Perú refuerza el puerto de Salaverry para ampliar su capacidad logística y mover nuevas mercancías

Salaverry Terminal Internacional, vinculada al Grupo Tramarsa, plantea nuevas inversiones y cambios operativos en este puerto del norte de Perú. El proyecto permitirá trabajar con una mayor variedad de minerales, productos industriales y alimentos, además de habilitar nuevas áreas para contenedores, camiones y otras cargas.

Perú continúa moviendo inversiones alrededor de sus infraestructuras portuarias. Mientras el gigantesco puerto de Chancay ha concentrado buena parte de la atención internacional durante los últimos años, otros terminales del país buscan también ampliar sus capacidades y posicionarse ante el crecimiento del comercio exterior.

Uno de ellos es el Puerto de Salaverry, situado en la región de La Libertad, en el norte del país. Salaverry Terminal Internacional (STI), concesionaria perteneciente al Grupo Tramarsa, ha presentado ante el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace) un proyecto que contempla nueve modificacionesdestinadas a mejorar la capacidad operativa, logística y de almacenamiento del terminal.

La inversión asociada a los cuatro componentes que requieren nuevas obras asciende a unos 2,87 millones de dólares, impuestos incluidos. Los otros cinco cambios aprovecharán instalaciones y espacios ya existentes, por lo que no necesitan presupuesto de construcción. El periodo previsto para ejecutar las obras es de ocho meses.

De los minerales a los alimentos

El objetivo no consiste únicamente en construir nueva infraestructura. Una parte importante de la estrategia pasa por conseguir que Salaverry pueda trabajar con una gama más amplia de mercancías.

Actualmente, una de sus zonas de almacenamiento está destinada a productos como baritina, bauxita, mineral de hierro, manganeso y puzolanas. La propuesta permitirá incorporar también antracita y otros graneles sólidos en función de la demanda, sin aumentar el volumen máximo de almacenamiento previamente autorizado.

Algo parecido ocurrirá con los concentrados minerales. El almacén existente dispone de una capacidad de 30.000 toneladas y actualmente recibe concentrados de cobre, plata y zinc. STI plantea añadir oro, plomo y otros minerales a las operaciones del terminal.

Pero la diversificación va más allá de la minería. El proyecto abre la puerta al embarque, desembarque y manipulación de productos industriales como carbón, coque, cal, caliza o roca fosfórica, junto con mercancías como cebada, arroz, avena, cacao, café y malta.

Esta variedad resulta especialmente significativa porque convierte la infraestructura portuaria en una herramienta potencial para diferentes actividades económicas de su área de influencia, desde la minería y la industria hasta la agricultura.

Más espacio para contenedores y camiones

Otro de los cambios relevantes será la reorganización de diferentes espacios del puerto. El proyecto contempla habilitar tres nuevas áreas operativas aprovechando zonas del propio terminal.

La mayor, denominada Zona A, supera los 113.000 metros cuadrados y podrá utilizarse para contenedores, carga fraccionada, vehículos, cargas de proyectos y otros productos diferentes de los graneles.

La Zona J, con aproximadamente 16.100 metros cuadrados, funcionará como espacio de espera para camiones. La intención es regular su entrada a las zonas de almacenamiento y reducir la congestión interna. Una tercera área, la Zona R, aportará otros 26.000 metros cuadrados para atender diferentes tipos de mercancías.

El plan incluye además mejoras relacionadas con el funcionamiento cotidiano de las instalaciones, como nuevos sistemas para el lavado de neumáticos de los vehículos pesados y depósitos para abastecer de combustible a los equipos empleados en las operaciones portuarias.

Salaverry busca ganar versatilidad

Las actuaciones se suman a otras inversiones planteadas durante los últimos años. En 2024, STI presentó una propuesta de 4,5 millones de dólares destinada a mejorar las operaciones de dragado, esenciales para mantener la profundidad necesaria para la entrada segura de los buques.

El nuevo proyecto apunta ahora hacia otro objetivo: sacar mayor partido a las instalaciones existentes y aumentar la flexibilidad del puerto para responder a diferentes tipos de clientes y mercancías.

Ese movimiento adquiere especial relevancia en un momento en el que Perú está reconfigurando su mapa portuario y logístico. Las grandes infraestructuras marítimas han pasado a ocupar un lugar estratégico en la competencia por atraer rutas comerciales, inversión industrial y nuevas cadenas de suministro en la costa del Pacífico.

Salaverry juega en una escala muy diferente a los grandes proyectos que están transformando el sistema portuario peruano, pero su estrategia responde a la misma lógica: un puerto ya no compite únicamente por disponer de muelles, sino por ofrecer capacidad, conectividad, rapidez y flexibilidad para atender mercancías cada vez más diversas.

En el norte de Perú, Salaverry quiere ocupar una parte de ese nuevo mapa logístico.

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