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8 marzo 2026

“Bucear es entrar en otro planeta: bajo el agua se olvidan los problemas, el estrés y el ruido del mundo”

Nació más cerca de las montañas oscenses que del mar pero en lugar de subir picos se apasionó por las profundidades del mar. Instructor de buceo en múltiples modalidades, especializado en fotografía subacuática y residente en Tenerife desde hace más de dos décadas, José Joaquín Hoyas ha convertido su pasión por el mar en una forma de vida.

Defiende el buceo como experiencia transformadora, disciplina técnica y herramienta para comprender —y proteger— el medio marino. Tras exponer en varios certámenes, sus próximos retos pasan por exponer sus fotografías en su tierra y bucear en Australia, México o los fiordos noruegos bajo hielo.

Contagiar su pasión por el mar y el buceo y respetar el frágil mundo marino son dos de sus máximas como instructor, al tiempo que apunta: “hay gente que está hecha para bucear y gente que no: no todos podemos hacer todo”.

Con más de 2.000 inmersiones a sus espaldas y viajes a destinos tan dispares como Sudáfrica, Indonesia o las Maldivas, hoy habla de tiburones tigre con la misma naturalidad con que otros hablan del tiempo. 

¿Cómo fue tu descubrimiento del buceo y por qué decidiste dedicarte profesionalmente a ello?

Llegué a Tenerife porque siempre me había atraído vivir aquí. En aquel momento hacía surf, pero no siempre hay olas, así que pensé en el buceo, algo que ya tenía en mente desde que viví en Menorca. Allí una profesora de inglés, que era instructora, me introdujo bastante en este mundo. Empecé para compaginarlo con el surf , pero el mar no siempre da olas, así que empecé a compaginar ambas disciplinas. Poco a poco fui avanzando hasta hacerme instructor y después fotógrafo submarino... y aquí estoy, con un montón de especialidades encima y sin intención de parar.

Tu relación con el mar empieza relativamente tarde, viniendo además de Huesca.

Sí, yo soy de montaña y el mar no me interesaba especialmente. Pero cuando me fui a Menorca con 20 años empecé a echarlo de menos cuando ya no lo tenía. Después viví en Madrid y esa sensación aumentó. Cuando llegué a Tenerife, casi todos los deportes que practiqué ya estaban relacionados con el mar. Llevo aquí unos 22 o 23 años y más de dos décadas vinculado al buceo.

“Debajo del agua podemos acercarnos a animales salvajes sin que huyan. Es como entrar en otro planeta”

¿Qué certificaciones tienes actualmente?

Soy instructor nacional de dos estrellas de la Federación Española de Actividades Subacuáticas. Y tengo especialidades de todo tipo: instructor de buceo bajo hielo —que acabo de hacer—, buceo adaptado, buceo para niños, buceo en pecios (barcos, aviones…), salvamento y rescate, reanimación cardiopulmonar, administración de oxígeno, manejo de compresores, mezclas de gases… Vamos, casi todo lo que existe.

¿Qué es lo que realmente atrapa del buceo?

Me gusta mucho la naturaleza y los animales, desde siempre. Debajo del agua es donde, probablemente, más cerca podemos estar de animales salvajes sin que huyan. Es como entrar en otro planeta totalmente distinto a la Tierra: la sensación de desplazarte en el agua ya de por sí es increíble. Te concentras solo en respirar y en lo que estás viendo.  Aunque lo han vendido como ‘el mundo del silencio’, en realidad se escucha bastante —la propia respiración, los sonidos del fondo—, pero te concentras tanto en ese entorno que el resto desaparece: se olvidan los problemas, el estrés, el ruido del mundo. Mucha gente lo utiliza casi como terapia contra el estrés; es una sensación muy relajante. Mucha gente me llama y me dice: ‘Estoy hasta arriba del trabajo, necesito meterme a bucear.

Como instructor, ¿qué intentas transmitir primero a tus alumnos?

El buceo tiene una parte muy técnica: requiere curso previo, seguro especial, saber manejar el equipo, conseguir flotabilidad neutra para no tocar nada… Pero es relativamente fácil aprenderlo. Una vez superada la parte técnica, intento transmitirles la pasión por el mar y el respeto. El 70% del planeta es agua —aunque se llame Tierra—, y no podemos vivir de espaldas a esta realidad. Intento enseñarles a no tocar nada, no molestar a los animales, no remover el fondo ni alterar el entorno. El medio marino es muy frágil y cualquier acción humana influye muchísimo. 

Tengo fotos expuestas en diversos salones de buceo y ahora en  el Ciclo Internacional de Cine Submarino de Donostia-San Sebastián. La fotografía submarina es complicada: los animales no posan, necesitas una flotabilidad perfecta, manejar flashes, evitar partículas en suspensión … pero merece cada segundo.

El buceo tiene fama de actividad arriesgada. ¿Lo es realmente?

Es un deporte muy peligroso si se hace mal, pero siguiendo las normas es de los más seguros que existen. La mayoría de accidentes se producen por imprudencias, normalmente en buceadores experimentados que se confían. Los principiantes suelen actuar con mucho respeto.

¿Detectas el estrés o el miedo en quienes empiezan?

Sí, se nota enseguida en la respiración y en la mirada. Lo que hacemos es calmarlos, respirar despacio junto a ellos, manteniendo contacto visual. Normalmente funciona. Si no funciona, toca subir a la superficie y se asciende con tranquilidad. La seguridad siempre va primero.

“El buceo es muy peligroso si se hace mal, pero muy seguro si se respetan las normas. La mayoría de los accidentes son por imprudencias de buceadores avanzados”

¿Dónde sueles bucear y qué lugares te han marcado más?

Buceo sobre todo en Tenerife, unas tres o cuatro veces por semana. Tenemos mucha suerte porque hay entradas al mar desde tierra por todas partes, sin necesidad de zodiac. Ayer mismo estuve buceando por la tarde. Llamé a un amigo al mediodía y a las cuatro ya estábamos en el agua. Intento hacer viajes para bucear, como el Mar Rojo –espectacular por el colorido tropical-, Sudáfrica, Azores, México, Indonesia o Maldivas. Sudáfrica me impresionó mucho por las corrientes y los tiburones y, en Maldivas, pude bucear con tiburones tigre de cuatro o cinco metros. Esto es lo que me más me ha gustado. Indonesia, en cambio, es fascinante para fotografía macro, con animales diminutos que a simple vista ni los ves. Pura maravilla.

¿Has vivido situaciones críticas bajo el agua?

Con unas 2.000 inmersiones es difícil no tener incidentes, pero nada grave. Alguna botella mal cerrada o corrientes fuertes que complican la salida. Soy bastante prudente y creo que por eso no he tenido accidentes importantes.

También eres fotógrafo submarino. ¿Cómo surge esa faceta?

La primera vez que fui a Sudáfrica me llevé una cámara para tierra, porque siempre me había gustado la fotografía. Al año siguiente, cuando volví para bucear, me compré mi primera cámara submarina y ya no paré. He ido mejorando el equipo, haciendo cursos, aprendiendo con otros fotógrafos. Tengo fotos expuestas en algunos salones de buceo y actualmente tres imágenes en el certamen CIMASUB del Real Club, recorriendo Euskadi. La fotografía submarina es más complicada que en tierra: los animales no posan, necesitas una flotabilidad perfecta, manejar flashes, evitar partículas en suspensión y trabajar con animales que no se quedan quietos… pero merece cada segundo.

“Cada año que pasa los fondos marinos están un poco peor. Los buceadores lo notamos, y por eso también somos los primeros en limpiarlos”

Practicaste recientemente buceo bajo hielo en Aragón. ¿Cómo fue la experiencia?

Es una especialidad de mi tierra, Aragón, así que era casi obligatorio hacerla. Tras las fuertes nevadas se han dado las condiciones adecuadas, así que he podido titularme como instructor también de esta especialidad que es bastante arriesgada, ya que pueden fallar más cosas: el regulador puede congelarse, puede fallar el hinchador del chaleco por las bajas temperaturas, quedarte con las manos congeladas o enfriarte rápidamente, etc. Una experiencia muy interesante y con un ambiente espectacular.

Tras tantos años bajo el agua, ¿has notado cambios en el medio marino?

Sí, claramente. Lo vamos notando casi día a día. Hay zonas donde antes había mucha vida y ahora apenas queda nada. Otras parecen recuperarse, y luego vuelven a empeorar. En mi opinión personal, después de todos los años que llevo buceando, cada año está un poquito peor. Los buceadores tenemos una gran responsabilidad y por eso los buceadores participamos mucho en limpiezas de fondos marinos, recogiendo plomo, baterías y todo tipo de basura.

¿Animarías a todo el mundo a bucear? ¿A quién le recomendarías NO bucear?

Lo recomiendo en general porque es un mundo maravilloso, pero no a todo el mundo. Si alguien tiene miedo y va a sufrir, mejor no hacerlo. Esto tiene que producir placer. En esta época se ha puesto de moda que el que teme algo tiene que enfrentarse a sus miedos, pero no tiene por qué ser siempre lo correcto. No se puede ir a sufrir. No todos estamos hechos para bucear, y está bien que así sea. Eso sí, siempre recomiendo probar el bautismo de buceo y decidir después, A los que veo que lo van a pasar muy mal, no los aliento. No todos estamos hechos para todo.

He buceado con tiburones tigre de cuatro o cinco metros. De lo que más me ha gustado. Es un riesgo, pero controlado”

¿Qué te sigue sorprendiendo después de tantas inmersiones?

Siempre aparece algo nuevo: un animal que no habías visto, un comportamiento distinto o una interacción inesperada. Cada inmersión puede ser diferente.

¿Qué retos o sueños te quedan por cumplir?

Me gustaría exponer mis fotografías en Huesca, y en Aragón. En ello estamos. Tengo material suficiente para una o dos muestras y sería especial hacerlo en mi tierra. Sigo presentándome a concursos donde suelo quedarme entre los finalistas. En cuanto a viajes, espero poder bucear en la Gran Barrera de Coral en Australia, en Galápagos, bucear entre tiburones blancos en México y practicar el buceo bajo hielo en los fiordos noruegos. El mundo es muy grande; aún me queda muchísimo por descubrir. 

¿Qué le dirías a alguien que nunca ha buceado?

Cuando conoces lo que hay debajo del agua, entiendes que convivimos con un mundo extraordinario que casi siempre ignoramos. El mundo submarino es más bello y más frágil de lo que imaginamos. Si quieres descubrirlo, busca un buen instructor y disfruta.

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