Entre trajes medievales, calles engalanadas y representaciones teatrales, Teruel se convierte en una villa del siglo XIII gracias al alma de su gente
Cuando llega octubre, Teruel parece suspender el presente. Sus calles, plazas y edificios se convierten en un auténtico lienzo medieval, donde los vecinos encarnan una historia que late desde hace más de 800 años. Hablamos de La Partida de Diego, la recreación histórica que revive el inicio de la leyenda de los Amantes de Teruel y transforma la ciudad en una villa del siglo XIII repleta de ambiente, emoción y vida. Es, en cierto modo, la “precuela” de Las Bodas de Isabel.
El origen de la leyenda
La Partida de Diego, que este año tendrá lugar del 3 al 5 de octubre, revive los acontecimientos previos a las Bodas de Isabel, la gran fiesta medieval de Teruel. En 1212, Diego de Marcilla solicita la mano de Isabel de Segura, pero para ganarse el visto bueno de su padre debe partir a la guerra y regresar con fortuna. Este le concede cinco años para demostrar su valía. Mientras tanto, Diego se une a las tropas del Rey Pedro II de Aragón y marcha a la batalla.
Una tradición consolidada
Esta será la XV edición de La Partida de Diego, un evento nacido en 2011 como extensión de Las Bodas de Isabel, que comenzaron hace tres décadas y hoy constituyen el acontecimiento social más importante de la ciudad junto a las Fiestas del Ángel. En febrero, las Bodas convierten a Teruel en una gran villa medieval que honra y mantiene viva la Leyenda a los Amantes a través de teatro, música, danzas, mercados, pasacalles en una de las recreaciones históricas más importantes del país. Una celebración que aspira a ser declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, y que encuentra en La Partida de Diego su preludio perfecto.
Desde que el visitante cruza al centro histórico de la ciudad de Teruel siente que ha cambiado de siglo. Es como entrar en una máquina del tiempo en la Plaza de la Catedral, del Torico o del Seminario, y salir en esos mismos lugares pero a principios del siglo XIII. La música, los pendones ondeando en las calles y los murales que decoran las fachadas se combinan con el bullicio de los asistentes para crear una atmósfera única, capaz de borrar la frontera entre pasado y presente.
Los turolenses: el alma de la recreación
El verdadero motor del evento son los vecinos de Teruel, que convierten a la ciudad en un gran escenario colectivo. Unos 150 actores, junto a músicos y danzantes, en total, cerca de 200 participantes, interpretan cada año los papeles de las familias Marcilla, Segura, Azagra, y el resto de habitantes de la villa. Todos son actores no profesionales, turolenses que, tras semanas de ensayos, llenan las calles, escenario de las distintas representaciones teatrales que se realizan durante el fin de semana y que cuentan la historia de Diego e Isabel.
Pero su aportación va mucho más allá de la representación: Teruel entera se transforma gracias a ellos. Los balcones se cubren de telas medievales, y la Federación de Asociaciones “Las Bodas de Isabel de Segura” instala jaimas que funcionan como puntos de encuentro, donde grupos de amigos y familias recrean el ambiente festivo del siglo XIII. Incluso la hostelería local se suma, decorando sus locales y ofreciendo menús especiales para la ocasión.
La huella del pasado
En el siglo XIII, Teruel era una villa fortificada, con murallas que delimitaban su perímetro y garantizaban la seguridad de sus habitantes. El trazado urbano se organizaba en torno a la plaza mayor, epicentro comercial y social, rodeada de talleres, mercados y viviendas de piedra y madera. La agricultura, la ganadería y los oficios artesanales sustentaban el día a día, mientras que los nobles y caballeros dirigían los destinos políticos. El mudéjar, que ya impregnaba la ciudad, aportaba un carácter singular a su patrimonio, visible hoy en torres y templos que forman parte del paisaje urbano.
Esa esencia medieval es la que recupera la fiesta: calles adornadas con escudos de linajes nobles y humildes, tenderetes que evocan antiguos oficios, vecinos y visitantes vestidos con trajes de época. Todo contribuye a devolver a Teruel el pulso y el colorido de hace ocho siglos.
Alistamientos para ir a la batalla
La edición de La Partida de Diego de este año propone un fin de semana de inmersión total, como si de verdad se estuviera en el año 1212. El mercado medieval llenará las principales plazas y calles de tenderetes, música y danza, mientras que en la plaza del Seminario se llevará a cabo el alistamiento popular, donde cualquiera puede inscribirse de forma simbólica para unirse al rey y sus tropas, reviviendo el momento en que Diego parte hacia la guerra.
El público acompaña a los protagonistas en los momentos más intensos de su historia de amor. Primero, Diego pide la mano de Isabel, pero el padre de ella solo le otorga cinco años para regresar con riqueza y ser digno de casarse con su hija. En la conmovedora despedida, los amantes se encuentran por última vez antes de que Diego marche junto al rey y sus tropas. Y entonces Isabel permanece en Teruel, aguardando el regreso de su amado. Pero no lo hace con anhelo y tristeza, sino con la esperanza y la fuerza de saber que volverá.
Una ciudad volcada
Lo más fascinante de La Partida de Diego es su capacidad de implicar a toda la ciudad. No es solo un espectáculo al que se asiste: es una experiencia en la que vecinos y visitantes se funden en una misma comunidad. Las familias participan vistiendo a los más pequeños, y jóvenes y mayores se implican en escenas teatrales y danzas.
Las Bodas de Isabel y La Partida de Diego también tienen un importante impacto turístico y económico. Durante esos días, sobre todo en Las Bodas de Isabel, la ciudad multiplica su población con visitantes llegados de Aragón, de toda España e incluso del extranjero. Los hoteles y alojamientos se llenan, los bares y restaurantes trabajan a pleno rendimiento, y el comercio local encuentra en la fiesta un escaparate inmejorable.
La Partida de Diego es mucho más que una recreación histórica: es una experiencia sensorial. El visitante pasea entre mercados medievales, degusta productos tradicionales, escucha melodías antiguas, se deja llevar por las danzas y contempla cómo los oficios artesanos cobran vida.
Teruel, ciudad de los Amantes
Con cada edición, La Partida de Diego y Las Bodas de Isabel confirman que la historia no solo se conserva en los libros o en los monumentos, sino también en la memoria colectiva de un pueblo que sabe cómo darle vida. Teruel no representa la Edad Media: la revive, la transforma y la comparte con quienes se acercan a descubrirla.
De este modo, la ciudad se convierte en un escenario donde pasado y presente caminan de la mano, y donde la leyenda de los Amantes sigue latiendo ocho siglos después. Una cita imprescindible que invita a viajar en el tiempo, dejarse llevar por la emoción y entender por qué Teruel es, más que nunca, tierra de historia y de amor.














