El Santo Grial lleva siglos alimentando algunas de las grandes historias de la literatura, desde los relatos medievales hasta las novelas contemporáneas. Pero ¿qué ocurre cuando alguien decide abandonar los libros y salir a buscarlo caminando? Cristina Monzón y Alejandro Martínez Notte emprendieron esa aventura siguiendo el Camino del Santo Grial, una ruta que conecta Somport, en el Pirineo aragonés, con Valencia, donde se conserva el cáliz que la tradición cristiana identifica con el utilizado por Jesús en la Última Cena.
Lo que comenzó como una peregrinación improvisada terminó convirtiéndose en una experiencia de transformación personal y en un proyecto de divulgación que los llevó a participar en la serie Misterios de la fe, de Netflix, y a impulsar La senda del Grial, una producción documental para Aragón TV y À Punt.
Con motivo de su participación en el Encuentro Internacional de Ocultura, dirigido por Javier Sierra, conversamos con ellos sobre los hallazgos inesperados del camino, la extraordinaria vinculación de Aragón con la tradición del Grial y el potencial de una ruta que, a su juicio, todavía tiene mucho por descubrir.
El Grial lleva siglos alimentando aventuras y búsquedas imposibles. En vuestro caso, decidisteis salir a buscarlo caminando. ¿Qué esperabais encontrar cuando emprendisteis este viaje?
Cristina Monzón: Yo tengo una trayectoria como peregrina del Camino de Santiago, he estudiado Turismo y no tenía ni idea de que en Valencia había una reliquia con tantas pruebas que podían validar que estábamos ante la auténtica copa de Cristo. Sabía que había una tradición, pero pensaba que era un cuento de abuelitas que había pasado de generación en generación, que se decía, se contaba… que en la catedral de Valencia se encontraba el Santo Cáliz. Pero en 2022 me invitaron a una merienda que siempre formará parte de mi vida. En esa merienda también estaba invitada la doctora Ana Mafé, quien puso sobre la mesa las evidencias por las que ella defiende que esta reliquia reúne elementos arqueológicos y de la historia del arte que pueden avalar su autenticidad. Además, me explicó que la Santa Sede había reconocido a Valencia como ciudad jubilar por toda esta tradición y por la custodia del Santo Cáliz. Al terminar aquel encuentro me contó que existía un camino de «protoperegrinación» que unía los Pirineos con la ciudad de Valencia, pero que estaba empezando y todavía era poco conocido. Y aquí entra mi amigo Álex, que tiene un canal de YouTube de viajes. Sin pensarlo más, le dije: «Álex, ¿nos cogemos la mochila y nos vamos a hacer un trozo del camino?».
Esto fue tal cual, en modo locura, y lo hicimos de una manera muy naíf, porque ni estudiamos ni nos preparamos, pensando que sería como el Camino de Santiago, con todo señalizado. Nos fuimos con nuestras mochilas a cuestas y lo que no sabíamos es que, desde Somport, ese primer paso iba a cambiar nuestras vidas, no solo desde el punto de vista personal, sino también profesional.
Nos han pasado cosas mágicas. Sé que puede sonar exagerado, pero no encuentro otra palabra.
Habéis recorrido más de 600 kilómetros siguiendo una ruta todavía poco conocida. ¿Qué os encontrasteis durante esa aventura?
Cristina: Nos han pasado cosas mágicas. Sé que puede sonar exagerado, pero no encuentro otra palabra. El Camino de Santiago también permite una renovación personal, una conexión con la naturaleza y con uno mismo, pero este camino, al estar tan poco transitado, te permite ir a un paso lento de peregrino, conocer a los lugareños y descubrir las pistas que va dejando, casi como una yincana, del posible paso del Grial por esos lugares.
Recuerdo que para mí era importante comenzar con una bendición del peregrino. Nos encontrábamos grabando en Santa Cruz de la Serós, en una iglesia que creíamos desacralizada, y apareció un sacerdote. Nosotros estábamos repitiendo planos y lo mareamos muchísimo, pidiéndole que se colocara a un lado o al otro. Finalmente me preguntó: «Tú no sabes quién soy, ¿verdad?». Resultó que era el obispo de Jaca, que había acudido a hacer una sustitución, y terminó dándonos la bendición del peregrino. Para mí fue una señal maravillosa.
Alejandro: Yo siempre digo que este camino te hace sentir como Indiana Jones. Como está tan poco transitado, tienes que mantener todos los sentidos despiertos para poder seguirlo. Y cada cosa que encuentras parece que eres la primera persona que llega a descubrirla. En nuestra primera etapa nos perdimos y acabamos encontrando un monolito que señalaba el paso del Santo Grial. Estaba prácticamente cubierto de hierbas, en medio de ninguna parte. Fue una sensación increíble. Nos ha ocurrido muchas veces y creo que a cualquiera que haga el recorrido con los ojos abiertos le pueden suceder cosas parecidas. Es un camino donde todavía te preguntan qué estás haciendo o hacia dónde vas. No existe aún una red de albergues tan consolidada como en el Camino de Santiago y eso también hace que la experiencia sea muy diferente.
Me gusta esa definición de «peregrinos curiosos», porque una cosa es conocer la historia y otra atravesarla caminando. ¿Qué habéis descubierto sobre el terreno que difícilmente habríais aprendido en los libros?
Cristina: Creo que es estupendo documentarse previamente, bien a través de la novela histórica o de textos más académicos, porque la magia del camino consiste en que eso que has leído en los papeles, de repente, te lo encuentras. Por ejemplo, cuando llegas a Jaca y contemplas determinadas representaciones medievales relacionadas con la tradición de san Lorenzo, se te ponen los pelos de punta. La tradición cristiana cuenta que, durante la persecución de los cristianos en Roma en el año 258, san Lorenzo consiguió poner a salvo el cáliz enviándolo a Hispania. Y después encuentras representaciones de esa historia en el patrimonio aragonés. En la iglesia de Ena, donde descubrimos una Virgen con un cuenco, también encontramos una representación de san Lorenzo con la parrilla, el instrumento de su martirio. ¿Es una casualidad? Puede ser. Pero resulta fascinante descubrir cómo confluyen todas esas historias en un mismo lugar.
Y hay algo más que me ha impresionado profundamente: los paisajes de Aragón. Yo no conocía bien Huesca y me he enamorado de ella. El Pirineo y el Prepirineo te hacen sentir la grandeza de la naturaleza, de la vida, del universo o de Dios, como cada uno quiera llamarlo. También nos ha conmovido la generosidad de sus habitantes. En algunas ocasiones, cuando no encontrábamos albergue, hemos dormido en casas particulares de personas que nos abrieron sus puertas.
Alejandro: Es increíble encontrarte en un mismo lugar con tantas cosas de las que has estado leyendo. Además, cuando recorres el camino, las historias dejan de ser algo abstracto. Estás físicamente en esos espacios, puedes recorrerlos, observarlos y comprender mejor lo que significaban.
este camino te hace sentir como Indiana Jones
Precisamente, uno de vuestros hallazgos más sorprendentes se produjo en Ena, una pequeña localidad oscense, cuando descubristeis una talla románica que os llamó especialmente la atención.
Cristina: Fue una de las experiencias más fuertes que vivimos. Habíamos leído El fuego invisible, de Javier Sierra, y nos había interesado especialmente la iconografía de algunas vírgenes románicas que aparecen representadas con un cuenco en la mano. Un día paramos en un pueblecito de unas veinte casas, Ena, a los pies de San Juan de la Peña. Ni siquiera estaba previsto detenernos allí, pero Alejandro se había quedado sin cigarrillos y necesitaba descansar un rato, así que me acerqué a la iglesia, que estaba cerrada, y descubrí un cartel con una descripción de lo que había en su interior. Hablaba de una talla románica de una Virgen sedente con el Niño en el regazo y un objeto en la mano. Cuando vi la imagen llamé a Alejandro inmediatamente. ¡Era un cuenco! No parecía una manzana ni un orbe, que son elementos mucho más habituales en estas representaciones. Empezamos a llamar a las puertas del pueblo hasta que encontramos a una muchacha que tenía la llave de la iglesia. Conseguimos entrar, fotografiamos la imagen y enviamos las fotografías a la doctora Mafé, porque nosotros no somos más que peregrinos curiosos. Ella se entusiasmó con el hallazgo y consideró que podía ser una representación relacionada con esa iconografía de las vírgenes que portan un cuenco.
Fue muy emocionante descubrir que el camino podía esconder esas pistas. Nos sentimos un poco Indiana Jones y aquello nos dio todavía más fuerzas para seguir andando. Pero hubo otra cosa en ese pueblo que me tocó incluso más el corazón. La muchacha que nos abrió la iglesia nos contó que era de allí, aunque vivía en Zaragoza. Nos dijo que, si aquel camino llegaba a convertirse en una ruta de peregrinación conocida, dejaría su trabajo y volvería a su pueblo para emprender un negocio. Se le iluminaban los ojos mientras hablaba y pensé que estábamos recorriendo una parte de esa España vaciada que tiene paisajes extraordinarios, pueblos maravillosos y personas que querrían regresar si existieran oportunidades económicas. Aquello me hizo comprender que el camino podía tener una trascendencia que iba mucho más allá de la historia del Grial.
El Camino de Santiago tiene una tradición y una identidad reconocidas mundialmente, mientras que el Camino del Santo Grial todavía está en construcción. ¿Qué hace diferente a esta peregrinación? ¿Es necesario creer para encontrarle sentido?
Alejandro: He hecho un par de veces el Camino de Santiago y es una experiencia increíble, sobre todo desde el punto de vista social. Compartes comidas, albergues y conversaciones con muchos peregrinos. Este es un camino completamente diferente. Hay muchos tramos en los que caminas solo y otros en los que ni siquiera encuentras pueblos. Tienes mucho tiempo para pensar y para vivir una experiencia individual de conocimiento y descubrimiento. En cuanto a la fe, yo actualmente no soy un gran creyente y, sin embargo, este camino me ha llenado completamente. Pensemos en todas las personas que, a lo largo de los siglos, han dedicado parte de su vida a conservar una pieza como esta. Más allá de la fe, me parece que esas personas merecen un enorme respeto. Recorrer los lugares vinculados con su historia, escuchar las leyendas y conocer cómo se ha preservado a lo largo del tiempo es fascinante. Hay escenarios que parecen sacados de una película de aventuras.
Cristina: También hay que tener en cuenta que el recorrido ha evolucionado mucho desde que nosotros empezamos. Al principio, algunos albergues ni siquiera sabían que existía esta ruta. Ahora está mejor señalizada, se han revisado los tracks y los peregrinos cuentan con más información.
En Ocultura participas en un coloquio que plantea el Camino del Santo Grial como una peregrinación para el siglo XXI. ¿Qué significa para ti esa expresión?
Cristina: Para mí es una peregrinación atemporal, pero también muy propia del siglo XXI. Hoy podemos recorrerla con una aplicación, con los tracks incorporados al teléfono y tenemos muchas más posibilidades de conocer y difundir esta historia. Pero, sobre todo, creo que tiene un significado que necesitamos recuperar en estos tiempos tan convulsos. El Camino de Santiago se ha relacionado tradicionalmente con la expiación y el perdón de los pecados, mientras que el Camino del Santo Grial tiene para mí otro motivo fundamental, y es la energía del amor universal.
El mensaje de la Última Cena apela al amor al prójimo, a la concordia y al reconocimiento del otro. Creo que es un motivo extraordinario para emprender una peregrinación hoy, en un mundo en el que estamos tan desconectados de nosotros mismos y de los demás.
Aragón ocupa un lugar fundamental en la tradición del Santo Grial, especialmente a través de San Juan de la Peña. Sin embargo, esta vinculación parece menos conocida de lo que cabría esperar.
Cristina: Absolutamente. A mí siempre me ha gustado la historia y no tenía ni idea de que existía este relato tan apasionante. El Grial me ha llevado a conocer a Ramiro I, a Sancho Ramírez, a Alfonso el Batallador, a Ramiro II y, en definitiva, a descubrir una parte fundamental de la historia de Aragón y de Valencia. Yo, además, tengo el corazón dividido, porque mi padre era aragonés y mi madre valenciana. De repente, he descubierto la importancia que tuvo la Corona de Aragón, el papel de Huesca y Zaragoza o el esplendor de Valencia en el siglo XV, cuando se convierte en una especie de Manhattan del Mediterráneo. Creo que uno no puede estar orgulloso de algo que no conoce. Yo empecé como peregrina y he terminado siendo una gran admiradora de nuestra historia compartida.
La historia del Santo Grial combina documentos históricos, tradiciones religiosas y relatos transmitidos durante siglos. ¿Qué sabemos realmente del recorrido del cáliz y cuánto pertenece todavía al terreno de la tradición?
Cristina: La historia del Santo Cáliz aparece documentada desde 1399, cuando Martín el Humano solicita a los monjes de San Juan de la Peña que le entreguen la reliquia. A partir de ese momento podemos seguir documentalmente el recorrido de la pieza. Antes de esa fecha hablamos de tradición oral, que es algo que también forma parte de la historia de otras grandes peregrinaciones.
Lo que comenzó como una aventura entre amigos terminó convirtiéndose en un proyecto audiovisual con proyección internacional. ¿Cómo llegasteis a participar en una producción de Netflix?
Cristina: En una de las primeras etapas, mientras subíamos hacia San Juan de la Peña, recuerdo que estaba agotada y pedí una señal para saber si debíamos continuar con aquella aventura. Era un trabajo enorme y no sabíamos hasta dónde podía llevarnos. Unos meses después recibimos una llamada de una productora de televisión de Londres. Nos explicaron que estaban preparando un proyecto, pero no podían decirnos para quién. Mantuvieron el secreto durante todo el proceso.
Alejandro: Fue muy curioso. Tuvimos varias entrevistas y finalmente nos propusieron encontrarnos en el camino. Yo pensé que querían que los asesoráramos sobre las localizaciones y los lugares más interesantes para grabar. Pero cuando llegaron con aquel equipo de televisión tan grande comprendí que era una producción importante. Lo más sorprendente fue que no querían solamente asesoramiento, sino que nosotros formáramos parte del programa.
Cristina: Estuvieron tres días grabando con nosotros, durmiendo en los albergues y siguiéndonos como peregrinos. Fue casi una especie de Gran Hermano. Seis meses después nos llamaron para contarnos que apareceríamos en Misterios de la fe, una serie de Netflix sobre distintas reliquias y la relación que las personas establecen con ellas. Nuestra intervención terminó reducida a unos minutos, pero el Camino del Santo Grial llegó a espectadores de muchos países. Empezamos a recibir mensajes de personas interesadas en hacerlo. Recuerdo, por ejemplo, a un peregrino canadiense que había visto la serie y decidió cambiar el Camino de Santiago por el del Grial. Lo asesoramos y después lo recibimos en Valencia.
Todo aquello me hizo pensar que esta historia merecía contarse con mayor profundidad. En 2024 entré en contacto con una productora valenciana y otra aragonesa, establecimos una alianza y conseguimos sacar adelante La senda del Grial para Aragón TV y À Punt. Son cinco episodios de unos cincuenta minutos en los que recorremos el camino desde Somport hasta Valencia. El documental combina los testimonios de los habitantes, los elementos históricos documentados, las tradiciones y las experiencias de los presentadores durante la peregrinación. Espero que permita que muchos aragoneses descubran esta historia y se animen a recorrerla.
El Camino de Santiago ha demostrado que una peregrinación puede convertirse también en un importante motor económico. ¿Qué potencial turístico le veis al Camino del Santo Grial, especialmente en Aragón?
Alejandro: Hemos conocido a jóvenes que tuvieron que marcharse de sus pueblos y que nos decían que volverían si el camino generase oportunidades para vivir del turismo. Creo que ese es uno de sus grandes potenciales. Si se hacen bien las cosas, podrían abrirse nuevos alojamientos y servicios para los peregrinos. Pero, además, es un camino que no exige necesariamente hacerlo completo ni tener que llegar corriendo a Valencia. Cada lugar tiene su propia historia y merece la pena detenerse en él. Puedes hacer algunas etapas caminando, visitar varios puntos durante un fin de semana o incluso recorrerlo en coche si no tienes posibilidades físicas de peregrinar a pie.
Nosotros lo hicimos por etapas durante más de un año porque teníamos que compatibilizarlo con nuestro trabajo. Preparábamos los recorridos, caminábamos durante una semana, grabábamos y después dedicábamos tiempo a editar y publicar los vídeos. Creo que esa flexibilidad es una ventaja. Se pueden organizar pequeñas rutas y visitas que permitan que distintos pueblos vuelvan a tener actividad, no solamente turística, sino también económica y social.
Cristina: Yo creo que tenemos un diamante en bruto. Me gustaría hacer un llamamiento a Aragón y a la Comunidad Valenciana para que colaboren las instituciones, los empresarios, los caminantes y los peregrinos. Tenemos la oportunidad de impulsar una ruta extraordinaria que conecte ambas comunidades y que pueda llegar a convertirse en un referente internacional.
eso es precisamente lo que hemos descubierto: que no es el destino, sino la búsqueda, lo que te hace mejor persona.
Durante siglos, la literatura ha presentado el Santo Grial como algo extraordinariamente difícil de alcanzar. Después de todos estos kilómetros, ¿qué habéis encontrado cada uno de vosotros en esta búsqueda?
Alejandro: Yo soy argentino y, de pequeño, todas esas historias de la literatura europea, los libros y las películas me parecían increíblemente fantásticas, casi imposibles de alcanzar. Haber podido vivir aventuras que antes solamente existían en mi imaginación ha sido extraordinario. Creo que viajar te abre la mente, pero este camino tiene algo especial porque te permite experimentar físicamente aquello que has aprendido. He tenido, además, la fortuna de contar con una guía estupenda, que ha sido Cristina. Era como llevar un libro abierto a mi lado. Nos deteníamos en cada lugar y ella me contaba historias y leyendas que hacían que todo lo que estaba viendo adquiriera otra dimensión.
Cristina: Yo he aprendido que lo importante no es el destino, sino el camino. Ten en cuenta que parto de Valencia, donde tengo la copa delante, en la catedral, y puedo verla todos los días. Sin embargo, me he dado cuenta de que lo que te cambia es la búsqueda. En la literatura, muchas veces los héroes no encuentran el Grial, pero se transforman y se convierten en mejores personas mientras lo buscan. Creo que a nosotros nos ha sucedido algo parecido. Hemos pasado frío, nos hemos perdido en la cordillera Ibérica y tuvo que rescatarnos una cazadora, hemos vivido momentos de tensión, hemos tenido que aprender a querernos con nuestras virtudes y nuestros defectos y también a mantener la ilusión cuando aparecían las dificultades. El camino te conecta con los ritmos de la naturaleza, te permite desconectar del ruido mental y de las redes sociales y vivir mucho más el presente.
Como decía Machado, «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar». Y yo creo que eso es precisamente lo que hemos descubierto: que no es el destino, sino la búsqueda, lo que te hace mejor persona.














