojalá también la reflexión sobre el tiempo, sobre cómo vivimos y si no deberíamos buscar un ritmo más humano y sensato.
















