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18 abril 2024

Las letras en Aragón: distintos acentos en una tierra de talento libre

Desde la Edad Media, el territorio aragonés ha sido origen de literatos y gentes de letras de destacada entidad, algunos de ellos inmerecidamente olvidados. Múltiples lenguas y una libertad que no siempre ha encajado en el canon hacen de la Comunidad un espacio rico para la literatura, el teatro y otras manifestaciones de la palabra escrita.

Hasta once lenguas literarias se podían detectar en Aragón en la Edad Media. Una riqueza que englobaba el latín, el aragonés y el catalán, pero también otras como el italiano, el hebreo, el mozárabe o el provenzal. Este territorio ha sido el lugar de origen de grandes obras y reputadas personas de letras, aunque también ha proporcionado al mundo interesantes figuras que, sin embargo, no han encontrado el reconocimiento que merecen. Entre otras cuestiones, por la libertad que caracteriza a la literatura y sus gentes en esta tierra. Con este artículo, Go Aragón hace un repaso, no necesariamente cronológico, desde ese Medievo de distintos acentos hasta los tiempos actuales, en los que la palabra escrita vive un auge de autores y obras distinguidas con premios como el Planeta o el Nadal.

Preguntado por si la literatura aragonesa ha sido una gran desconocida, el profesor del departamento de Filología Española de la Universidad de Zaragoza Antonio Pérez Lasheras se muestra claro: “Totalmente; sobre todo, la medieval”. En su recorrido, el experto cuenta que, a partir del siglo XV, con la llegada de Fernando de Antequera al trono del reino, “Aragón se castellaniza”. Un hecho que hizo que algunas de las lenguas más populares que se hablaban en el territorio, como el aragonés y el catalán, se refugiaran en algunas zonas concretas como el Pirineo, en el caso de la primera.

Sin embargo, en ese caldo de cultivo que era Aragón en tiempos medievales se podían detectar “hasta once lenguas” en el ámbito literario. Por supuesto, el catalán y el aragonés, pero también el italiano, en los territorios de Nápoles y Sicilia; la lengua franca que se hablaba en el Camino de Santiago, que mezclaba castellano, aragonés y catalán, o el mozárabe. De todas ellas, Pérez Lasheras destaca el provenzal como “la lengua más culta de la literatura en ese momento” y la que fue la influencia en la poesía aragonesa, por encima del castellano.

El primer cuentista

El árabe y el hebreo, igualmente, formaban parte de ese acervo lingüístico, con casos como la literatura de aljamiada. Esta denominación deriva de aljamía, es decir, el barrio donde vivían los árabes, y se refiere a los escritos realizados con caracteres árabes pero con un contenido romance. Se trataba de una suerte de criptoescritura cuyo fin era que no fuera detectada por los cristianos. Aunque comenzó abordando temas religiosos, llegó a realizar textos literarios como el Poema de Yuçuf, “la joya de la corona de la literatura aljamiada”, matiza.

Imagen de el Poema de Yuçuf. FOTO: Wikipedia
Imagen de el Poema de Yuçuf. FOTO: Wikipedia

De la riqueza hebrea y musulmana en Aragón también surgen fenómenos como “el primer cuentista de la tradición cristiana”, es decir, el judío convertido al cristianismo Pedro Alfonso de Huesca, un “sabio impresionante” que escribió los primeros cuentos de tradición árabe hacia los siglos XI y XII.

Unos siglos más adelante, ya en el XVI, es cuando se conoce más la aportación de la literatura aragonesa a la española, relata el filólogo, quien, no obstante, advierte que “siempre se ha marginado tanto lo escrito en aragonés en catalán”. Con todo, en el caso de la literatura catalana, la filología del territorio vecino se ha encargado de asimilarla, apunta, y hasta tiempos muy cercanos han surgido grandes nombres en Aragón que han utilizado esta lengua. “Tenemos a un Jesús Moncada, de Mequinenza, criado en el colegio de los Labordeta, como quizá quien escribió la mejor novela en catalán, Camí de Sirga”, recalca.

El ángel tutelar de la literatura aragonesa, un bilbilitano

Mención aparte requiere lo escrito con anterioridad al propio reino de Aragón, pues, aunque no se deben tomar como aragoneses en propiedad, nombres como los de Marcial, nacido en Augusta Bílbilis (actual Calatayud) o Prudencio, “el mejor poeta cristiano del siglo IV” y que pudo nacer en César Augusta (Zaragoza) o Calagurris (Calahorra) también influyeron en autores posteriores.

Del primero, Pérez Lasheras indica que fue “una figura que se reivindicó, sobre todo, a partir del siglo XVI” por parte de personalidades como los hermanos Argensola. “Definieron a Marcial como el ángel tutelar de la literatura aragonesa”, detalla sobre estos hermanos. “Y todos los escritores del siglo XVII, todos los poetas, incluidos los Argensola, Vicente Sánchez, López Gurrea y otros, imitan e incluso traducen a Marcial”, apostilla.

De un poco más adelante, del siglo VII, son otros dos destacados literatos que utilizaron el latín para expresarse: San Braulio, natural de Zaragoza, y su sucesor, el obispo Enrique Tajón. “Hay una riqueza impresionante”, resume.

“Los aragoneses vamos por libre”

Con estos mimbres, ¿a qué se puede deber la falta de un reconocimiento más marcado de las letras de Aragón? Sobre esta cuestión, Pérez Lasheras conjetura que “la literatura aragonesa no esté donde debería estar porque no pertenece al canon”. “Normalmente, los aragoneses vamos por libre y no nos gusta que nos marquen”, indica. Para ello, pone ejemplos como el de Idelfonso Manuel Gil, quien no quería que le incluyeran en la generación del 36, o Miguel Labordeta, “uno de los mejores poetas, con la propuesta más interesante de todo el siglo XX, no está en el canon”, asevera.

Y, hablando de Labordeta, destaca la llamada promoción del Niké, en la que se incluye su hermano, José Antonio, y otros nombres como Rosendo Tello, José Antonio Rey del Corral o Julio Antonio Gómez, grupo que también ostenta una destacada riqueza literaria.

De vuelta al pasado, en este caso, al siglo XVIII, el profesor de la Universidad de Zaragoza rememora a Ignacio de Luzán, “el primer neoclásico”. Educado en Italia, pues su padre pertenecía al bando de los austracistas y, tras la guerra de sucesión, se instalaron allí, “tenía una concepción mucho más avanzada de lo que se tenía en España”. De hecho, relata que la primera edición de su Poética, de 1737, “no la entendió nadie”.

En su repaso, Pérez Lasheras también se detiene en “personajes muy curiosos” y que se salen del canon como José Mor de Fuentes, natural de Monzón y que escribió en ocho lenguas diferentes. En la misma situación se encuentra Miguel Agustín Principie, de Caspe, con una obra “interesantísima” y que influyó sobre Benito Pérez Galdós.

Merece suma atención el caso de Baltasar Gracián, alguien “más que difícil” de calificar. Sobre este autor destaca que “es lectura obligatoria en Alemania, en la carrera de Filosofía, y, sin embargo, en España prácticamente no existe, ni siquiera en Filología”.

Retrato de Baltasar Gracián.
Retrato de Baltasar Gracián.

“Es lamentable -recalca- cuando Gracián, si lo analizamos desde el punto de vista filosófico, es un empirista antes que Descartes, que es absolutamente coetáneo y que sigue siendo racionalista”. Un filósofo y un literato que escribió obras como El Criticón, “una novela alegórica deliciosa”, y tratados de literatura como Agudeza y Arte de Ingenio.

El teatro entra desde Italia

Si uno fija la mirada en el género teatral, también encontrará en Aragón un territorio de interés. Sobre esta cuestión, el profesor universitario recuerda que durante la Edad Media no existe el teatro como tal y que “incluso se confunden los géneros literarios”, pues “no se entiende a Aristóteles cuando habla de representatividad”. Hasta el siglo XV, pues, no se puede constatar este género, que llega en esos momentos desde Italia. “En ese sentido, Aragón es importantísimo porque viene por Aragón, que tenía un contacto con Italia que no tenía Castilla”, añade.

Nombres como el de Jaime de Huete, en el siglo XVI, o los hermanos Argensola, en el XVII, son algunos ejemplos de la labor aragonesa en el teatro. Ya en el XIX, continúa, “hubo mucho teatro, sobre todo, histórico”, con exponentes como Jerónimo Borao o autores desconocidos pero muy interesantes como José María Huici. “Está Marcos Zapata, también de vida muy interesante, un bohemio que tuvo mucho éxito en Madrid, Miguel Agustín Príncipe… hay un teatro muy interesante y desconocido”, resume.

La pionera que vivió de la literatura en el siglo XIX

Antes de que escritoras como Irene Vallejo, Luz Gabás o Soledad Puértolas destacaran en el terreno literario, en Aragón ya hubo mujeres que evidenciaron su talento en las letras. Es el caso de, por ejemplo, Ana Francisca Abarca de Bolea, que también utilizó el aragonés para expresarse y que escribió “una obra magnífica, el Octavario de San Juan Bautista”.

O Pilar Sinués, que, en el siglo XIX, fue “la primera profesional que vivió de la literatura”. Sobre esta figura, relata que fue “la primera que hizo una revista femenina”, El Ángel del Hogar. “Es un personaje enorme”, afirma sobre Sinués, que se casó con José Marco y Sanchís, amigo de Bécquer. “Se enamoró de ella por un poema y sin conocerse se casaron”, relata sobre un matrimonio que duró apenas un mes. Tras ello, se instaló en Madrid y se convirtió en “la primera mujer que vivió íntegramente de la literatura”.

Grandes poetas como Ana María Navales, Celia Carrasco (navarra, pero afincada en Zaragoza) o Miriam Reyes, entre otras, muestran “un panorama muy rico” que ofrece “muchísimas y muy buenas” autoras de poesía.

También surgen nombres femeninos en este repaso en otros terrenos de la lengua como la lexicografía. El de María Moliner es un caso que destaca, pues “hizo un gran diccionario golpe a golpe, verso a verso, en la cocina de su casa”. Moliner fue represaliada por el franquismo, triste suerte que también corrió su hermano Pedro, quien era jefe de topografía en Madrid. Sin embargo, este hecho llevó a que ejerciera como profesor de ciencias en el colegio de los Labordeta. “Fue el que imbuyó o instruyó a Miguel todo el concepto cósmico que tiene, porque le gustaba mucho la astrofísica”, destaca.

“Una figura enorme”

Y, dentro de la centuria pasada de la literatura aragonesa, el experto destaca el nombre de Ramón J. Sender. “Es el mejor novelista del siglo XX que se ha dado en castellano”, asevera sobre un autor “desigual”, con cien obras escritas que abordan diferentes disciplinas, como el ensayo, la poesía o el teatro. “Hay una docena que son magníficas”, precisa sobre el creador de “quizá la mejor novela decimonónica escrita en España”, Crónica del Alba. “Me parece una figura enorme”, apostilla sobre el escritor de Chalamera del Cinca.

Retrato de Ramón J. Sender. FOTO: Wikipedia
Retrato de Ramón J. Sender. FOTO: Wikipedia

Ahora, ya en pleno siglo XXI, Pérez Lasheras observa que las letras aragonesas están viviendo “una etapa extraordinaria”. Reconocimientos como el Premio Nacional de Ensayo de 2020 recibido por Irene Vallejo, el Nadal que se llevó Manuel Vilas este año o el Planeta que ganaron Javier Sierra en 2017 y Luz Gabás en 2022 son muestra de ese auge literario.

Entre los nombres actuales, el profesor de la Universidad de Zaragoza destaca el de Ignacio Martínez de Pisón, cuya obra Castillos de Fuego es “la mejor novela que se ha escrito sobre la primera postguerra”. Pérez Lasheras también resalta autores como Félix Teira, Ramón Acín, Javier Sebastián y José María Conget, en un repaso en el que también destaca la realidad poética: “En poesía la riqueza es tremenda”, concluye.

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