La inteligencia artificial puede estar acercándose a un nuevo cambio de escala. Huawei calcula que los agentes autónomos de IA llegarán a generar más del 90% del tráfico mundial de tokens en 2035, una transformación que multiplicaría las necesidades de capacidad de computación, almacenamiento y redes durante la próxima década.
La previsión forma parte de Intelligent World 2035: Turning Vision into Action, el nuevo informe presentado por la tecnológica china. Huawei estima que el consumo anual de tokens podría multiplicarse por 100.000 de aquí a 2035 como consecuencia, fundamentalmente, del desarrollo de sistemas capaces de realizar tareas con un grado creciente de autonomía.
La magnitud de la estimación debe entenderse como una proyección de la propia compañía y no como una evolución asegurada del mercado. Sin embargo, permite apreciar hacia dónde está dirigiéndose una parte importante de la industria tecnológica: desde una inteligencia artificial que responde a instrucciones concretas hacia sistemas capaces de trabajar durante periodos prolongados, utilizar diferentes herramientas y ejecutar cadenas completas de acciones.
De preguntar a la IA a encargarle tareas
La diferencia resulta relevante. En los actuales modelos conversacionales, el usuario plantea una consulta y la inteligencia artificial genera una respuesta. Los agentes añaden nuevas capacidades: pueden analizar una situación, razonar sobre los pasos necesarios, tomar determinadas decisiones, utilizar herramientas externas y continuar trabajando hasta completar un objetivo.
Cada una de esas operaciones supone procesar información. Los denominados tokens son las unidades en las que los modelos dividen los datos que reciben y generan para poder procesarlos. Cuanto mayor sea el número de agentes y más complejas sean sus tareas, mayor será también la infraestructura necesaria para mantenerlos funcionando.
Huawei parte de una previsión anterior según la cual podrían existir alrededor de 900.000 millones de agentes de IA en todo el mundo en 2035. Sobre ese escenario construye ahora una hoja de ruta tecnológica que identifica diez áreas prioritarias, desde la capacidad de computación y las redes hasta el almacenamiento, los sistemas operativos para agentes, la energía o la seguridad.
La compañía considera necesario multiplicar por cien la escala de los clústeres de computación y reducir de forma drástica el coste asociado a las tareas realizadas por los agentes. La cuestión económica será especialmente importante si estos sistemas dejan de utilizarse de manera ocasional y pasan a operar permanentemente dentro de empresas, dispositivos y procesos industriales.
Huawei acelera también su infraestructura para IA
La publicación del informe coincide con nuevos anuncios de Huawei en infraestructura de inteligencia artificial. Durante Huawei Connect 2026, celebrado en Shanghái, la compañía ha presentado nuevos sistemas de computación y una arquitectura con la que plantea conectar grandes cantidades de procesadores para que puedan trabajar de forma coordinada.
Entre sus anuncios figura una infraestructura capaz de escalar hasta un millón de NPU, procesadores especializados en operaciones de inteligencia artificial. La estrategia busca compensar las limitaciones de rendimiento individual de determinados chips mediante grandes sistemas interconectados.
El movimiento se produce además en un momento de fuerte demanda interna. Huawei reconoce que actualmente no dispone de suficiente capacidad de producción para atender toda la demanda de sus equipos de computación de IA en China, circunstancia que limita también su expansión internacional.
La compañía prepara al mismo tiempo nuevas generaciones de procesadores Ascend y pretende acelerar algunos de sus lanzamientos previstos para 2027.
El desafío no será únicamente tecnológico
La generalización de agentes capaces de actuar con mayor autonomía abre también interrogantes sobre seguridad, privacidad y control. Huawei incluye precisamente estos ámbitos entre las diez prioridades tecnológicas que considera necesarias para desarrollar el nuevo ecosistema.
Un agente que se limita a buscar información presenta riesgos diferentes a otro que puede acceder a sistemas corporativos, ejecutar programas, realizar operaciones o comunicarse automáticamente con otras aplicaciones. A medida que aumenta su capacidad para actuar, crece también la necesidad de establecer permisos, sistemas de supervisión y mecanismos que permitan controlar sus decisiones.
La previsión de Huawei dibuja, en definitiva, una inteligencia artificial menos visible como aplicación independiente y mucho más integrada en el funcionamiento cotidiano de empresas, dispositivos y organizaciones.
Quedan nueve años para comprobar hasta qué punto se cumplen unas cifras extraordinariamente ambiciosas. Pero la dirección que señala el informe ya puede observarse: la siguiente etapa de la inteligencia artificial no gira únicamente alrededor de modelos capaces de responder mejor, sino de sistemas capaces de realizar cada vez más tareas por sí mismos.



















