La nueva estrategia de innovación del Ministerio busca aprovechar tecnologías desarrolladas en el ámbito civil y reforzar la colaboración con empresas, centros de investigación y universidades. Las comunicaciones avanzadas, los sistemas autónomos y las tecnologías cuánticas figuran entre sus prioridades.
El Ministerio de Defensa quiere ampliar la participación de la industria tecnológica española en el desarrollo de nuevas capacidades militares. La inteligencia artificial, la ciberseguridad, los sistemas no tripulados y las comunicaciones avanzadas figuran entre los ámbitos prioritarios de su Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2026, una hoja de ruta que pretende aprovechar los avances de la investigación civil y fortalecer la autonomía tecnológica nacional y europea.
Las principales líneas de la estrategia fueron presentadas el pasado 8 de octubre durante una reunión de la Comisión de Tecnologías Duales para la Defensa de AMETIC, la asociación que representa a la industria digital española. En el encuentro participó el vicealmirante Fernando José Suárez Fonseca, subdirector general de Planificación, Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa, quien expuso las prioridades tecnológicas que orientarán las actuaciones de investigación, desarrollo e innovación del departamento.
La estrategia responde a una transformación de las necesidades militares en la que adquieren creciente importancia tecnologías que también se utilizan en sectores civiles. Los sistemas de inteligencia artificial, la computación avanzada, las redes de comunicaciones seguras o la robótica pueden encontrar aplicaciones en ámbitos tan diferentes como la industria, la logística, la sanidad y la defensa.
De la investigación civil a las capacidades militares
Uno de los objetivos de la estrategia es facilitar la transferencia de conocimiento entre el sistema científico y tecnológico y la industria de defensa. El Ministerio pretende aprovechar desarrollos existentes en el mercado civil cuando puedan adaptarse a necesidades operativas militares, evitando duplicidades en la investigación y favoreciendo la colaboración entre distintos tipos de organizaciones.
Entre las áreas identificadas se encuentran la inteligencia artificial, la ciberdefensa, la nube táctica de combate, la guerra electrónica, los sistemas autónomos y no tripulados y las capacidades espaciales. La estrategia también contempla tecnologías emergentes con posibilidades de aplicación a más largo plazo, como la computación cuántica, la energía dirigida y los sistemas hipersónicos.
Esta orientación abre un campo de colaboración para empresas que no han trabajado tradicionalmente en programas militares. Compañías dedicadas al desarrollo de software, la electrónica, los sensores, la automatización industrial o las comunicaciones pueden disponer de conocimientos aplicables a proyectos de defensa, aunque su incorporación dependerá de los requisitos técnicos, industriales y de seguridad de cada programa.
El interés del Ministerio por ampliar su relación con el tejido tecnológico también se ha reflejado en iniciativas territoriales. A comienzos de octubre, la Dirección General de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa (DIGEID) intensificó sus contactos con el ecosistema empresarial de Cataluña, en colaboración con ACCIÓ, para identificar capacidades en inteligencia artificial, ciberseguridad, drones, semiconductores y tecnologías cuánticas.
La iniciativa catalana constituye un ejemplo de cómo Defensa está buscando capacidades tecnológicas fuera de los proveedores militares tradicionales. No supone, por sí misma, la apertura de una convocatoria de contratación ni acredita que se hayan adjudicado nuevos programas a las empresas participantes.
Oportunidades para el tejido tecnológico aragonés
La estrategia puede resultar especialmente relevante para Aragón, donde existe actividad empresarial e investigadora relacionada con la electrónica, las comunicaciones, la ingeniería, la robótica y los sistemas digitales. Parte de estas capacidades tiene aplicaciones tanto civiles como militares, una característica que encaja con el concepto de tecnología de doble uso que promueve el Ministerio.
El desarrollo del Hub de Defensa de Aragón y la participación de empresas de la comunidad en encuentros sectoriales reflejan el interés por conectar las capacidades industriales regionales con las necesidades de las Fuerzas Armadas. La nueva orientación tecnológica del Ministerio proporciona un marco para identificar posibles ámbitos de colaboración, aunque no implica la existencia de contratos o financiación específicamente reservados a compañías aragonesas.
El acceso a estos proyectos dependerá de factores como la madurez de las tecnologías, la capacidad industrial, la cooperación con otros proveedores y el cumplimiento de los requisitos de los programas. Para las pequeñas y medianas empresas, la colaboración con centros tecnológicos, universidades y compañías de mayor tamaño puede constituir una vía de participación.
La transferencia entre investigación civil y aplicaciones militares también está presente en las políticas públicas de financiación. Una orden publicada en el Boletín Oficial del Estado en julio de 2026 estableció las bases para apoyar infraestructuras de investigación, ensayo y experimentación en tecnologías de uso dual. Entre los ámbitos contemplados figuran los semiconductores, la fotónica, la inteligencia artificial, las comunicaciones seguras, la ciberseguridad, las tecnologías cuánticas y los sistemas autónomos.
Estas ayudas tienen un alcance específico: sus beneficiarios elegibles en la primera convocatoria son entidades públicas de investigación y determinados centros públicos de I+D, no cualquier empresa privada. Su finalidad es reforzar las infraestructuras científicas y tecnológicas que pueden facilitar posteriormente el desarrollo de aplicaciones industriales.
La Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2026 sitúa así la colaboración entre industria, investigación y Fuerzas Armadas entre los elementos centrales de la política tecnológica del Ministerio. Para el tejido empresarial, el siguiente paso será conocer cómo se concretan estas prioridades en programas, mecanismos de cooperación y oportunidades de participación.

















