La industria alemana del automóvil mira a la defensa ante la transformación del sector

Volkswagen y otras compañías vinculadas a la automoción alemana exploran proyectos relacionados con defensa. Europa busca aprovechar fábricas, tecnología y profesionales del automóvil para ampliar su capacidad industrial militar.

La frontera entre la industria del automóvil y la defensa comienza a difuminarse en Alemania. La necesidad europea de aumentar su capacidad de producción militar coincide con un momento de profunda transformación para los fabricantes de vehículos y sus proveedores, que afrontan menores volúmenes de producción, elevados costes y una creciente competencia procedente de China.

Este escenario está favoreciendo un acercamiento entre dos industrias que comparten capacidades en ámbitos como la ingeniería, la fabricación avanzada, la electrónica, los materiales, la producción en serie o la gestión de cadenas de suministro. Para las empresas de defensa, la automoción ofrece instalaciones, profesionales cualificados y procesos industriales ya desarrollados; para los fabricantes de vehículos y componentes, el aumento del gasto militar abre una nueva vía de diversificación.

Alemania es uno de los países europeos donde este movimiento resulta más visible. Fabricantes, proveedores y grandes compañías de defensa estudian distintas fórmulas de colaboración para aprovechar fábricas y capacidades industriales que podrían quedar infrautilizadas como consecuencia de la reestructuración del automóvil.

El caso de Volkswagen es uno de los ejemplos más significativos. Su planta de Osnabrück, en Baja Sajonia, ha estado en el centro de diferentes propuestas para incorporar actividad relacionada con la defensa. Rheinmetall planteó utilizar parte de las instalaciones para producir vehículos blindados como el Boxer o el Fuchs, mientras que la israelí Rafael Advanced Defense Systems ha mantenido conversaciones relacionadas con la posible fabricación de componentes para sistemas de defensa aérea.

La propia Volkswagen ha explorado estas posibilidades. La planta de Osnabrück ha desarrollado prototipos de vehículos y los ha presentado en la feria especializada Enforce Tac de Núremberg para analizar oportunidades en este mercado.

De fabricar automóviles a producir para defensa

El atractivo de la industria automovilística para las empresas de defensa no reside únicamente en disponer de fábricas. Los procesos de producción, el conocimiento acumulado por las plantillas y la existencia de una extensa red de proveedores permiten incrementar la capacidad industrial con mayor rapidez que mediante la construcción de nuevas instalaciones.

La planta de Osnabrück presenta además una característica especialmente adecuada para este proceso. Sus trabajadores cuentan con experiencia en series cortas y montajes complejos, un modelo productivo más próximo al de determinados vehículos y sistemas militares que a la fabricación masiva de automóviles.

La relación entre Volkswagen y la industria militar tampoco parte de cero. MAN, integrada en el grupo Traton de Volkswagen, participa junto a Rheinmetall en Rheinmetall MAN Military Vehicles, una sociedad dedicada a desarrollar y fabricar vehículos militares y logísticos.

El movimiento se extiende a otros fabricantes y proveedores alemanes. Empresas procedentes del ecosistema de la automoción están explorando oportunidades en drones, vehículos militares, motores y otros sistemas, mientras la industria de defensa busca aumentar su producción para responder al crecimiento de los pedidos europeos.

Una tendencia que se extiende por Europa

Alemania representa el caso más visible, pero el acercamiento entre ambas industrias está produciéndose también en otros países. Francia, Italia, Suecia y España cuentan con proyectos en los que capacidades desarrolladas originalmente para la automoción encuentran aplicaciones militares.

Renault, por ejemplo, trabaja con la compañía francesa Turgis et Gaillard en proyectos relacionados con drones, aprovechando capacidades industriales procedentes de sus fábricas. Italia ha avanzado también en la integración entre fabricantes de vehículos y grandes grupos de defensa, mientras Suecia cuenta con una larga tradición de conexión entre ambos sectores.

España empieza a recorrer un camino similar. Indra ha mantenido contactos con Seat para estudiar posibles fórmulas de colaboración en la fabricación de vehículos militares ligeros en Martorell. La tecnológica española también ha reforzado su actividad en vehículos terrestres y mantiene acuerdos con compañías internacionales como Rheinmetall y Hanwha.

La industria auxiliar puede desempeñar igualmente un papel relevante. Las capacidades desarrolladas durante décadas en electrónica, cámaras, sensores, software, comunicaciones, motores o componentes pueden encontrar nuevas aplicaciones en vehículos y sistemas militares.

La defensa como vía de diversificación industrial

El crecimiento de la defensa difícilmente sustituirá el peso económico y productivo del automóvil europeo. Las escalas son muy diferentes: una fábrica de automóviles puede producir cientos de miles de vehículos anuales, mientras que los programas militares suelen trabajar con series considerablemente menores y productos de mayor complejidad y duración.

Sin embargo, la defensa sí puede convertirse en una vía complementaria para aprovechar instalaciones, profesionales y conocimiento industrial que podrían quedar disponibles durante la transformación del automóvil europeo.

El proceso plantea además una cuestión de política industrial. Europa necesita incrementar su capacidad de producción en defensa al mismo tiempo que intenta conservar una industria automovilística sometida a una intensa competencia internacional. La posibilidad de conectar ambos sectores permite reutilizar parte de la infraestructura existente y reducir los tiempos necesarios para desarrollar nuevas capacidades productivas.

La evolución de fábricas como la de Volkswagen en Osnabrück será una prueba de hasta dónde puede llegar esta convergencia. Lo que comenzó como una búsqueda de alternativas para instalaciones amenazadas por la reestructuración del automóvil empieza a formar parte de un debate más amplio sobre el futuro industrial europeo.

 

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