Defensa destina 4.600 millones a sistemas autónomos y pide a la industria acelerar su desarrollo

Defensa cifra en 4.600 millones de euros la inversión en programas de sistemas autónomos y reclama a la industria reducir los tiempos entre el desarrollo tecnológico y la disponibilidad efectiva de nuevas capacidades para las Fuerzas Armadas.

La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, reclama reducir los tiempos entre el diseño de nuevas tecnologías y su disponibilidad para las Fuerzas Armadas, además de producir a mayor escala y buscar soluciones frente a drones que mantengan un equilibrio entre coste y eficacia

El Ministerio de Defensa destina 4.600 millones de euros a programas relacionados con sistemas autónomos en un momento en el que los drones han adquirido un peso creciente en las operaciones militares. La inversión va acompañada de una exigencia a la industria: reducir los tiempos necesarios para convertir nuevos desarrollos tecnológicos en capacidades disponibles para las Fuerzas Armadas.

La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, trasladó estas prioridades durante la inauguración de UNVEX 2026, el encuentro especializado en sistemas no tripulados que se celebra en San Javier (Murcia). Su intervención puso el foco no solo en desarrollar nuevas tecnologías, sino en acelerar su validación, producción e incorporación al ámbito operativo.

“El reto es la ejecución. Hay que acortar la distancia entre el diseño, el concepto y la capacidad disponible”, señaló Valcarce durante su intervención, en la que también incluyó dentro de ese proceso las fases de validación y experimentación.

La secretaria de Estado defendió para ello una mayor colaboración entre grandes compañías, pequeñas y medianas empresas y startups. El objetivo planteado por Defensa es reducir los ciclos de innovación y conseguir que los desarrollos puedan evolucionar rápidamente, integrarse con otros sistemas y fabricarse en las cantidades necesarias.

Del prototipo a una capacidad disponible

La rapidez se ha convertido en una cuestión especialmente relevante en el ámbito de los drones. La experiencia de los conflictos recientes ha acelerado la evolución de los sistemas no tripulados y también de las tecnologías destinadas a detectarlos y neutralizarlos.

Para Defensa, el desarrollo de un prototipo o una demostración tecnológica no constituye por sí solo una capacidad militar. Los nuevos sistemas deben alcanzar un grado suficiente de madurez, superar los procesos de validación correspondientes y estar disponibles cuando las Fuerzas Armadas los necesiten.

A ello se añade el sostenimiento. Valcarce reclamó que las empresas tengan en cuenta desde las primeras etapas la evolución de los equipos durante toda su vida operativa, de manera que puedan actualizarse conforme cambien las tecnologías y las necesidades de las Fuerzas Armadas.

El planteamiento coincide con las demandas expresadas en UNVEX por el jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio, general del aire Francisco Braco. Durante su intervención, Braco pidió a la industria acortar los plazos de producción y entrega y mantener un equilibrio entre el coste de los sistemas y su eficacia.

4.600 millones para sistemas autónomos

Valcarce cifró en 4.600 millones de euros la inversión destinada a programas de sistemas autónomos, que Defensa considera ya una de sus áreas prioritarias.

Entre los programas mencionados durante su intervención figuran Predator, SIRTAP, SANTAM —vinculado al Tarsis— y la participación española en Eurodrone. A ellos se añaden diferentes capacidades contra sistemas aéreos no tripulados destinadas a proteger unidades e infraestructuras.

El crecimiento de estas tecnologías tiene una doble vertiente. Por un lado, las Fuerzas Armadas buscan incorporar drones para misiones de vigilancia, reconocimiento y otras operaciones. Por otro, la proliferación de estas aeronaves obliga a desarrollar sistemas capaces de detectarlas, identificarlas y neutralizarlas.

Defensa considera que los drones han dejado de ocupar un espacio limitado dentro de las capacidades militares para convertirse en un elemento habitual de los conflictos actuales. Esta evolución también plantea nuevos desafíos en guerra electrónica y en escenarios donde las comunicaciones o los sistemas de navegación por satélite pueden sufrir interferencias.

El coste de derribar un dron

El factor económico ocupa asimismo un lugar relevante en el desarrollo de los nuevos sistemas. La utilización de drones relativamente baratos obliga a valorar cuánto cuesta neutralizarlos y si las soluciones defensivas pueden producirse y utilizarse a una escala suficiente.

Valcarce reclamó en este sentido sistemas contra drones que sean escalables y coste-eficaces. La cuestión es especialmente relevante cuando una amenaza de bajo coste obliga a emplear un interceptor o una munición considerablemente más cara.

La necesidad de equilibrar prestaciones y precio está impulsando nuevos desarrollos dentro de la industria. En UNVEX se están presentando diferentes interceptores, sistemas de guerra electrónica, sensores y soluciones de mando y control destinados a responder a una amenaza que puede adoptar configuraciones muy distintas.

La defensa frente a drones tampoco se plantea ya únicamente mediante equipos aislados. Representantes de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han defendido durante UNVEX la integración de sensores, inteligencia artificial, sistemas de mando y diferentes medios de neutralización dentro de arquitecturas comunes.

El mensaje trasladado por Defensa a la industria combina así inversión y exigencia. Los recursos destinados a sistemas autónomos están aumentando, pero el Ministerio reclama que esa inversión se traduzca con mayor rapidez en equipos disponibles, capaces de fabricarse a escala, evolucionar tecnológicamente y mantenerse durante su vida operativa.

 

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