Polonia se acerca a España y supera a Japón en la previsión de PIB por habitante ajustado a precios

Polonia se aproxima a España y supera a Japón en las previsiones de PIB por habitante ajustado por poder adquisitivo. Las reformas, la integración europea y la productividad explican su transformación desde 1990.

Las estimaciones para 2026 sitúan a la economía polaca a solo 55 dólares internacionales de la española. La comparación refleja tres décadas de convergencia, aunque no equivale a igualar salarios o bienestar.

Polonia está cerca de alcanzar a España en una de las medidas utilizadas para comparar el nivel económico de los países. Las proyecciones para 2026 atribuidas al Fondo Monetario Internacional sitúan su PIB por habitante, ajustado por paridad de poder adquisitivo, en 60.051 dólares internacionales, frente a los 60.106 de España y los 59.712 de Japón. La distancia con la economía española sería de apenas el 0,1%.

La comparación resume una transformación iniciada con la salida de la economía planificada a comienzos de los años noventa. También requiere una precisión: las cifras de 2026 son previsiones, y el indicador corrige las diferencias de precios entre países. No significa que los polacos cobren más que los japoneses ni que dispongan prácticamente de los mismos ingresos que los españoles.

La paridad de poder adquisitivo permite comparar el volumen de bienes y servicios producido por habitante teniendo en cuenta cuánto cuestan en cada economía. Se expresa en dólares internacionales, una unidad estadística con un poder de compra equivalente al del dólar en Estados Unidos. Es distinta del PIB convertido a dólares mediante los tipos de cambio de mercado y tampoco mide directamente el dinero que llega a los hogares.

De la reconversión a la integración europea

El recorrido polaco comenzó con una ruptura económica difícil. El programa de reformas aplicado en enero de 1990, conocido como Plan Balcerowicz, impulsó la liberalización de precios, la apertura comercial y la transición hacia una economía de mercado. La estabilización estuvo acompañada inicialmente por una fuerte caída de la actividad, del empleo y de los salarios reales.

El Banco Mundial atribuye el desarrollo posterior a una combinación de reformas e instituciones: protección de los derechos de propiedad, competencia, estabilidad macroeconómica y conexión con los mercados internacionales. La creación de empresas privadas y la transformación del marco regulatorio fueron construyendo una economía diferente de la heredada del sistema comunista.

La entrada en la Unión Europea en 2004 reforzó ese proceso. El acceso al mercado único, la inversión extranjera y los fondos europeos facilitaron la modernización productiva y de las infraestructuras. Un estudio del FMI publicado en 2026 señala que la renta por habitante polaca pasó del 34% de la media de un grupo de catorce economías de la UE a mediados de los noventa al 78% en 2025.

La educación y la capacidad para incorporar tecnología también han contribuido al avance. Según la OCDE, una población formada y un entorno favorable a la actividad empresarial ayudaron a atraer inversión y nuevos negocios. La convergencia se apoyó así en producir más y mejorar los procesos, además de ampliar los intercambios con el exterior.

Qué explica la comparación con Japón y España

El acercamiento refleja trayectorias económicas diferentes. Polonia ha tenido margen para elevar su productividad mediante inversión, transferencia tecnológica y modernización. Japón, una economía desarrollada desde mucho antes, afronta dificultades para acelerar su crecimiento y una población envejecida que limita la oferta de trabajadores.

La OCDE calcula que el crecimiento anual de la productividad por hora trabajada en Japón se redujo del 1,2% entre 2000 y 2008 al 0,3% entre 2019 y 2024. Esa debilidad ayuda a contextualizar la comparación, aunque el PIB por habitante no permite por sí solo juzgar la capacidad tecnológica, la calidad de los servicios públicos o la situación patrimonial de ambos países.

Respecto a España, una diferencia prevista de 55 dólares internacionales resulta demasiado pequeña para presentarla como una distancia económica consolidada. Las revisiones de producción, población y precios pueden modificar el orden. Lo significativo es la proximidad alcanzada por Polonia después de décadas de crecimiento desde un punto de partida mucho más bajo.

Mantener ese avance exigirá cambios. El FMI advierte de que la transferencia de tecnología pierde fuerza como motor conforme una economía se acerca a las más productivas. Polonia necesita reforzar la innovación propia, mientras afronta envejecimiento, escasez de trabajadores y presión sobre las cuentas públicas.

Para las empresas, ese diagnóstico implica que la competencia polaca dependerá cada vez más de la tecnología, la formación y la calidad de la gestión. El país conserva necesidades de inversión y modernización, pero su evolución también obliga a revisar una visión basada exclusivamente en los costes laborales. La siguiente etapa de convergencia se jugará en la capacidad de sus compañías para desarrollar productos, procesos y servicios de mayor valor.

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