España avanza en la carrera por una gigafactoría europea de IA con un proyecto de 5.000 millones

Bruselas autoriza la sociedad conjunta de ACS, Telefónica, Banco Santander y SETT que competirá por una de las futuras gigafactorías europeas de inteligencia artificial. El proyecto español movilizaría alrededor de 5.000 millones de euros y tendría sedes en Tarragona y Madrid.

Bruselas da luz verde a la sociedad conjunta impulsada por ACS, Telefónica, Banco Santander y la pública SETT para competir por una de las futuras gigafactorías europeas de inteligencia artificial. El proyecto español plantea una infraestructura distribuida entre Tarragona y Madrid y movilizaría alrededor de 5.000 millones de euros.

España ha superado uno de los pasos necesarios para competir por una de las grandes infraestructuras de inteligencia artificial que la Unión Europea quiere desplegar durante los próximos años. La Comisión Europea ha autorizado la creación de la sociedad conjunta participada por ACS, Telefónica, Banco Santander y la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), al considerar que la operación no plantea problemas de competencia.

La autorización, tramitada mediante el procedimiento simplificado de control de concentraciones, no significa todavía que España haya conseguido una gigafactoría. Lo que permite es avanzar en la organización empresarial del consorcio que presentará la candidatura española a la convocatoria europea, en la que diferentes proyectos competirán por albergar hasta siete de estas grandes infraestructuras.

La candidatura española tiene una dimensión considerable. El Gobierno calcula que el proyecto podría movilizar alrededor de 5.000 millones de euros y ha autorizado a la SETT a invertir hasta 719,85 millones en la sociedad que impulsará la infraestructura. A ello se suma una contribución española de 300 millones a EuroHPC, el organismo europeo encargado de promover estas nuevas capacidades de computación.

Una gigafactoría entre Tarragona y Madrid

El proyecto español presenta además una característica particular: no se plantea como una única instalación. La candidatura es multisede y propone desarrollar la infraestructura entre Móra la Nova, en Tarragona, y San Fernando de Henares, en Madrid.

La iniciativa reúne capacidades públicas, financieras, de telecomunicaciones y de construcción de infraestructuras. La documentación publicada por la Unión Europea identifica expresamente la operación como ACS AIID / Telefónica / Banco Santander / SETT / JV, mientras que el proyecto ha ido incorporando durante su desarrollo a otros actores tecnológicos.

La participación pública será especialmente relevante. El Consejo de Ministros autorizó en junio una inversión máxima de 719,85 millones de euros a través de SETT, la sociedad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. El objetivo es que el Estado forme parte del accionariado de la sociedad que compita por la infraestructura europea.

La Generalitat de Cataluña aprobó también en junio la participación de Incasòl en la sociedad. En la estructura planteada entonces, SETT concentraba el 47,99% del capital; Telefónica, ACS y Santander disponían de un 15,67% cada uno; Multiverse Computing, del 4%; e Incasòl, del 1%. El Gobierno central señalaba, no obstante, que la composición definitiva del consorcio todavía se estaba ultimando.

¿Qué es realmente una gigafactoría de inteligencia artificial?

El nombre puede llevar a pensar en una fábrica tradicional, pero el producto que sale de estas instalaciones no es físico. Una gigafactoría de IA es esencialmente una infraestructura de computación de enorme capacidad diseñada específicamente para desarrollar y ejecutar sistemas avanzados de inteligencia artificial.

Estos centros necesitan albergar cientos de miles de unidades de procesamiento gráfico —las conocidas GPU— y otros aceleradores especializados. Su capacidad permite entrenar grandes modelos de lenguaje, sistemas de visión artificial y otras aplicaciones que necesitan cantidades extraordinarias de cálculo.

La diferencia respecto a un centro de datos convencional está precisamente en esa especialización. Mientras los centros tradicionales pueden dedicarse a almacenamiento, servicios cloud y procesamiento empresarial, las gigafactorías están diseñadas para proporcionar la enorme potencia necesaria para entrenar y operar las generaciones más avanzadas de inteligencia artificial.

Y ahí se encuentra el verdadero valor estratégico del proyecto.

Europa quiere reducir su dependencia tecnológica

Actualmente, buena parte de las infraestructuras capaces de entrenar los modelos de IA más avanzados se encuentran vinculadas a grandes compañías estadounidenses, mientras China desarrolla su propio ecosistema tecnológico.

Europa intenta reducir esa dependencia construyendo capacidad propia.

La Comisión Europea lanzó a finales de julio la convocatoria para desarrollar hasta siete gigafactorías de inteligencia artificial. El interés ha sido muy elevado: Bruselas recibió previamente 77 manifestaciones de interés, lo que llevó a ampliar el objetivo inicial, que contemplaba cinco instalaciones. La convocatoria permanecerá abierta hasta el 12 de noviembre y está previsto que la decisión se conozca a comienzos de 2027.

El programa forma parte de una estrategia más amplia destinada a reforzar la soberanía tecnológica europea. Disponer de estas infraestructuras permitiría que empresas, universidades, centros de investigación y administraciones puedan acceder a capacidad avanzada de computación sin depender completamente de proveedores situados fuera de Europa.

Para España, conseguir una de ellas supondría además disponer de una infraestructura capaz de atraer alrededor de sí empresas especializadas en inteligencia artificial, proveedores tecnológicos, investigadores y proyectos industriales.

Una inversión que va mucho más allá de un centro de datos

El proyecto español movilizaría aproximadamente 5.000 millones de euros, una escala que ayuda a entender por qué su desarrollo necesita combinar inversión pública y privada. El Gobierno considera que estas infraestructuras pueden convertirse en polos de supercomputación capaces de impulsar tanto la investigación como la actividad empresarial.

Su utilidad potencial abarcaría desde startups que necesitan capacidad para entrenar modelos hasta grandes compañías industriales, universidades y centros científicos. También podría facilitar el desarrollo de modelos propios en ámbitos donde los datos tienen especial sensibilidad o importancia estratégica.

La infraestructura energética constituye al mismo tiempo uno de los grandes desafíos. Las concentraciones masivas de GPU necesitan cantidades muy elevadas de electricidad y sistemas de refrigeración, de manera que disponibilidad energética, eficiencia y sostenibilidad serán elementos fundamentales para determinar la viabilidad y competitividad de los proyectos.

España pretende utilizar precisamente sus capacidades energéticas como uno de los argumentos de la candidatura.

España ya tiene dos fábricas de IA

La gigafactoría no partiría además de un ecosistema completamente nuevo. España cuenta ya con dos AI Factories europeas, vinculadas al Barcelona Supercomputing Center y al Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA).

La escala de una gigafactoría sería, sin embargo, muy superior. La estrategia europea pretende dar un salto desde las actuales infraestructuras de supercomputación hacia instalaciones capaces de competir en el entrenamiento de los modelos más exigentes.

La carrera tiene también una dimensión industrial. La inteligencia artificial depende de una cadena que comienza en los semiconductores y continúa con centros de datos, energía, redes de telecomunicaciones, software y modelos. Disponer únicamente de aplicaciones de IA sin controlar parte de esa infraestructura mantendría a Europa en una posición dependiente frente a Estados Unidos y China.

España tendrá que competir

La aprobación de Bruselas despeja ahora un obstáculo corporativo, pero no resuelve la competición. España tendrá que presentar su candidatura y convencer a las instituciones europeas de que su propuesta ofrece las condiciones tecnológicas, financieras y energéticas necesarias.

La convocatoria permanecerá abierta hasta noviembre y la Comisión espera seleccionar los proyectos a comienzos de 2027. La construcción de las primeras gigafactorías podría comenzar posteriormente.

Por eso, el paso dado ahora debe interpretarse con precisión. Bruselas no ha concedido a España una gigafactoría de inteligencia artificial; ha autorizado la alianza empresarial que quiere conseguirla.

La diferencia es importante, pero también lo es la escala de lo que está en juego. ACS, Telefónica, Santander y el Estado preparan una infraestructura que podría movilizar alrededor de 5.000 millones de euros y situar a España dentro del reducido grupo de países europeos capaces de albergar los grandes centros de computación sobre los que se desarrollará la próxima generación de inteligencia artificial.

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