El primer Censo Económico Nacional Urbano realizado en Colombia en 34 años muestra que las mujeres están al frente del 51,5% de las unidades económicas. El dato revela el enorme peso femenino en la economía del país, aunque detrás de esa mayoría persisten importantes diferencias en tamaño empresarial, ingresos, financiación y formalización.
Las mujeres han superado una frontera significativa en la economía colombiana. Por primera vez, el país dispone de una radiografía suficientemente amplia para comprobar que son ellas quienes están al frente de más de la mitad de los negocios urbanos.
Los resultados preliminares del Censo Económico Nacional Urbano del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) sitúan en el 51,5% la proporción de unidades económicas cuya propietaria es una mujer. La operación estadística ha caracterizado algo más de dos millones de unidades económicas y constituye el primer censo de estas características realizado en Colombia en 34 años.
El dato ayuda a dimensionar la importancia de las mujeres en la actividad empresarial colombiana, especialmente en pequeños negocios y en la denominada economía popular. Sin embargo, una lectura más detallada de las estadísticas muestra también una realidad menos favorable: tener más negocios no significa necesariamente controlar las empresas de mayor tamaño ni disponer de las mismas posibilidades para hacerlas crecer.
Una economía urbana con rostro de mujer
El censo supone un avance importante porque no se limita a contabilizar establecimientos. Por primera vez incorpora información sobre quién está detrás de los negocios y analiza cuestiones relacionadas con género, economía popular, economía del cuidado y características de los propietarios.
La fotografía resultante muestra una economía urbana en la que la presencia femenina tiene un peso determinante. El DANE contabiliza más de dos millones de unidades económicas, además de más de tres millones de establecimientos y cerca de 6,1 millones de personas ocupadas.
Pero existe otro dato que obliga a matizar esa fotografía. Solo el 49,2% de las unidades económicas dispone de Registro Único Tributario (RUT), según los resultados recogidos por Forbes a partir del censo. La formalización continúa siendo, por tanto, uno de los grandes desafíos de la estructura empresarial colombiana.
Muchas empresarias, pero empresas más pequeñas
Cuando se cruzan los datos del censo con otras investigaciones recientes aparece una diferencia importante entre presencia empresarial y dimensión de las compañías.
Un estudio de Confecámaras y el Fondo Mujer Libre y Productiva concluyó que las empresas lideradas por mujeres tienen, en promedio, menos empleados y menores rangos de ingresos que las dirigidas por hombres. La investigación también detectó diferencias en la probabilidad de contratar trabajadores asalariados y una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados entre las empresarias.
Los datos de Confecámaras permiten observar esa desigualdad desde otra perspectiva. Un análisis publicado en 2025 situaba en unas 717.000 las empresas dirigidas por mujeres, alrededor del 42% del tejido empresarial colombiano, pero señalaba que el 97% eran microempresas y apenas el 0,4% correspondía a compañías medianas o grandes.
No existe contradicción con el 51,5% del nuevo censo: las estadísticas miden universos y conceptos diferentes. El Censo Económico observa las unidades económicas urbanas, mientras que los datos empresariales procedentes de registros mercantiles permiten analizar el tejido formal desde otra perspectiva.
El acceso al dinero continúa siendo una barrera
Uno de los principales obstáculos aparece cuando esas empresarias quieren crecer. El acceso a financiación continúa siendo una dificultad relevante para muchas compañías dirigidas por mujeres.
Un estudio del Fondo Mujer Libre y Productiva y el Banco Interamericano de Desarrollo, basado en una encuesta a 1.123 empresas colombianas, encontró que solo el 34,2% de las empresarias había accedido a crédito bancario, mientras que más de la mitad financiaba sus negocios con recursos propios.
La diferencia es importante porque determina la capacidad de una empresa para invertir, contratar trabajadores, incorporar tecnología, aumentar inventarios o internacionalizarse. Crear un negocio es solo el primer paso; conseguir que sobreviva, aumente de tamaño y genere empleo estable requiere recursos financieros y capacidades de gestión.
Por eso, el dato del 51,5% puede interpretarse también como una pregunta para la economía colombiana: ¿cómo conseguir que ese enorme volumen de emprendimiento femenino se transforme en empresas capaces de crecer?
Del emprendimiento a la consolidación empresarial
Colombia tiene ante sí una oportunidad considerable. Si más de la mitad de las unidades económicas urbanas están encabezadas por mujeres, mejorar las condiciones en las que desarrollan su actividad puede tener efectos que van mucho más allá de la igualdad entre hombres y mujeres.
Confecámaras ha encontrado además que las empresas lideradas por mujeres desempeñan un papel especialmente relevante en la incorporación de otras mujeres al mercado laboral, ya que proporcionalmente contratan más trabajadoras que las empresas dirigidas por hombres.
El desafío consiste en avanzar desde una elevada presencia en el pequeño emprendimiento hacia una mayor participación en empresas de mayor dimensión, productividad y capacidad de generar empleo.
El nuevo Censo Económico Nacional Urbano ha puesto una cifra a una realidad que hasta ahora resultaba mucho más difícil de medir: las mujeres ya constituyen la mayoría entre quienes están al frente de los negocios urbanos colombianos. El siguiente paso será comprobar cuántos de esos negocios consiguen superar la frontera de la supervivencia, formalizarse, acceder a financiación y convertirse en compañías capaces de crecer.
Porque quizá el dato más importante dentro de unos años no sea cuántas mujeres crean o dirigen negocios en Colombia, sino cuántas consiguen transformarlos en empresas consolidadas.



















